Como si ese sin tiempo también pudiera meterse en una jaula a sí mismo.
Es que suena una música.
Separo realmente los ingredientes para esa receta de la victoria. Huelo instintivamente la naranja. No sabe a nada.
Y mientras surge la cocina me doy cuenta de lo inmensa que es. Una mansión.
Son mis plantas pienso.
Me imagino un verano. O un sol.
Me auto proyecto a una tarde vacacional para recibir al refugio.
Suena esa canción que nadie escucha, que nadie baila, que nadie conoce.
Y yo, mi budinera y mis ilusiones maternales la escuchamos, la bailamos, la conocemos. Sonreímos y anhelamos volver a ser nosotras mismas.
Deseamos que el espacio deje de ser inmenso. Sembramos prefumes de sahumos y colgamos caras conocidas.
Hacete hogar pronto.
Llenate de historias
Del perfume de un budin de naranja
Llenate de acuarelas, lapices y hojitas para pintar.
Superpoblate de charlas. De confesiones, de velas y rezos.
Hacete hogar pronto, que hoy pinté una mecedora de lectura, arrullo y contemplación.