jueves, 11 de julio de 2019

Microrrelatos

A éste le abre el portero, y las ovejas oyen su voz; llama a sus ovejas por nombre y las conduce afuera.Cuando saca todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. Pero a un desconocido no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. 


Asustada, asediada por su ignorancia.
¿Donde estoy?
¿Quien soy?
¿Donde está?
Pasaban las noches y los días, pero más bien parecían eternos sueños.
Noctámbula deambulaba por algunos pastizales
Sequedad. Necesito agua.
Abrigada con su propia existencia.
Estaba sola.
Perdida
Caminando desequilibrada en el filo del abismo de la desesperanza.
Algo la retenía para no deslizarse y caer en la oscuridad de sus propios miedos y temores.
Es que estaba sola
En su soledad desesperada escuchó el susurro.
Que luego fue un llamado claro. Contundente.
La llamó por su nombre porque la conocía.
Porque sabía de todos sus sueños y también de sus miserias.
Conocía el sabor amargo que le provocaba su soberbia, y también conocía la sonrisa que se dibujaba en silencio en sus ojos.
La llamó por su nombre, oveja perdida.
Y ella acudió al rebaño de su buen pastor como tantas otras veces.

Estaba extraviada, Él la llamo por su nombre y volvió al rebaño.

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