¿Quién no
echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita
sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no
presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede
desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
Ningún
hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre
es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se
lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un
promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona
es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a
toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas;
doblan por ti.
Muere lentamente tu
esperanza.
Muere marchitándose,
padeciendo un crudo invierno.
Envejeces.
Te agrietas. Sabor a
azufre y olor a funeral.
Segundos atrás
fuiste gloria. Y honor.
Te traigo recuerdo,
de noviembre, de amor y de verdad. Te recuerdo, como joven ilusión. Hago
silencio. Y las bombas dejan de caer, y la muerte deja de jugar entre nosotros,
y la paz libre salpica su olor sobre nosotros.
Te traigo recuerdo
de patria. De espíritu lleno de ilusiones. De vanaglorias. De memoriales eternos
que imaginé escribirían de mis hazañas.
Gran
paradoja. Verticalidad de héroe y horizontalidad de santo.
Sos
guerra. Sos vida, sos muerte, sos libertad.
Elevas
al hombre a su condición de héroe. Escribís su nombre en glorioso epitafio,
para ser recordado por jóvenes generaciones venideras. Por millares de
patriotas que juran lealtad al mismo suelo que defendiste.
Disminuís.
Sos
la razón de un suicidio de invierno, o el motivo por el cual tu vida recobra
sentido.
Sos
el valor, el honor, el sacrificio, la resignificación de la camaradería, la
renuncia. Sos el nuevo sentido de los olores, de los amaneceres, de los rostros
a quien dejaste en ceremoniosa despedida para cumplir tu deber. Sos el peso de
la palabra deber. Sos el sentido más pleno de la palabra servicio.
Sos
el rechazo, la deshonra, el desprecio y la espalda de un silencio magnifico.
Sos los ausentes en el retorno a casa que quisiste que estuvieran. Y fueron
ausencia. Sos el dolor que no podés expesar por falta de coraje. Sos el
compañero muerto en la trinchera por tu error. O por el error ajeno. Sos el
testimonio vivo de la omisión.
O
de la misión.
Sos
toda grandeza y toda miseria.
Ante
mis ojos enrojecidos por el humo de la pólvora veo santos varones, veo héroes y
veo también humanidad miserable arañando el suelo con las bajezas de su
naturaleza.
Veo
a mis camaradas dejar de serlo y abandonar su puesto.
Veo
la soledad y veo a quien creía desconocido compartir su ración con este soldado
que lo creyó poco leal.
Sos
guerra. Sos justicia y soberanía. Dolor y grandeza.
Paradoja
a veces incomprensible del misterio de la humanidad.
Hoy
te pido patria mia, que a mi regreso, sea en cuerpo o en recuerdo; no eleves un
epitafio por el éxito, sino te pido que me conserves en la memoria de quienes
te soñaron grande y justa.
…todo
muere, polvo eres, y en polvo te convertirás…
Más
vale vivir siendo bien hombre; que queriendo ser el héroe de una historia de
vencedores y vencidos.
Miseria
humana eleva tus ojos hacia lo grande y vence las paradojas de la vida para volverte
eco en la eternidad.
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