lunes, 17 de diciembre de 2018

El sí del silencio

"No estés nervioso" se autodecía mentalmente. Ellos necesitan de tu paz.
Mientras tanto, laborioso y detallista iba acomodando las alforjas. Algunas cosas nada más. Algo sencillo. Algo sencillo para algo tan inmenso.
"Qué pequeño soy para está misión" qué pequeño...que pequeño se quedó susurrando cuando ellos entraron.
Tan sólo emuló una sonrisa.
Ella sabía de su pesar.
Pero reconocía en esos ojos grises el valor inmenso de su corazón. ¿Quién sino él hubiera podido con tanta responsabilidad?
Se limitó,ella, a pasar su mano en armoniosa caricia jugando con el espesor de su barba.
Y se dispusieron los tres al viaje.
Al viaje brumoso, lleno de esperanza.
Lentos pero firmes, les cayó el manto nocturno. Las estrellas compusieron una sinfonía de luz para acompañar el sagrado paseo.
Iba él taciturno. Sumergido en el subsuelo de sus temores. De vez en cuando se volteaba para ver al Amor.
Se volteaba porque era el protector. El vigía. El custodio.
"No tengas miedo" que ellos confían. Y que El ante todo, confío primero.
Confió en su simpleza. En su sencillez. En su amor entregado generoso e inmenso. Sin embargo ¿Quién no espera reconocimiento? El no esperaba nada. El daba todo.
Obediente mansedumbre, iba él dirigiendo la diminuta caravana.
De vez en cuando sus ojos grises se elevaban al cielo cual plegaria al padre.
A El Padre.
"No seas impaciente" su cabeza le decía con ímpetu. El misterio de irá a develar cuando sea el tiempo.
Y ya era el tiempo. Tiempo de nacimiento.
Le volvieron a la mente esos días donde supo de la llegada de este bebé. Su cabeza inquieta, desordenada. Palpitaciones y dolor. Absoluta incomprensión. Pero después vino la paz. Y aquí estaban.
Sin perder la calma, fue a paso firme y con dulzura pidiendo asilo. ¡Si supieran quién les imploraba morada nocturna! Pero los hombres son necios. No ven detrás de este cuadro pintoresco de un burro, una parturienta y la sombra del Padre.
No vieron. Pero la creación vio.
Y este burro humilde se acercó e hizo de calor, y las vacas hicieron silencio, y las ásperas hojarascas se acumularon para hacer de cuna, y el canturreo de las estrellas se volvieron arrullo para recibir al Misterio. Testigos silenciosos de esta familia nueva.
Y ahí está el. La sombra. Las bambalinas de la escena de la salvación. Ahí está el carpintero humilde asumiendo la ingratitud que con él tuvo la historia.
Ahí esta el. Al que se le encomendó la misión de ser padre sin serlo. Y detras de él Dios padre.
Detrás de tu inmensidad José, el sí silencioso, olvidado. El sí que te valió ser custodio de la Salvación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario