jueves, 29 de agosto de 2019

Crónicas rotas XXV

De los creadores de los mejores viajes en el fondo del 152.
O en el asiento arriba de la rueda.
O en el individual de adelante.
De esos viajes odiosos hasta que ella te invita toda risueña.
Del placer de sumergirse en un destiempo atemporal.
Glorioso viento, lluvia o trayecto que te llevó a semejante pausa.
Por momentos hay una suerte de conexión con la realidad. Pero por lo general es escapismo.
¿A dónde?
Hoy a Marruecos.
Ayer fue a las sierras.
Esperemos mañana sea la playa.
A veces sin tiempo sin espacio. Y sin sucesos pasados. A veces es un vuelo espiral al sueño. Al deseo, a la utopía.
Y porque siempre te encontrás musicalizado el paseo.
Gestionando ese universo paralelo que te hace llorar de la emoción porque es puro destiempo y sin espacio.
A veces te da vergüenza. Pero volves al escape. Se te huye el pensamiento. En realidad se te fuga el corazón.
El remedio a ese tedio y a esa locura. Santa sanación este ritual evasor.
Nadie ha sabido levantar más historias que la imaginación.
La imaginación al poder de todos los paseos evasivos en bici.
Y en tren
Y en avión
Y en colectivo.
Y en auto.
Bendita oportunidad de delirio. De vivir en fuga de una rutina que envejece.
De pasear entre las islas de la ilusión.
Se sonreírse por un mundo que no existe.
De fabricar puentes o de teletransportarse al perfume hermoso del jazmín.
Imaginación que recrea sus manos, las pecas que salen en verano y el olor a sal.
El sueño de lo compartido.
Imaginar que se miran como si entendieran todo.
Diseñar el océano de lo imposible y nadarlo  sin tiempo.
De los creadores de la revolución de los escapes. Y de los viajes que terminan porque sos un adulto responsable y mañana se trabaja.

No hay comentarios:

Publicar un comentario