viernes, 25 de noviembre de 2022

bitácora 4 llorando fuerte

Llorar
Mareas saladas y brumosas
Por lo incierto
El desapego de mi. 
El apego hacia esa otra yo.
Llorar
Un desborde que se me desparrama 
Por tus ojos pedacitos de cielo
Llorar
Por la soledad oscura
Lo incomprensible
El silencio
Llorar
Pequeñas lagrimitas saltarinas
Que juegan con el juego de tus manos
Caricias de hijo
Llorar
Con los ojos al cielo añorando un consejo
Una compañía
Ese mate mamá 
Llorar
De amargo trago
Por el desliz de aquel silencio que pudo ser
Y atrevido no fue
Llorar 
La lágrima desconfiada que se entierra
En la laguna de tu desconfianza
Llorar 
De la tibieza de los brazos que nos reciben 
Cuando el día fue un carnaval a la espera de tu retorno

¿Cuantas veces llorar en el día?
Todos los llantos salados que se aglotonan entre el lagrimal y la maternidad.

miércoles, 2 de noviembre de 2022

bitácora 3 confianza

Pensaba en vos baja. Me autodecia mientras miraba de reojo el solaso que se expande goloso en el patio de mi casa.
Hablaba de lados a. Hablaba de lados b.
Me autoconvencia de magias y poemas.
Pensaba en esta dicha.
Y en el abismo que siento a veces.
La oscuridad.
La verdadera desconfiguración.
No siendo suficiente con lo físico. La casa tomada ahora se habita desde otras perspectivas. Cuna. Abrigo. Consuelo. Alimento.
Toda la supervivencia sigue siendo casa tomada.
No siendo suficiente.
No hay persona.
Hay llantos cotidianos.
Angustia.
Dolor. Soledad y un poco de locura.
Hay victorias personales. El reconocimiento de un sentido común profundamente visceral. Es por acá
Las plegarias nocturnas. Matinales....sin horario.
Y el mounstruo titanico más siniestro: la desconfianza. 
Se derrumba esa fortaleza, la sonrisa, la esperanza, los ojitos titilantes te buscan pero no estás ahí. Desconfiaste. 
Y se levantó el muro de Berlín entre tu donación y el inquilino de la casa tomada.
Perdiste el arrullo, la suavidad. Se te escurrieron de las manos los mimos. Y se te llenaron los ojos de lágrimas en huelga.
Pensaba en el lado a, en el lado b.
Pensaba que no hay ni derecho ni revés. 
Solo hay un equipo queriendo y dando lo impensable.
Hay una tribuna, decorado de opiniones no pedidas.
Hay un banco de suplentes desbordado de generosidad. Red única, doulas cotidianas que uno no merece, pero que se plantan a la espera de su llamado.
Y hay magia, hay arte, hay una musiquita risueña que hace un mes pulula por el hogar. 
Hay una suavidad indescriptible. Una paz, plegaria también.
Hay un romance nuevo, confirmado, vuelto a elegir.
Y hay unas pupilas titilantes que se derriten cuando se encuentran con los ojos de sus padres. Confiando.
En su paternidad.