lunes, 18 de noviembre de 2019

a vuelo rasante parte II

A la orden de no llores.
Se me derraman las angustias de los ojos.
Elevo un reclamo al tiempo tirano que silencioso y a trabajo limpio me ha arrebatado la dicha de unos días. Que ahora debo guardar, custodiar y vigilar hasta el reencuentro.
Elevo también un enojo al cielo que puntual me espera para el retorno.
La meteorología emocional da lluvia.
Ya no le caben al corazón temores al vuelo.
Entre la tradicional rutina se le suman unas nubes. Nubarrones. Océanos de humedad suspendida al acecho.
Anuncian el descenso y te transformas en una nueva Magdalena de llanto.
¿Pero estás llegando a casa?
A casa.
No tuve tiempo de extrañarte atrevido hogar.
No tuve tiempo de grabarme las sierras. Me faltó tiempo para que los ojos se camuflen en lo inmenso.
A la conquista de un cielo donde se suspende la razón.
A la conquista de un cielo dejando el corazón en movimiento pendular. Queriendo llegar. Deseando volver.
Al imperativo de no llores, no hay forma diplomática de decirte que hoy Palomar estaría gritando penitas.


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