Aleteando entre el smog y los vertiginosos treinta y pico de termica, iba esquivando volantasos angurrientos de velocidad y de una autopista imaginaria. ¿¿No se dan cuenta que es solo una avenida?? pienso yo...los domina el impulso de someter el tiempo y el espacio. Maldito mal de la capital.
Me poso contenta agotada y exhausta. Y observo con detenimiento. Se asoma platinada ennegrecida. Desopilante silueta de unos mas de sesenta. Destapa su exuberante...mas bien abundante silueta que está muy poco envuelta en una bikini a lo susana animal print.
Nos parecemos, digo, tras esas gafas pseudo Dior sus ojos también buscan la tranquilidad y vida del sol que solo el balneario de Parque las Heras puede brindar.
Me acomodo entre los pastos pestilenetes. Es que cada tanto se eleva un bao violento con perfume a perro. O a eces de perro. No distingo si es bulldog francés o un pichicho de calle y vereda, lo mismo da, las nauseas son pasajeras casi tanto como algun olor a pasto posible dr percibir. Es que el parque es una extraña ilusión. Todo verde, por alla arriba el cielo, arboles ergidos y bien plantados van dejando sombras para siesta. Pero el marco de las Heras diluye la ilusión. El fast food de los arcos dorados remata a golpes de realidad que no se trata del respiro de verde y celeste. Es un oasis maloliente en medio de la voluptuosa Buenos Aires.
A la rubia se le suman otras varias de su especie. Le brillan las joyas entre el reflejo del sol y el vaporizador de plástico que usan para refrescarse. Me voy aburriendo de historias dr sus ex y de viajes de lujos. Caigo lentamente en un sopor impensado de pleno diciembre.
Y no se cómo amanezco encerrada en una mochila. Trato de zafarme entre los cierres pero se me traban las alas. Siento el frio plastico del aire acondicionado...por un momento tuve miedo, o casi pánico hasta que un remolino de movimiento me dejo moribunda en el fondo.
Pasando horas, las horas reales para una misera mosca son años. Muchoa miles han pasado y veo el sol imponerse. Y veo agua. Y verdes. Tantos miles impensados lindos llenos de vida. Me impresiono y casi desmayo, solo olor de pasto y de humedad. Solo olor de hojas y de raices profundas. Solo cielo celeste y alguna nube desenfadada que desafio lo inmenso.
Sabe a lejos de la capital, a descanso.
Sabe al principio de vacaciones.
También sabe al final.