Cfr:
Adj. Falto de sabor.
Falto de viveza, gracia o interés
Degustación previa de uno mismo.
Saboreo, huelo, al tacto respira. Es.
Es como las cosas son.
Dicen que pasa, que cambia, que no permanece.
Sin embargo, yo veo que el olor de su propia naturaleza está ahí en algún lugar. Quizás si me dejara ver debajo de esa capa espesa.
Degusto. Saboreo.
¿Agrio quizás?
No. Para ser agrio debería haber una suerte de amargura profusa y conocida. Sabida, bien pensada y planificada. Es alimonado, cítrico y casi convulsivo. Pero no es agrio.
¿Dulce? Como el néctar, como el amor correspondido tal vez. No, no. No es dulce.
Dulces son las sonrisas pobladas de ternura. Dulce y grandiosa es la brisa de una eterna cumbre que dilata el alma, siempre inquieta.
Este saboreo no es de grandeza, ni de pasión, ni de dolor. El dolor dulce de los amantes que dan sin esperar nada a cambio. Por puro bien, pura generosidad, pura complacencia del bien amado.
No hay, no es, no sabe.
¿Suave? ¡Calla!! Suave es la plegaria de los niños y el sol de aquel enero lleno de ilusión.
Ni siquiera podría decir de vos que sos áspero. Para ser áspero hace falta vivacidad, astucia, amor por algo, algo por que amar.
Veo entre tus ojos traslucidos la mismísima nada.
Huelo el olor prefabricado. Oles como huelen los que no huelen ni a dolor ni a pasión ni a sueño.
Preferiría que ni siquiera quisieras intentar tener algún perfume.
Sabes sin sal. Sin limón y sin ron.
Ni a inspiración ni a cansancio.
Al tacto, aburrido, soñoliento, estupefactos se quedan los dedos queriendo sentir lo imposible.
Me alejo con sonora confusión.
Creí que eras.
Y es que sos. Sos uno más del montón.
Adj. Falto de sabor.
Falto de viveza, gracia o interés
Degustación previa de uno mismo.
Saboreo, huelo, al tacto respira. Es.
Es como las cosas son.
Dicen que pasa, que cambia, que no permanece.
Sin embargo, yo veo que el olor de su propia naturaleza está ahí en algún lugar. Quizás si me dejara ver debajo de esa capa espesa.
Degusto. Saboreo.
¿Agrio quizás?
No. Para ser agrio debería haber una suerte de amargura profusa y conocida. Sabida, bien pensada y planificada. Es alimonado, cítrico y casi convulsivo. Pero no es agrio.
¿Dulce? Como el néctar, como el amor correspondido tal vez. No, no. No es dulce.
Dulces son las sonrisas pobladas de ternura. Dulce y grandiosa es la brisa de una eterna cumbre que dilata el alma, siempre inquieta.
Este saboreo no es de grandeza, ni de pasión, ni de dolor. El dolor dulce de los amantes que dan sin esperar nada a cambio. Por puro bien, pura generosidad, pura complacencia del bien amado.
No hay, no es, no sabe.
¿Suave? ¡Calla!! Suave es la plegaria de los niños y el sol de aquel enero lleno de ilusión.
Ni siquiera podría decir de vos que sos áspero. Para ser áspero hace falta vivacidad, astucia, amor por algo, algo por que amar.
Veo entre tus ojos traslucidos la mismísima nada.
Huelo el olor prefabricado. Oles como huelen los que no huelen ni a dolor ni a pasión ni a sueño.
Preferiría que ni siquiera quisieras intentar tener algún perfume.
Sabes sin sal. Sin limón y sin ron.
Ni a inspiración ni a cansancio.
Al tacto, aburrido, soñoliento, estupefactos se quedan los dedos queriendo sentir lo imposible.
Me alejo con sonora confusión.
Creí que eras.
Y es que sos. Sos uno más del montón.
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