domingo, 8 de diciembre de 2019

Calma

Calma, corazón, calma.
¿Cuántas cosas te pesan?
Calma, corazón, calma.
Mirá de cerca la escena. El cuadro donde eclosiona la redención y el Amor.
Nadie sufre más que aquella estoica Madre.
Nadie sabe más de providencia que aquel portal de eternidad.
Nadie más que Ella se atrevió a adelantar los tiempos y en dulce rebeldía pedir el milagro de Caná.
Por si aún no la reconocés, es que tuvo la dulzura de vestirse de múltiples formas.
Laboriosa en el monte Carmelo, sencilla como los pastores en Fátima, dulce en Lourdes, mestiza y festiva en Guadalupe.
Es la Madre, que reconoce a sus hijos sin siquiera abrir los ojos.
Reconoce tu perfume, tus llantos. 
Sabe de tus caprichos. Sabes de tus anhelos de hijo.
Calma, corazón, calma.
Recuerda que nada es más sanador que los brazos de tu Mamá.
Calma. Y sereno, contempla el acto de entrega confiada perfecta. El por dónde todos los misterios se revelaron.
Contempla hijo, que ahí tienes a tu Madre.

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