"No estés nervioso" se autodecía mentalmente. Ellos necesitan de tu paz.
Mientras tanto, laborioso y detallista iba acomodando las alforjas. Algunas cosas nada más. Algo sencillo. Algo sencillo para algo tan inmenso.
"Qué pequeño soy para está misión" qué pequeño...que pequeño se quedó susurrando cuando ellos entraron.
Tan sólo emuló una sonrisa.
Ella sabía de su pesar.
Pero reconocía en esos ojos grises el valor inmenso de su corazón. ¿Quién sino él hubiera podido con tanta responsabilidad?
Se limitó,ella, a pasar su mano en armoniosa caricia jugando con el espesor de su barba.
Y se dispusieron los tres al viaje.
Al viaje brumoso, lleno de esperanza.
Lentos pero firmes, les cayó el manto nocturno. Las estrellas compusieron una sinfonía de luz para acompañar el sagrado paseo.
Iba él taciturno. Sumergido en el subsuelo de sus temores. De vez en cuando se volteaba para ver al Amor.
Se volteaba porque era el protector. El vigía. El custodio.
"No tengas miedo" que ellos confían. Y que El ante todo, confío primero.
Confió en su simpleza. En su sencillez. En su amor entregado generoso e inmenso. Sin embargo ¿Quién no espera reconocimiento? El no esperaba nada. El daba todo.
Obediente mansedumbre, iba él dirigiendo la diminuta caravana.
De vez en cuando sus ojos grises se elevaban al cielo cual plegaria al padre.
A El Padre.
"No seas impaciente" su cabeza le decía con ímpetu. El misterio de irá a develar cuando sea el tiempo.
Y ya era el tiempo. Tiempo de nacimiento.
Le volvieron a la mente esos días donde supo de la llegada de este bebé. Su cabeza inquieta, desordenada. Palpitaciones y dolor. Absoluta incomprensión. Pero después vino la paz. Y aquí estaban.
Sin perder la calma, fue a paso firme y con dulzura pidiendo asilo. ¡Si supieran quién les imploraba morada nocturna! Pero los hombres son necios. No ven detrás de este cuadro pintoresco de un burro, una parturienta y la sombra del Padre.
No vieron. Pero la creación vio.
Y este burro humilde se acercó e hizo de calor, y las vacas hicieron silencio, y las ásperas hojarascas se acumularon para hacer de cuna, y el canturreo de las estrellas se volvieron arrullo para recibir al Misterio. Testigos silenciosos de esta familia nueva.
Y ahí está el. La sombra. Las bambalinas de la escena de la salvación. Ahí está el carpintero humilde asumiendo la ingratitud que con él tuvo la historia.
Ahí esta el. Al que se le encomendó la misión de ser padre sin serlo. Y detras de él Dios padre.
Detrás de tu inmensidad José, el sí silencioso, olvidado. El sí que te valió ser custodio de la Salvación.
lunes, 17 de diciembre de 2018
El sí del silencio
miércoles, 12 de diciembre de 2018
Noche estrellada
Sonaba de fondo el canturreo de unos grillos atrevidos. Luciérnagas mareadas deambulaban en el espeso aire de aquel cielo áspero y espeso.
Noche estrellada.
Noche especial.
Entre este cántico natural y ese olor a hojarasca seca depositaba el Rey su pequeñez. La metáfora de la fragilidad. Ya portaba glorias únicas en la suavidad de su existencia.
Rompía la sinfonía de los insectos con un llanto entrecortado. La humanidad.
Encerraba en sus ojos pardos la profundidad del misterio. La divinidad.
Sin siquiera pronunciar una palabra ya se traducía su magisterio. Establo educador. Pedagogía de la contemplación. La familia deslumbrada, desbordante de alegría. Sintiendo tu majestuosa presencia.
La naturaleza se inclinó frente a tus pies. Piecesitos de vida. De Vida. Del Todo. Del Amor. En esos ínfimos dedos frágiles.
Tomando de la mano a la Madre, anticipando la entrega que nos harías luego. Dadivoso bebé. Sin siquiera poder pronunciar palabra, la mujer supo de su envío. Se supo Madre de muchos más.
Manos frágiles, suave grito de salvación. Portadoras de la misión redentora. Mínimas. Inmensas.
Casita lejana, cobijando en tu interior el secreto, el misterio, la revelación.
Noche estrellada.
Noche especial.
Buscás Bebito una morada para encontrar calor.
Buscás Redentor un corazón generoso que se disponga a dejarse salvar.
Noche del Misterio. Noche que nos envuelves entre espumas y penumbras.
Pesebre escuela, pesebre de admiración. Te atrevés a interrumpir la celebración con tu pobreza, con tu sencillez, con tu riqueza y con tu inmensidad.
Bebé, humanidad y divinidad. Volvés.
Volvés, esperando encontrar morada. Esperando que volvamos a recordar que has vuelto.
Celebración, noche especial, noche estrellada. Recordando que su corazón generoso otra vez vuelve.
Y que Él hace nuevas todas las cosas. Incluso a vos.
domingo, 2 de diciembre de 2018
El numero de oro
El Artista cargando su misterio, deambulaba por el amazonas tal vez, o habrá sido alguna turba nebulosa en el sur.
Iba acto creador cautivando a las especies todas con la melodía de la Vida.
Ellas apenas sentían el cosquilleo de su soplo atravesando toda su existencia.
Se sentían traspasadas por el arte divina.
Majestuosa obra.
Abrumadora.
Imponente y humilde a la vez.
La creación.
Ahí estaba yo entonces minúscula. Tratando de entender. Insolente incluso, tratando de ponerle razón al misterio.
Achinaba los ojos para ver si agudizando la vista podía ver algo más.
Ilusa. Estaba queriendo ver más allá de lo que es evidente.
Le pedía al misterio una revelación.
Magia.
Le pedía una respuesta que ya estaba ahí esperandome sin desplegar el show ridículo que mi estrecha mente necesitaba.
Porque el espectáculo era patente. Y espléndido.
El Artista dejo su huella perfecta. Dejo el rastro del amor eterno, perceptible a mis miserias.
Tuvo la sutileza de traducirlo a los ojos del hombre.
Y además tuvo estilo. Lo dejo dorado divinidad.
El Artista develando su misterio, dejando esta fórmula perfecta. Proporción Aurea, número dorado.
Ahí estaba yo minúscula, preguntándome, llena de asombro, cómo es que la humanidad aún se atreve a negarte, Artista de la Creación.