El universo en suspensión.
Sus existencias hace rato bailaban un ritmo paralelo, una suerte de valls fresco y sencillo.
Se sentaron a la orilla de un río. Se compartieron palabras como si ninguna sintonía se hubiera roto en seis meses largos de ausencia. Física.
Sucede que hace un tiempo, los invadía una paz algo vertiginosa y plena. Los llenaba.
Sucede que se habitaban.
Se cruzaron unos mates, compañeros.
Respiraron libremente acobijados bajo el cielo celeste de la docta.
Distraída verborragica ella (siempre que se sentía a sus anchas, desplegaba su mundo interior en múltiples palabras, apreciaciones veloces al ritmo de su corazón apasionado)
Calmo, le extendió unos escritos arrebatándole un suspiro de sus ojos nigerrimos.
De esos que son para siempre. De esos que revelan, de esos que describen el alma desnuda.
Y quizá cuando se volvieron a encontrar en los ojos del otro, vidriosos al borde de un entusiasmo incomprensible y nuevo. Los esperaba un anillito ínfimo, mínimo, tan frágil. Tan herencia, tan historia. Pasado, presente y futuro. Promesa eterna y circular. El peso del amor, del sí, de la aventura y de la libertad.
El compromiso a una vida para la Vida.
Y el viento jugó con los árboles, les hizo de bambalinas.
El cielo se pintó de naranja.
Y seguramente hubo sonrisas en el cielo.
[El relato corresponde al 31/10/2020]
Te amo infinito
ResponderEliminarQue lindo Clariiii
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