Cuál opereta clandestina iba y venía.
Se le caían cintas pañuelos papeles y papeletas.
Hermoso caos.
Absoluto desorden.
Algo en ella estaba bien ordenado.
Algo en ella era fuego bien guardado.
Algo de su clandestinidad desbordaba de coraje silencioso.
Algo de se inigualable ímpetu disfruté yo de cerca.
Algo de la cercanía a la cruz la hace grande.
Desde sus ojos celestes cristal se veía bien nítido y claro.
La ví yo esbozar gritos dolorosos y teñidos de angustia.
La sentí cual copla lánguida expresar su dolor.
Padece por un presente que siente en tinieblas.
Lucha por un presente que sabe luz.
Cuál opereta clandestina iba allí su espíritu despilfarrando sonrisas y valor.
Coraje celeste ojalá nunca te rindas.
viernes, 27 de julio de 2018
Magdalena
jueves, 26 de julio de 2018
El secreto
Retornaban a su memoria casi al acecho.
No se trataba de dolor. Ni pena. Nostalgia tal vez.
Poesía.
Perfume.
La magia del tiempo en suspensión.
Recordaba y se le dibujaba una mueca de inmensidad.
Su memoria traía de vuelta lo eterno.
Se sumergía en esta idea.
La asaltaba la duda. ¿Que tendrán ellos?
¿Qué tendrá él?
Qué fórmula secreta poseían.
No sabía.
Se sabía sí, con seguridad, voluntariamente atrapada.
No sabía ese no se qué.
Sabía que detrás de esa nigérrima existencia estaban depositados sus sueños.
Retornaban a su memoria al acecho.
¿Qué tendrán esos ojos negros?
No sabía.
Pero se sabía refugio. Se sabía ahí consuelo.
sábado, 21 de julio de 2018
Crónicas rotas XVI
Rindiéndole cultos amaneció a la vida.
Sabiéndose ofrenda.
Pensó su vida desde siempre con un horizonte de altar.
Se despertó algún frío agosto. Buscó desesperado el agua tibia de cada mañana y allí lo estaban esperando.
Un cortejo de sabias madres. Con aceites y comidas.
Maiz
Café
Coca
Chocolate
Frutos
Lo ataviaron con paciencia. Nunca antes había visto ropas más elegantes.
Se sintió un rey.
Iba decorado según él. Iba revestido de metales, transformado en un adorno viviente.
Así, metalizado, lo subieron a una cuna. Cuna llena de flores, maíz y más café.
Parecía un festival. Músicos, aires sonando y recortando el silencio de una mañana especial, una mañana elegida.
Le aburría que lo cargaran y decidió cerrar los ojos un rato y dejarse flotar. De vez en cuando, travieso los abría y miraba al cielo. Lo atravesaban cintas y flores, polvos, color.
Avistó a lo lejos a su máma que le clavó la mirada rasgada. Sus manos armaron un perfecto círculo sobre su pechera recubierta encerrando a inti y recordándole ese sol que él también poseía.
Entendió.
Lo envolvió el pánico y el terror.
Sabiéndose ofrenda.
Se supo ofrenda aquel frío agosto.
Ofrenda de maíz, café, coca chocolate y frutos.
Tata inti lo estaba esperando desde siempre. Lo envolvería.
Se lo devoraría entre sus fuegos y su máma lo lloraría a pesar de saberlo ofrenda desde siempre.
Descendió de su ofertorio y lo acompañaron entre gemidos hacia los pies del agujero de fuego. Debía subir.
Debía antes beber de aquel té del sueño y subir. Subir hacia su horizonte.
Le sonrió a quien era para él su único universo y emprendió la marcha.
Travieso niño inti escupió su bebida y desarmó su coraza de metal. Entre esos aires sulfurados se puso a pensar. Piensa niño sol. Piensa. Debía darse en ofrenda pero también debía volver al amor de su madre. Debía
Sabiéndose ofrenda desde siempre, arrojó los metales al sol. Su café, su maiz. Le cantó a Inti pidiéndole perdón.
Al instante, el misterioso sol se cubrió de tinieblas. Tenebroso y siniestro Inti rugió con fuerza escupiendo lluvia y un rayo soberbio atravesó al niño ofrenda.
El pueblo aterrorizado que aún danzaba a los pies del fuego huyó sin rumbo por miedo a la ofensa cometida.
La ira tormentosa duró lo que dura una estación de cielo celeste y de sol fuego.
Hasta que finalmente tata inti se reconcilió con los hombres y dispuso el universo natural en orden.
La madre del niño sol desolada y con el corazón en la mano, acudía al agujero volcánico día y noche.
Rogándole a la luna le devuelva a su niño estrella.
Rogándole al sol perdone a su rebelde ofrenda de amor.
Anciana iba aún día y noche.
Rogaba ajada la piel por su niño sol.
En lecho de camino hacia la paz eterna recibió la visita de un hombre moreno, tez arcilla, ojos de cristal.
Su sonrisa blanquecina la abrazó. La envolvió en el recuerdo de su hijo sol. Abatida esperaba suspirar desesperanza con el corazón agujereado a falta de la pieza de sol que la completaría.
En el silencio y la penumbra nigérrima, el moreno piel de arcilla sustrajo de sí la pieza redonda, atravesada por un rayo, regalo del tata inti que lo liberó hacia el encuentro eterno.
El sol contempló la ofrenda más magnífica. La madre en ofrenda por su hijo.
Contempló ese amor y aceptó esa ofrenda cotidiana.
Y el niño sol reunió sus piezas corazón con la madre tierra por siempre.
martes, 17 de julio de 2018
Microrrelatos
Fue de a poco que sucedió.
No fue repentino. Ella nació así.
Quizás podríamos decir que fue voluntario.
Pacto con el Creador.
Pacto de fusión.
Sucedió en un tiempo áspero, de sequía, de enorme tibieza y de mucho sol.
En un tiempo rispido sin oxígeno.
También sucedió en un tiempo de paz.
De renovación
Regeneración
Reverdecer.
Fue de a poco que comenzó a desarmar sus piernas.
Ancló sus pies y lo sumergió entre la tierra.
Fue en un tiempo lento en el que decidió no moverse más.
De un momento a otro sus extremidades le dolieron. Y dolorosa fusión alejó a todos y todo.
Su piel derramó lágrimas como espinas y se volvió intocable. Inabrazable.
Se volvió dolor.
Fue de a poco que la sangre avinagrada. Giró color verde espesa mucosa.
Salvia. Sangre salvia.
Estás espinas de piel fueron perforándola toda. Fuertes y rígidas. Nobles espinas decoraban su blanquecino cuerpo. Le dieron negrura, le dieron el color de una nueva vida. De su nueva creatura.
Y el corazón agotado.
Fue de a poco que sucedió. Sucedió un día de julio dónde se fusionó su naturaleza.
Llenó de espinas su cuerpo.
Se cubrió de madera verde quebrada y enterró su existencia en algún lugar entre Salta y Jujuy.
Fue de a poco que se abandonó. Cumplió su plan
Se volvió Cardón eterno.
Guachumama, guardián de la montaña.
Custodiando sus amores en el lugar que más sintió su sangre.
Echó raíces.
viernes, 6 de julio de 2018
Niebla
Agudizando la vista, buscando alcance visual.
Buscando entre la lejanía algo.
Algún horizonte cierto.
Alguna luz, alguna a la que ciertamente den ganas de avanzar.
Salir de lo estático. Romper los esquemas de las horas. Desafiar a Cronos.
Sentir el movimiento. Abandonar los círculos y los vicios.
Tratando de percibir siluetas. Tratando de sentirlas.
La desesperación lo hace agitar los brazos tratando de correr, tratando con sus brazos miserables, correr el manto tenebroso que lo envuelve.
Agudizando la vista hacia el cielo. ¿Cielo dónde estás?
El ceño fruncido desafía a esta noche nigérrima.
Le es inevitable. Insoportable.
Lucha pobre, agotando intentos al vacío tenebroso.
De golpe sintió el peso entero de sus heridas. Plomo lo enterraban en el suelo.
Se fue sumergiendo en en su propio Inframundo. Inhala neblina. Exhala oscuridad.
Ya no agudiza, los ojos ya no ven.
El cielo se volvió bruma.
Y su corazón tiniebla.