Peso mental.
Desborde pronto, se vislumbra el despilfarro exabrupto de lo que se acumula sin hacer.
La vida laboral puesta en pausa
Para la poesía.
Porque sus ojitos color del clima exigían la poesía de cada día.
Y allá fue el binomio.
Exploración. Se le escapaban algunos ruidos de emoción, iban patitas colgantes y abrazo.
Iban besos en la frente.
Iba la narración del paseo, de la rutina que se volvió aventura única, irrepetible.
Todo se repetía, pero no.
Todo se hacia de nuevo, y se hacia nuevo.
Y tu mirada picaresca se adueñaba del relato cuando había niños en el paseo.
Y caía el sopor de la siesta.
El cielo se sonrojaba.
Recogían juntos las flores que siempre llevaban. En silencio sigilo despedían las siestas y daban lugar a la noche.
Depositaban la ofrenda floral en la virgen del patio, y en eterna poesía se iba haciendo la noche.
Que belleza la exigencia de esta rutina irrepetible de paseos por la tarde.
Que poesía ser binomio.