lunes, 5 de febrero de 2018

Crónicas rotas XI

[Lo que parece anecdótico y ficción es parte de un pasado lleno de risas]

Risueña era yo. Risueña y distraída. Hoy solo distraída.

Encanto de ángeles esos hoyitos que la vida se dignó a poner entremedio de mi sonrisa. Hoy sólo un defecto facial.
Iba yo entonces corona de rulos, flotando en una galaxia fabricada por mi propia cabeza.
Seguramente aquella playa de estacionamiento inmensa pudo ser un universo de planetas. Un abismo de nubes o simplemente el mar.
Corría yo, corrían mis hoyuelos y mi arratonado pelo marrón.
Me hervían los cachetes de aquel sol cordobés.
Me hervía la imaginación desesperada por madurar y ser inmensa.

Risueña de casi cuatro vueltas al sol.
Era yo de las que hacía chozas en el fondito de la ligustrina.
Era de esas que tenían miedo a la nigérrima noche cerrada y se pasaba a dormir con su ángel de la guarda. Hermano del medio sanador de sueños interrumpidos con su compañía.
Risueña de las que acusaba a otro para safar.

Era yo y mi reinado cordobés, de pileta, mosquitero y paseos en la plaza.

Salí despedida llena de ilusión, el viento me entrecerró los ojos, se me inflamó el corazón y el vestido se hizo globo.

Agitada el alma y las piernas llegué al único puerto al que quería llegar: tus manos de jazmín.

Agitada el alma y recuperadas las piernas percibí. Se me rompió el espíritu cuando percibí. Me sentí invadida.
Esa seguridad de caricia era otra.
No había manos de jazmín, ni de la sinfonía de tu risa. No había manos de polenta fea, ni de moños en la cabeza.

Me había equivocado de manos. Arrebatada de ira me di vuelta con los ojos hervidos de llanto y ahí estabas, detrás de mí. Expandida la sonrisa mamá manos de jazmín.
Se me reconstruyó el espíritu roto y me reí. De mí, de mi distracción, de agarrar manos ajenas con tanta liviandad.

Risueña era yo. De esas que daba la mano.
Era yo, de esas que solía dar la mano.


[“Pero sé muy bien lo que haré en ese caso: me echaré a volar contigo, que estarás en el cielo, ¿y cómo se las arreglará Dios para cogerme…? Tú me apretarás muy fuertemente entre tus brazos”. Y leí en sus ojos que estaba firmemente convencida de que Dios no podría hacerle nada mientras estuviese en brazos de su madre…]

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