-Me sentí vibrar.
-¿acaso de miedo?
-no
-¿tenés frío? estaba bastante húmedo hoy. ¿o es que...estás enferma?
-no
-hambre, definitivamente. O pienso que tal vez es una de esas malas pasadas del cuerpo donde la presión, y la atmósfera...bueno vos sabés.
-no. Te repito una y mil veces. No. Sin embargo es cierto que mi cuerpo vibraba. Una música mental o del ambiente ya no me acuerdo bien.
-¿no te acordás? ¿y cómo sabes que vibrabas?
-ah. por la sensación. no, por el estado. Yo estuve ahí. Permanecí en vibración. Allí donde el pensamiento se hace hondo. Donde la oscuridad solo puede hablar de la luz, y donde el paraíso parece que fue dejando sus huellas.
-esa imaginación tuya....cualquiera diría qu..
-¿¡qué!?, ¿qué estoy loca? es que te digo. Vibraba. No había ruidos de avenida no, no había cielo, había un firmamento atigresado porque las nubes se estaban disipando, había velocidad, y vapor.
Y era una aventura sin viento pero con el corazón envuelto en un huracán. No había destino, te digo, pero era como si todos los destinos fueran posibles. Era como un paseo. De un turista que va rodando por los rincones de sus recuerdos y sonríe por que el elige la memoria los domingos. Como si el invierno no nos diera miedo, o melancolía.
-¿te drogás acaso?
-no. Sólo salí a andar en bici.
y me sentí vibrar.
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