domingo, 15 de enero de 2017

Universo de Ojos

El día se acaba
Los ruidos se van
Ta’ triste la casa
Sus manos no están

Yo sé que está, su amor acá

Paciente su fuente
Llenó mi lugar
De risas colores
Perfumes del mar

Entre los cerros se despierta un sol cálido, nítido. Cielito celeste extraño en este enero que dio sonrisas, risas y algunas poquitas gotas de agua.
Extraño enero sin diluvios eternos.
Refriego sin asco los ojos decaídos y lo siento. Como deben sentirse las cosas. Simplemente el organismo se funde con el alma y se sienten. Siento la sensación que el calendario marca. Me resulta inevitable, tanto que procuro seguir una suerte de rutina vacacional ininterrumpida. ¿Tomaré sol?. Si tomaré sol. Vital descanso, signo visible de lejanía de la problemática capital. O no. La cabeza y el corazón jamás nos abandonan. Y yo lo sé. Y yo lo padezco.
Camino, autómata por esa calle de vereda angosta. Miro, me conecto, me conmuevo por las mismas flores, los mismos olores, las mismas puertas y el mismo color celeste inmenso que recalienta mis ideas.
Y me sumerjo, entre el único jazmín que decidió florecer en enero desafiando la naturaleza estacional de su tipo. Y me sumerjo en la foto de la sonrisa a la que homenajea, entre los ojos que son un universo entero para mí. Me paseo en esa galaxia celestial verde selva. Busco la luz de algún lucero que ya no encuentro. Ya no hay luz en esa nebulosa celeste.
Me autoincrepo casi con amor, ¿qué será del tiempo cuando pasa veloz y una parece estar siempre suspendida en cámara lenta? Sin gravedad flota la humanidad. Me arrugo, me hago bichito bolita y espero que vengas a mí a modo de refugio.
Dejé en el pasillo tu jazmín y me reencuentro con tu ímpetu, con tu juventud y con el universo de ojos casi escondidos detrás del flequillo que supiste usar rebelde.
Y quisiera hoy ser feliz en tu eterna felicidad.

Y aunque sean dos, diez y son realmente ocho, los quince de enero se viven flotando en el universo de tus ojos. Donde puedo ser chiquita otra vez, donde los bichitos bolita reciben su refugio y donde el tiempo no es tirano, no sana heridas y no marca las arrugas.

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