Hablaba de lados a. Hablaba de lados b.
Me autoconvencia de magias y poemas.
Pensaba en esta dicha.
Y en el abismo que siento a veces.
La oscuridad.
La verdadera desconfiguración.
No siendo suficiente con lo físico. La casa tomada ahora se habita desde otras perspectivas. Cuna. Abrigo. Consuelo. Alimento.
Toda la supervivencia sigue siendo casa tomada.
No siendo suficiente.
No hay persona.
Hay llantos cotidianos.
Angustia.
Dolor. Soledad y un poco de locura.
Hay victorias personales. El reconocimiento de un sentido común profundamente visceral. Es por acá.
Las plegarias nocturnas. Matinales....sin horario.
Y el mounstruo titanico más siniestro: la desconfianza.
Se derrumba esa fortaleza, la sonrisa, la esperanza, los ojitos titilantes te buscan pero no estás ahí. Desconfiaste.
Y se levantó el muro de Berlín entre tu donación y el inquilino de la casa tomada.
Perdiste el arrullo, la suavidad. Se te escurrieron de las manos los mimos. Y se te llenaron los ojos de lágrimas en huelga.
Pensaba en el lado a, en el lado b.
Pensaba que no hay ni derecho ni revés.
Solo hay un equipo queriendo y dando lo impensable.
Hay una tribuna, decorado de opiniones no pedidas.
Hay un banco de suplentes desbordado de generosidad. Red única, doulas cotidianas que uno no merece, pero que se plantan a la espera de su llamado.
Y hay magia, hay arte, hay una musiquita risueña que hace un mes pulula por el hogar.
Hay una suavidad indescriptible. Una paz, plegaria también.
Hay un romance nuevo, confirmado, vuelto a elegir.
Y hay unas pupilas titilantes que se derriten cuando se encuentran con los ojos de sus padres. Confiando.
En su paternidad.
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