Llovés. Llovés tanto
río abajo y río arriba.
Vas tan aletargado día
de otoño
Das pereza y despertás
vagancias ajenas y propias.
Pero inspirás.
Pero inspirás.
Mi vecino colectivero
me mira porque parece que lo miro.
No te miro, no me
interesa. Miro lo que es mas grande y único. Miro porque afuera hay creación y
llueve.
Y me acuerdo. Si
tuviera que vivir tan solo dos días tendría que crecer, llorar, tener coraje,
amar y odiar en tan solo dos días.
Y pensar que tantas
grandilocuencias son en vano sin eso: coraje, dolor, amor.
Y pensar que vivimos
acumulando sensaciones tan pasajeras y dejamos pasar un abrazo bien puesto, un
llanto desconsolado como la gente y una promesa de amor eterno.
Se me acaba el paseo, y
entre un sueño de ojos abiertos me bajo al mundo real que vive en la pura
irrealidad.
Llovés jueves.
Invitás, jueves de
otoño.
A pedir perdón, a
sonreír sin disimular y sin un solo motivo, porque tal vez no lo haya.
A mojarte un poco.
A caminar en medias sin
prejuicios.
A hacer al menos una
cosa con amor, a dormir la siesta, a cualquier hora, a llamar a un abuelo, o a
rezarlo. A escribir una carta y no un mail.
A no enumerar tareas
sino a amar misiones.
A no enumerar por
favor.
Hoy invita el jueves.
Y una invitación no se
le niega a nadie.