martes, 25 de febrero de 2020

Microrrelato de una vida rosa

Es muy sencillo distinguirlo entre la multitud de transeúntes, solo es necesario agudizar la mirada. Escrutar entre los simples e insípidos caminantes. 
Se trata de un arte. Instintivo y aprendido porque bien puede resultar en un insano acumulamiento de escombros. 
Nadie quiere vivir en una marea de caos. Kosovo.
El límite, entre vivir explotado como si hubiera una bomba atómica o vivir imaginando, titanes de la reconstrucción; es muy y extremadamente delgado.
Y como ya dije, es un arte.
El arte de imaginar.
El arte de la ilusión.
El arte de la reconstrucción.
El arte del linyera moderno. Y no tanto.
Con ese ojo agudo, verás, es muy sencillo. 
En sus apariencias externas es prolijo, pulcro pero no enfatiza en estas cuestiones estéticas más que lo necesario. 
Lo importante es que su identidad más profundamente secreta no se devele aún.
Va el, con un paso aletargado, despreocupado, semiflotando y balanceando sus brazos en música de aburrimiento. Esconde, se camufla, camaleónicamente entre el paisaje urbano sin develar su auténtica identidad y sus planes más subterráneos.
Y sin que lo esperes, en un movimiento seco, rápido y furtivo el cazador de basura se lleva consigo los restos de la historia de alguien. Restos olvidados, sombríos y sin alma. Cadáveres de algún hogar que sucumbió frente al movimiento estéril de lo moderno. O que tal vez mutó. O renació.
En esa suerte de morgue porteña, el ha descubierto el amor. Y su velocidad creativa  encuentra en la carne desechada muebles, bibliotecas, estantes de historias nuevas. De hogares, de ilusiones.
Es muy sencillo ahora. Sólo hace falta reconocerlo. 
De ser así, no te atrevas a delatarlo.
En el ecosistema de lo rutinario, este personaje es vital. 
Da vida nueva a los escombros.
Es arquitecto de ilusiones nuevas.

viernes, 7 de febrero de 2020

Crónicas rotas XXXII

Ai. Tengo las manos transpiradas.
Me duele el cuello. Bueno. Relájate.
Ya se va a pasar. Esto siempre pasa. A veces en peores circunstancias y todo va a estar bien. No son tan imprudentes.
Leo. O me hago la que leo.
Consulto alguna cosa en internet. Me insta distraigo. Un poco.
Repasó los rituales. Está vez se ve que estaba desconcentrada, me olvidé hojitas de buen gramaje y los auriculares. 
Todos se agolpan frente al mostrador y a la pobre chica le tiemblan las pupilas y su sonrisa balbucea respuestas. Inútiles porque en realidad yo sé que dependemos de la creación. Siempre lo hacemos. Solo que hoy la madre natura dice 'otros tiempos'.
Todo gris. De repente retumba un estruendo seguido de un latigazo de luz al cielo. Ah sí. Se picó.
Todos hicimos silencio. Algún corazón se hizo hielo. Y alguna porción del lugar sufrió un pequeño infarto.
Titánico cielo, estaba ahí medio prepotente medio estallado de risa. Vení, mosca de lata, atrévete a cruzar.
Rituales de la tripulación. 
Rituales de mi corazón.
Le pusieron una espera interesante. Por qué la trama necesitaba un suspenso más.
La latita se mueve, se desliza, dobla, esa curvita famosa antes de poner todo en llamas y desafiar. Al Titán.
Yo contento un poco el aliento por qué la verdad es que no es la primera vez. Y es el único momento que tal vez algún músculo de mi cuerpo disfruta. 
Silencio.
Fuego.
Despegue.
Carnaval entre las nubes.
Se le cuelgan de las alas unas telarañas de algodón gris, pero la velocidad las desarma, el cielo se pone blanco impoluto y aparece de fondo una luz que se esfuerza por aparecer. Cómo si fuera un telón. O como si fuera un océano y la mosca metálica un diestro pez a contra corriente en busca del claro del sol.
Y eleva la trompa, las aletas se sacuden el agua nubosa y se despliega un espectáculo magnífico; entre los árboles que aún se ven,  los charcos de tormenta, algunas montañas imaginarias iluminadas por un febo que siempre estuvo ahí, medio dormido.
Y un celeste que realmente es sacado de un cuento de hadas.
El relato del vuelo es exactamente el habitual, turbulencias por el apuro low cost que apenas considera a los que trasladan, pues le hacen honor a su barato con lo de ágil.
Entre medio de tanto movimiento yo suelo preguntarme qué locuras a veces uno hace por amor.
Y bueno. Volar en medio de tormenta eléctrica ya está en mi lista, por si me faltaba.