Iba misteriosamente imperturbable. Estúpidamente con los ojos entre las milhojas que se le aparecían como por primera vez.
Iba su imaginación frondosa dibujando arabescos de mundos distintos. De situaciones en futuro pluscuamperfecto.
Iba tonta ilusión sonriendo un lunes.
Iba sin prisa ni fatiga.
Iba queriendo descalzarse.
Iba sonzamente suspirando.
Iba sabiendo que evadía. Que se escapaba. Dulce escapismo de un lunes dónde la creación le hablo del Creador aunque hubiera hecho ese camino muchas veces.
Iba misteriosamente imperturbable porque le dijo que la victoria no es de este mundo. Y ella le creyó.
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