Fuego de hogar, nido, refugio.
Emergen luces sonámbulas en la noche un poco gótica.
Musicaliza un tren de fondo.
Un viaje.
Muchos viajes.
La velocidad con la que se pueblan los espacios, no llegan a dejar su alma, pero sí siembran su perfume. Destellos de los habitantes de la ciudad sin tregua.
Ah.
Pero el nido.
En el minúsculo cubículo ínfimo.
En ese 2x2 diminuto, sumergido en la montaña de cemento, viviendo en una suerte de panal ruidoso. Allí teje su romance.
Allí llora, se habita, se desarma, se reencuentra, recuerda y sueña.
Allí sembró todas las ilusiones que pudo y dieron frutos suaves y perennes.
Hizo de su departamento un hogar.
Pero esa naturaleza nómada.
Musicaliza un tren de fondo.
Un viaje.
Muchos viajes.
Reaprender, volver a andar, sembrar en otros corazones. Irse.
O quedarse para siempre en el corazón de los que ama.
O llevarlos en el suyo, de aventura.