La del horizonte en calma.
La de la boca en tensión.
La horizontal de la tierra y la vertical al cielo.
La de los títulos, subtítulos.
La fronteriza y la de la puerta que se abre para que no haya fronteras.
La que se desdibuja cuando dos dejan de ser dos.
La de las vidas paralelas.
La de paso. A lo eterno.
La del gran salto. Por el todo.
La línea del pentagrama, o de la historia. Tiempo, principio y fin. O lo infinito.
La de las nervaduras de las hojas.
De ese laberinto de raices.
Lo lineal en Ascención de la propia vida.
La línea con la que WhatsApp domina el mundo. Y lo destruye.
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