miércoles, 13 de julio de 2022

la ignorancia

Podremos tal vez alguna vez.
Ser invisibles 
Claro. 
La gélida Antártida que recubre a la ignorancia tiene el poder de desaparecer.
A las personas. 
A sus ideas.
Sentires, saberes, decires.
No
Existen
Simplemente 
Hielo
La invisibilidad de lo visualmente visible y emocionalmente ignorado 
O seremos como Saulo esperando la sanación. 
Que las costras de nuestros ojos vean al otro.
Ese otro
El invisible
La ignorancia soberbia.
Egolatría personal 
Podremos tal vez alguna vez tener el poder de destruirnos
Si, claro. Basta con no ver.
Nada
Más 
Que tu propia nariz.

domingo, 3 de julio de 2022

corazón roto

A cuentagotas o no, el tiempo se desplaza rápidamente, se escurre sigiloso. O no. A veces el sigilo se transforma en una declaración de su paso que rodea visiblemente tus ojeras. 
La cuestión es que, cumplir años viene cargado de esta cosa entre celebración, protocolo y deber ser. 
Y a veces, viene con rituales.
Esas recetas de una vida mágica. De una infancia a veces carente de cosas pero superpoblada de vida. 
Y tal como las personas que se mueven en el mundo, los rituales, no siendo cosas, viajan. 
Transhumantes van detrás de los que nos negamos a una vida sin destellos de lo simbólico. Detrás de los que vemos en el cielo celeste y el sol un regalo. Y ridículamente damos gracias. 
Entonces hicimos de la distancia, del tiempo, de las despedidas; un ritual. Que consiste sencillamente en el momento en el que se te rompe el corazón por vez número sabe Dios. Se parte estrepitosamente en la pasarella de un aeropuerto o en el anden de una estación. Cae inerte. Pedacito infantil. Sucumbiendo ante la gravedad. La gravedad de que la distancia, el tiempo y las despedidas son tu desdicha. ¿O dicha? 
Y desaprendes, el relato cliché de los corazones. Por qué, ¿para que lo quiero entero si mi cariño le pertenece a los que se han llevado mi devoción, a los que son hogar, a los que llevo, cual ritual, a cada rincón?
El corazón ajeno que te recibe descalzo, probablemente sucio y atribulado. Sanador. De brazos abiertos. De lo más genuino que brota del hombre. 
No hay convenciones para los corazones rotos, ni le caben celebraciones protocolares. 
Ahora yo, afortunada como si lo mereciera, sentí mi corazón muy roto. 
Y escribí rituales nuevos, y no hubo soledad sola, hubo alboroto, risa, y lo inmedible de hogares nuevos. De estos que te reciben y te sanan.
Lleve mi junio de lasagna en familia, de abrazo cálido, de amistad.
Vino multiplicado. Cálido, superpoblado de sol.
Quizá no percibimos con tanta claridad, que a diario nos rompemos para fugarnos a habitar los corazones de los que amamos, no somos lo suficientemente agradecidos con quienes nos dieron todo sin que se lo pidamos. Ni podemos ver, que los rituales viajan con uno, como los pedacitos de un corazón roto que aprendió a amar y se dejó ser amado.