Mira cómo esa negra
Roca ha sido amarrada a mi pecho
Con las cadenas del arrogante destino,
Con las cadenas del absurdo tiempo.
Mira cómo aplasta
Mis frutos y mis flores,
Me esculpe con el tiempo
Y me destruye con la vida.
¡Déjame! No podemos vencerla.
Las cadenas de mi prisión no se romperán.
Permaneceré en soledad
Mientras el destino sea mi prisión.
Déjame
Permanecer así:
Sin luz,
Futuro
Ni esperanza.
La roca negra no tiene escapatoria
Ni refugio.
Estracto de "La Roca" de Fadwa Tuqan
Toda aridez. Tostadas mis mejillas. Amor en las arrugas dd mi madre.
Toda arena. Ojos profundos y cabellos armoniosamente descontrolados.
Mi cielo es inmenso, celeste, celeste estrella. Imponente y límpido, cristalino, generoso, eterno, sin tiempo...hoy medio manchado. Tiznado. Salpicado de gris, de dolor.
Mis pies llenos de polvo. Muchas veces desnudos, hoy calzados y protegidos. Saltico escombros ligeramente salpicados, son cuevas, son cráteres, son laberintos que me despiertan leyendas.
¡soy el hombre que piso la luna y la hizo suya!
¡Soy un héroe!
¡Soy un semidios!
Y también soy esto.
Misterio y musica rodean esta hermosa tierra.
Y dibujo con mis dedos soles en arena. Muchos, sol. Febo. Fuego. Estrella. Luz como la que estalla hace varias noches y como las velas que lloran lacrimosas en el muro. Piden y rezan.
Mis manos son ásperas. Pero saben abrazar; mis hermanos me eneseñaron, entre blancos dientes, sonrientes, que vale la pagina na abrazar aun. Abrazo de consuelo últimamente.
Me dicen león; soy una fierecita inmensa. Pequeño gigante desafiando el estruendoso fuego. Me siento preso, agobiado y doloroso.
Salgo esta mañana de julio. Salgo feliz, casi arrogante. Corro intempestivamente y se escurren entre mis pasos los escombros. Ciudad perdida.
Mis ojos inmensos llenos de ilusion hacen silencio viendo al paso a la bestia de metal hechando fuego cual dragón por las fauces.
-no te frenes Abbas-me digo a mi mismo.
Es que yo adoro mi escuela.
Es que yo amo mi tierra.
Correteo, miro de lejos. Muro, roca, guerra, división.
Frunzo el ceño. Soy Abbas, el león.
El soplo de la discordia se llevó mi sonrisa. Mis pies, mi alegría, mi ilusión.
Soy Abbas, y a los diez años fui dueño del cielo llevado tras el estallido egoísta de la división.
Soy Palestina. Soy el héroe anónimo. Soy el grito de la paz.
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