miércoles, 14 de marzo de 2018

Crónicas rotas XIII

Caracterizado por aquella pequeña gran falencia, iba él lleno de ilusión.
Iba balbuceando lo que le iba a decir.
Iba él hinchado el corazón.
Le rebalsaba la fantasía de un futuro común. Cuál soñador había fabricado un horizonte encendido fuego que los tenía a ambos como protagónicos.
Sentía que el alma se le disolvía en esta idea.
Torpe, atolondrado, atropellado iba agitado y feliz. Dichoso.
Ella era su dicha.
Caracterizado por aquella pequeña gran falencia, tropezó abrupta su humanidad.
El suelo se estalló en su cuerpo y sintió el calor de la humillación pública.
Se levantó, desordenado, palpó su pecho y recordó su ilusión.
Le pareció que la veía.
Sintió su silueta cerca. Y con una mueca infantil la saludó y le pidió silencio haciendo gesto de enfermera.
Desarmó su rollo verbal; entre balbuceo y agitación resumió su amor. La amaba como jamás hubiera sentido posible y se lo estaba diciendo.
Tremenda, inmensa, insoslayable confesión.
La sombra de su amada se agachó. Le devolvió la vista al pobre miope. Y le sonrió.
Le sonreía sin embargo una completa extranjera a su corazón.

-se le rompieron los anteojos.

Te equivocaste de amor

Echaste a perder tu declaración

Pobre él, miope ilusión.

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