[Lo
que parece anecdótico y ficción es parte de un pasado lleno de risas]
Risueña
era yo. Risueña y distraída. Hoy solo distraída.
Encanto
de ángeles esos hoyitos que la vida se dignó a poner entremedio de mi sonrisa. Hoy
sólo un defecto facial.
Iba
yo entonces corona de rulos, flotando en una galaxia fabricada por mi propia
cabeza.
Seguramente
aquella playa de estacionamiento inmensa pudo ser un universo de planetas. Un abismo
de nubes o simplemente el mar.
Corría
yo, corrían mis hoyuelos y mi arratonado pelo marrón.
Me
hervían los cachetes de aquel sol cordobés.
Me
hervía la imaginación desesperada por madurar y ser inmensa.
Risueña
de casi cuatro vueltas al sol.
Era
yo de las que hacía chozas en el fondito de la ligustrina.
Era
de esas que tenían miedo a la nigérrima noche cerrada y se pasaba a dormir con
su ángel de la guarda. Hermano del medio sanador de sueños interrumpidos con su
compañía.
Risueña
de las que acusaba a otro para safar.
Era
yo y mi reinado cordobés, de pileta, mosquitero y paseos en la plaza.
Salí
despedida llena de ilusión, el viento me entrecerró los ojos, se me inflamó el
corazón y el vestido se hizo globo.
Agitada
el alma y las piernas llegué al único puerto al que quería llegar: tus manos de
jazmín.
Agitada
el alma y recuperadas las piernas percibí. Se me rompió el espíritu cuando
percibí. Me sentí invadida.
Esa
seguridad de caricia era otra.
No
había manos de jazmín, ni de la sinfonía de tu risa. No había manos de polenta
fea, ni de moños en la cabeza.
Me
había equivocado de manos. Arrebatada de ira me di vuelta con los ojos hervidos
de llanto y ahí estabas, detrás de mí. Expandida la sonrisa mamá manos de jazmín.
Se
me reconstruyó el espíritu roto y me reí. De mí, de mi distracción, de agarrar
manos ajenas con tanta liviandad.
Risueña
era yo. De esas que daba la mano.
Era
yo, de esas que solía dar la mano.
[“Pero
sé muy bien lo que haré en ese caso: me echaré a volar contigo, que estarás en
el cielo, ¿y cómo se las arreglará Dios para cogerme…? Tú me apretarás muy
fuertemente entre tus brazos”. Y leí en sus ojos que estaba firmemente convencida
de que Dios no podría hacerle nada mientras estuviese en brazos de su madre…]
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