viernes, 8 de noviembre de 2019

Crónicas rotas XXIX

Yo simplemente expectador. 
Sencillamente detrás de escena. Ni siquiera siendo las bambalinas.
Distraída casi melancólica.
De golpe me extraño. Sus ojos perdidos escrutan el horizonte superpoblado de siluetas ajenas. Ninguna le provoca nada más que lo ajeno.
Extraño. Sus pupilas desesperadas casi cuestionan el espacio.
Siente voces. Sabe que la vida lo rodea.
Más allá, a paso veloz ella esquiva obstáculos transeúntes que le impiden su destino. Destino fortuna de los amantes ¿será?.
Apresurada porteña. 
Frena de golpe en el umbral del paraíso que los reúne. Se acomoda su flequillo y pretende desaparecer las arrugas de la blusa que seguro eligió después de un siglo de conflictos mundiales con su propia existencia.
Y pareciera que las personas desaparecen.
Que los interminables minutos de sonidos, pues lejos de música, se vuelven una melodía personal. Un telón de fondo para el idilio.
El universo contiene la respiración contemolando la contemplación de los amantes que se encuentran.
El en ella.
Ella en él.
Y se fusionan en una sonrisa beso que los transforma.
Están en otra galaxia. Y lo estarán hasta que sus existencias vuelvan a separarse. Al menos en el espacio.
Yo simplemente expectador.
Saboreo mi scotish y me pregunto qué clase de magia es, la que paraliza al mundo un viernes a la tarde.
O un jueves.
O cualquier lunes tal vez

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