viernes, 29 de marzo de 2013

Vicio desde los 6


Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.


O mejor aún, a una que escriba.

http://elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904&pag=2&size=n


Cuando yo tenía seis años en el colegio del barrio, uno chiquito, con una directora gorda y buena, realmente muy buena, la señorita Alicia depositó entre mis ojos una rara consigna. Digo rara porque yo era muy torpe y vaga y el simple hecho de tener que hacer algo por varios días me resultaba absolutamente insoportable.
Las historias con los playmoviles de mis hermanos nos duraban una tarde, o al menos una siesta. Jamás traspasaban la semana. Quizás si era de caballeros y nos habíamos esforzado mucho duraba un sábado. El domingo no, el domingo se iba a lo de los abuelos a jugar con los rastis de papa.
Vamos a leer un libro dijo.
Un libro.
Si clarita. Uno de esos con muchas páginas, uno de adultos, así con letras de a montones y dividido en capítulos. (¿¿¿que diablos es un capítulo??? pensé yo) Ni la más remota idea. En ese momento me distraje porque sentí que agustín el hijo de la seño Virginia me miraba. Me acomodé el bendito moño azul para que quedara cual corona entre mis pelos arratonados. No era particularmente lindo, parecía casi del mismo tamaño que mis propios cachetes. Pero para mi era un moño de princesa que mamá había hecho con adoración.
Convengamos que a los seis, yo era la princesa de la casa.
El timbre estruendoso quebró el idilico sueño en el que el hijo de la seño virginia y yo salticabamos casi cantanto con los pies por la placita del boulevard volviendo a casa.
Pucha. Rompio mi sueño y tengo tarea. Una tarea que hace doler la panza. TODO un libro.
Ojala mamá no lo encuentre en ningun lado u no lo pueda comprar.
Mejor que si.
No les voy a mentir, así como tenía un amor chiquilinezco por el hijo de la seño y por Enrique, el amigo de mi hermano, también vivía mi primer grado con placer casi sarmientino. Daba asco de la alegría que me provocaba ir al colegio.
Me gustaba que me pegaran estrellitas en el cuaderno los viernes, odiaba tener el uniforme desprolijo, me sentía abrumadoramente avergonzada cuando la seño Alicia me llamaba la atención por estar hablando.
Y ahí estaba. Muchas páginas mamá, sollozaba y murmuraba, leer de corrido me cuesta, estoy segura de que tiene muchas palabras largas, oraciones sin puntos. NO HAY DIBUJOS.
Sentía que me moría, este no era como Pulgarcito, con solo cuatro renglones, enormes hojas y dibujos divinos, casi del tamaño de mis piernas….
Esfuerzo María.
Quien diría que iba ser la primera vez que atravesarías el umbral de la realidad hacía la ficción sin un televisor de por medio.
Todo parece decir que no se trata de un libro. Tiene letras grandes, la tapa es blanda, hay en el frente dibujos de nenas y …¿quesos? Bueno si, quesos que caen del cielo, es chiquito, liviano. Instintivamente lo huelo, deslizo por entre mis dedos llenos de tinta cada uno de sus miligramos de celulosa compacta llena de sentido. Llena de sueños, de ilusiones de fantasía y de realidad, llenas de heroísmos, de testimonios y de ideales.
Ahora se bien lo que es un capítulo.
Se la sensación de estar absorto, de perder todos los sentidos por recrear imágenes mentales que a veces se vuelven realidad, se de que se trata un viaje en colectivo cargado de emociones y de vívidas conversaciones a destiempo y en otro lugar.
Conozco África, China, Polonia, Rusia, muchas veces Rusia y también Londres!, España, España del XV, España del XX, España del IV…visité varias veces la Roma imperial, Palestina, Japón, Italia toda, Alemania, quien dice Argentina.
Me enamoré perdidamente de los malos y de cuando en cuando de los buenos. La muerte en el frente de batalla de un joven llamado Víctor labró en mi corazón ideales inconmensurables de heroísmo, morí con el en el frente para renacer defendiendo también sus banderas.
Derramé penosas lágrimas cuando escuché por quien doblaban esas gallegas campanas.
Soñé con amores idilicos más de un verano entre Tom Shaw y el suizo Uli…
Sembraste sin descuido un mar de dudas en mi alma con tu vida de corazón inquieto.
Hoy me veo presa de tu amor de amante perpetuo.
De tus páginas plagadas de ficción y de realidad hechas para mi como un legado inmortal de eterna enseñanza.
Esclava del tiempo en que me sumerjo entre palabras resonantes y haciendo eco en cada vivencia. Te cito, te releo, te cuido, te miro con cariño y me desvelo entre tus historias.
¿qué misterios guardarás hoy para mi? ¿qué caja de Pandora abriremos hoy llena de un inmenso universo?
Hoy me atrevo a recordar ese marzo de mis seis años, el primer día en que deslice mis ojos entre las páginas de un libro. Adicción absurda para algunos. Adicción necesaria para otros.

Y hoy sueño. Y espero que alguna vez, mi historia escrita se deslice por los infantes dedos de alguna jovencita intrépida y desafiante.
Y hoy sueño.
Porque no hay idilio mas idilico, ni fantasía mas fantástica ni heroe mas heroico que el que leemos para uno, que no es otra cosa, mis queridos, que la realidad hecha inmortal en las páginas de algun buen libro.

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