Despiertas hombre.La madre de tus hijos duerme.Duerme placida sumergida en un sueño elegante y casi imperceptible. Despiertas y hace tanto calor. Calor desierto. Hay sabor sulfurado en el aire. Esta ciudad tumultuosa ha perdido el silencio ya. El bullicio es moneda corriente. ¿No sería mejor cambiar de aire? Sumergido en la idea, la pequeña te tironea. ¡Ha dicho arriba! Y es incorregible. Arriba será. ¿Porqué tanta inquietud jovencita?Otro espectáculo vienen a darnos los hombres del imperio. Otro dolor. Otra justicia. Enjugo mi rostro agrietado por la edad y esta Palestina cruda que escribe sobre la piel las letras de su aridez.Voy simple, voy color arena. Me mimetizo entre la muchedumbre exasperada Están cerca nuestro y la niña se me escapa entre las mujeres desconsoladas.Y ahí te veo. Veo tu naturaleza sufriente. Veo tu sangre. Y veo tu castigo.Mis ojos no ven otro hombre mas que eso. Veo un ladrón, veo un agitador del orden, veo un blasfemo.Y ellos me ven a mi.Y me obligan.Orden estricta. ¿Yo? ¿Ayudar a un enemigo de Roma? Ingenuo me opongo. ¡Que me importás a mi Roma!! ¿Yo? ¿Manchar mis ropas con el sudor de este desconocido? ¿Llevar su propio patíbulo sobre mi inocente humanidad?Pero la niña me mira.Hombro a hombro. El tuyo es tanto mas fuerte y joven y asimismo parece tan doloroso. Nos elevamos.Y veo toda tu figura erguida a mi lado. Mi enojada vista ya no ve, mis ojos encuentran. Los tuyos. Y ahí ya no te veo. Te encuentro. Te encuentro hombre y te encuentro mi Dios. Pagando mi soberbia.Coronado con sagaces espinas. Doliente, insultado, injuriado. Y me atrevo, o me quiero atrever a decir algo. La voz no responde. Y al solo encuentro con tu mirada toda misericordia me ahoga.Y te veo generoso compartiendo tu madero con este incrédulo. Y camino, no atrás, no delante, a tu lado nazareno.Extiendes tus manos agrietadas sobre mi espalda y me abrazas. Abrazo amigo. Sos el consuelo. Camino a la muerte, sos paradojicamente mi consuelo.Aquel Gólgota no supo de grandezas mas grandes. Aquella tierra no recibió mas preciosa sangre que la derramada por el crucificado. Y aquel Simón no supo de amor mas magnifico ni de generosidad mas perfecta.Despierta mujer. Insisto. Hoy he encontrado a Nuestro Señor.
martes, 20 de agosto de 2013
Cireneo
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario