domingo, 20 de mayo de 2018

Crónicas rotas XV

[estos relatos corresponden a algún día en los noventa porteños]

Suspiró con resignación ¿Por qué se empecinan? Digo yo.
¿Será que es tan necesario para la vida de una?
Me miro en posición. Frágil. Esquelética y diminuta. Puras ojeras y hoyuelos.
Mis pelos arratonados apenas se mecen con el viento porque me mantengo estática.
Papá quiere que esté en movimiento.
Y ahí vamos de nuevo. Lo siento empujar con fuerza. Asumo una velocidad inimaginable, mis cachetes agujereados se llenan de frío.
Viento en la cara, entrecierro los ojos y con actitud de fiera maleva agudizo la vista y me preparo para dar el salto.
Pedal pedal.
Ahí voy, soledad, equilibrio y maduración.
Ahí voy toda frágil blancuzca y arratonada.
Ahí voy y hacia la reja fui.
Cai estampada. Estática me quedé. Estática y con posibles frutillas en algún lugar.
Balbuceo cosas, no quiero llorar. Me da vergüenza llorar. Quiero que me devuelvan las rueditas y nadie me empuje hacia ningún lugar.
Quiero mi libertad.
Claro que no sabía nada de libertad.
Entre mis propias angustiosas palabras logro encontrar la respuesta a mis repetidas estampadas contra la reja de Libertador.
-mamá no me da sopa.
La sopa, aparentemente, era la fuente de vitalidad. De mi andar rumbeando sobre ruedas.
De disfrutar paseos estacionales con calorcito, fresco, luna y estrellas, o una lluvia amigable.

Gracias mamá por darme sopa para andar por la vida...tratando de mantener el equilibrio, absorta, sumida, distraída, a veces mirando al cielo, dichosa, de paseo en bicicleta.

Gracias mamá.

Mayo

Se estira el cuerpo, de a poco lo adormilado se despierta. Se abandona el sueño.
Abrir los ojos. Sentir ese sol frío. Temprano mañanero madrugador.
Sol de otoño. Tinta dorada color del sol y de los lunares que rodeaban su humanidad.
Piel sol
Ojos selva
Corazón tropical
Interrumpe el rayo que inunda el hogar. Usa sus dedos para coartar la rectitud con la que descienden hacia el suelo y expulsan afuera la gélida noche.
Dónde los sueños son tristes. El recuerdo amanece distinto cuando hay luz.
Mira. El horizonte porteño.
Rememora ese otoño especial.
Hace rato ya especial.
Otoño que le ilumina el cuerpo. Desarma las noches y acaricia.
Otoño crujiendo ruidoso en cada paso salvaje, dorado, romance.
Se abren los ojos y el corazón.
La experiencia de este otoño con suspiros de eternidad.
Porque desde hace un tiempo otoño abandonó el calendario de lo insignificante. Se escurrió doloroso.
Hace un tiempo otoño es Mayo. Y Mayo sos vos.
Y caminar musicalizando sobre las hojas del suelo es un canto para vos.
Y el paisaje antes extranjero ya es familiar en el corazón porque el multicolor ido fondo otoñal trae el recuerdo de los mates al sol.
Bufanda tejida por tus manos jazmin, y cafés negros derritiendo el mal humor.
Hace rato que este otoño robó su corazón. Hace rato que Mayo sos vos.
Piel sol
Ojos selva
Corazón tropical
Feliz eternidad. Los árboles todos te recuerdan inmenso sol.

lunes, 14 de mayo de 2018

Microrrelatos

Sin medir las distancias.
Ni el tiempo.
Apenas sintiéndose respirar.
En casi llanto se pintó la mirada.
Agitó el corazón.
Sintiéndose viva y casi muriendo.
Corría la sangre acelerada por las venas.
Sintiéndose viva y en tensión.
Atravesó el umbral de sus prejuicios y las múltiples capas de su crudeza.
Se enredó la voz en la garganta.
Se tropezó la respiración.
No se dijeron nada. No hacía falta.
Sintiéndose desarmados se sometieron al abrazo.
Sumiéndose en el otro ajeno.
Ya no otro.
Ya no ajeno.
Ya un abrazo.
Sin distancias. Sumergidos en el limbo. De las almas.
Desarmados.
Armándose en esta fusión.
Transformados en abrazo.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Microrrelatos

Con total impunidad
Hay una naturaleza que la detiene
Y ella que se rebela. Atrevida se inflama
Se asoma hacia los límites de lo que la contiene. Va a trasgredir.
Maldita sensible.
¿O será ira?¿Conmoción?
Tristeza tal vez.
La desgraciada antes tenía pudor. Antes era solo un susurro en las tinieblas.
Hoy su inmensa revolución paraliza su humanidad. Y luego brota incontenible.
Con total impunidad ya nada le dice que no.
Ha logrado imagen cristalina. Se fue engrandeciendo, burbuja de si misma.
El abanico de pestañas que la rodeaba le hizo de telón y su acto de impotencia dió inicio a la escena uno.
Cerró los ojos.
Con total impunidad se le cayó una lágrima.
Y luego miles.
El millar del llanto.

viernes, 4 de mayo de 2018

30 de junio de 1998

Como buena fanática del tiempo que me concibió, me vio nacer y crecer; atesoro ciertos destellos. Hitos en mi historia personal que se me escapan en sonrisas de viajes imaginarios.
No es el relato de mi primer beso o de mi primer viaje en avión. No. No esperen que eso sea un hito.
Deambulábamos felices por las carnavaleras ruas de Brasil. Transitando el '98 se avecinaba junio. Un mes irrelevante en la vida de los mortales, incluso en la mía a pesar de cumplir años. Ese 30 de junio no pasó a la categoría de sonrisa obligada por ser mi cumpleaños número diez; pasó a ser parte de mi memoria por el evento futbolístico que azarosamente esperábamos en familia.
Hacía un año que habitábamos en la hermosa Río de Janeiro. Olor a sal, a sol, a carnaval. Junio nos encontró de festejo.
Convengamos que ni al colegio íbamos. La vida, era pura vida.
Silesia (otro de los grandes personajes que me hacen deslizar una sonrisa y marcar mis hoyuelos) nuestra amorosa Silesia se ocupó de armar la mesa como para un regimiento. Había de todo. Había mi postre Silesia favorito. Había pavé.
Pero también había partido. La fiesta del futbol se abría con el gallo francés poniendo su mejor empeño en parecer simpático.
Y los titulares salieron a la cancha. Y empezó mi cumpleaños número diez.
Mientras transcurría el evento mi mamá me hizo unas trencitas con cintas albicelestes. ¿Por qué? No sé. Estábamos de fiesta. Y casi que fiesta patria: jugaba Argentina vs Inglaterra.
En el show de goles y la euforia nos duelen sus dos tantos. Pero Batistuta y Zanetti nos hacen el empate.
Tensión. Comida intacta. El universo palpita.
El tiempo suplementario se transforma en una odisea. En una eternidad de gritos y gestos, degargantas colmadas de desesperación.
La sentencia. Penales.
Al patíbulo los once y detrás de ellos, todos nosotros. Y yo vestida de celeste y blanco y con cara de cumpleaños.
En cada microsegundo se va descomponiendo el cuerpo y en cada gol la adrenalina estalla y vuela en pedazos con forma de grito y ovación.
Se desarman los nervios, se eriza el cuerpo y se retumba. Quisieras que se escape en fuga el corazón porque ya resulta incontenible y doloroso.
Y ahí va. Lento, con toda la fibra de su cuerpo y su precisión. Parece que el ojo detecta esos movimientos milímetricos.
Dale Roa. Lechuga Roa. Desplegá tus heroicas alas, estírate a la conquista del universo. Casi se nos escapa un pensamiento.
Devolvenos la soberanía.
De nuevo, otras manos. Gesto divino. Atajada triunfal. Estruendo emocional.
Serían las mil horas...ya no sé.
Entre el bullicio y mis trenzas cumpleañeras lo veo a mi papá asomado a la ventana componiendo groserías para los brasileros que hinchaban en la calle por los piratas.
Mágico junio.
Cumpleaños de euforia.
Cumpleaños de gol.