jueves, 16 de marzo de 2023

Monólogo II

Iba rodante deseando nostálgica su rodado 
Iba explotada
Iba evaporandose en la gehena de un marzo infinito 
Iba desprolija. A disgusto. Se sentía apretada.
Iba bípeda y deseando que el agua fresca la purifique y le devuelva algo.
Algo de si. Algo de su eclecticismo.
Pensaba en la pregunta de hoy. Pensaba que debería cambiar su status porque efectivamente hoy eso era ella.
La mamá del niño sol. De aquel risueño inti que se negaba insurrecto a dejarla.
Es que no se dejarían jamas.
Rezaba su mantra habitual. 
Rezaba.
Elevaba historias mentales, de esas que siempre se autorelató de vuelta a casa.
Caminar esos casi dos kilómetros le resultaba como surfear el desierto de atacama.
Descalza.
Se le agolpaba el mal humor en el pecho en forma de gotas.
Quería abandonarlo todo. Pero a su vez sabía que se aburriría. 
A veces, en la penumbra de la madrugada, hacia un esfuerzo por recordar como era la vida, no quería ser mala, ingrata. Pero por desgracia de a ratos se le escapaban esos borbotones de nostalgia. De sangre rioplatense.
Y se escapaba con su mente.
Hacia esa vida. 
...
Eran las manos regordetas, rayitos de sol.
Eran esos gajitos de ojos, color del clima.
Sus gestos desprovistos de prurito, los besos de baba.
Era su música interior y el olor, el propio que ahora le pertenecía.
Era eso lo que le recordaba la vida. 
La vuelta a casa.
El coraje y el cansancio.
Las palabras que se ahorraba llenas de enojo.
La soledad.
La angustia.
Sin saberlo le agradecía todos los días en el reencuentro. Y ella lo sentía agradecerle.
Y la noche caía, pero siempre salía el sol.
Inti se quedaba siempre con la última palabra.


viernes, 10 de marzo de 2023

Microrelato de luna, auto y ruta

Saludaba ella señorial. Duquesa astral.
Sonreía con sorna porque la noche se escapaba pero su dominio era eterno. Se despertaba este cielo rosado anunciando infatigable infierno en marzo.
Arrastraba los pies sabiendo del abandono. 
Había dejado al bebé sol bajo el arrullo paterno. Expectante de una nueva jornada. Expectante al descubrimiento de un nuevo continente.
¿Ella se aventuraba o es que no había opción?
Sin saberlo la había y su libertad elegía este desapego bipolar.
Ah pero aquel viaje solía ser transformador. Sumergido en un tiempo sin tiempo donde lo desconocido se vuelve familiar. 
En aquel cubículo tres puertas se despertaba la querencia de un mundo más sabio.
Se elevaban perezosas gigantes las sierras y el camino que era eterno al retorno, durante la ida, fugaz. 
Le faltaba ruta y le sobraba charla.
Era una suerte de romance donde se deja pendular la idea, hasta el próximo encuentro.
Entre las miles de cosas que ignoraba, no sabía (¿o si?) que aquel viaje era un regalo.
Donde todo es gracia, nada se merece, el buen Padre se había ocupado de hacer de este tiempo un susurro a su vocación. 
Al final, no todo era oscuro cuando la luna alunada la esperaba, y la ruta, y la charla.
Y la conquista del saber arduo y difícil. El más Bello de todos.