Arrebatada, sufriente e inaudita has
nacido.
Sin tiempo, y absorbiendo el mismo
espacio todo te contoneas con sensualidad, desparramando tu fogosa existencia.
Te veo flotante ruborizada, te ha
dado vergüenza femenina la mirada del escritor que te posee.
Te necesita. Te desea y muchas veces
te adora.
Musa de sus desvelos y compañera de
sus eternas noches en vigilia; noches de pobladas de una estruendosa
inspiración.
Silenciosa te ves, susurrándole con
vaga calidez piropos encantadores a la luna, la noche y a tu dios febo. Tan
lejano en la oscuridad que te pertenece.
Sos dueña del leve firmamento que se
eleva frente a los ojos del autor.
El viento despliega tus alas.
Desordena sus cosas, acaricia sus desordenados cabellos, lo sumerge en un sueño
inesperado.
Astuta te encojes, más tenue, más
dulce, más silenciosa, mas cómplice, más anaranjada y amante.
Llamas al aire, lo sugestionas,
persuasiva hasta el hastío.
El aficionado escritor duerme.
Cronos se detuvo a contemplar la
belleza de su romance. Pero sospecha…se queda vigilando la escena porque te
sabe traviesa. Y ambiciosa. Sabe que lo amas con demencia y que tu pasión te ha
hecho nacer y crecer.
El despiadado Cronos te conoce. Te
desafía a morir. Te sabe mortal y fugaz, y cándida. Cronos sabe de tu dolorosa
existencia. Te incita, porque la oscuridad lo aburre.
Te recuerda que tragaste por locura
milenarias memorias alguna vez en roma. Te recuerda que algún diestro arquero
se llevó el amor de su doncella usando tus cabellos dorados en sus saetas.
Vida y muerte.
Decidís vivir. Desplegás tus alas y
lo envolvés todo. Tu voluptuosa esencia se desparrama escandalosa devorando con
hambre amante lo que en tu camino encontrás. Sos vida propia.
Descontrolada y torpe comprendés que
debes abrigar al autor. Al pobre desgraciado que supiste darle vigilia en
noches de insomnio. Casi con gracia resolvés devolverle el amor con un
apasionado beso de pura ilusión. Acaricias las manos que a tantas historias han
dado vida.
¡pero te sentís vida misma!
Cronos te mira engullir. Sin límites.
Te moves desparramando tu actitud de destrucción, de inquietante desinterés.
Ignorás el valor de las cosas, sos la
némesis de la memoria. La reina del olvido. Cada vida atesorada en colores te
engrandece.
Sos magnífica.
Espléndida.
Incontrolable.
Escandalosa
Doliente.
Fuiste vigilia. Sos llameante fuego.
Fuiste una llama sútil, necesaria
para escribir en noches sin luz.
Y al rato, por soberbia, sos
incendio. Y fuiste tragedia.