miércoles, 27 de octubre de 2021

atorrelato vol. IV

Como una suerte de transformación única. Como si atravesar ese umbral que te tenia sumergida flotando en el limbo. El corazón en suspensión, lo más parecido a una tierra árida. Devastada. Rota. 
Como si ese sin tiempo también pudiera meterse en una jaula a sí mismo.
Es que suena una música. 
Separo realmente los ingredientes para esa receta de la victoria. Huelo instintivamente la naranja. No sabe a nada.
Y mientras surge la cocina me doy cuenta de lo inmensa que es. Una mansión. 
Son mis plantas pienso.
Me imagino un verano. O un sol. 
Me auto proyecto a una tarde vacacional para recibir al refugio.
Suena esa canción que nadie escucha, que nadie baila, que nadie conoce.
Y yo, mi budinera y mis ilusiones maternales la escuchamos, la bailamos, la conocemos. Sonreímos y anhelamos volver a ser nosotras mismas.
Deseamos que el espacio deje de ser inmenso. Sembramos prefumes de sahumos y colgamos caras conocidas.
Hacete hogar pronto.
Llenate de historias
Del perfume de un budin de naranja
Llenate de acuarelas, lapices y hojitas para pintar. 
Superpoblate de charlas. De confesiones, de velas y rezos.
Hacete hogar pronto, que hoy pinté una mecedora de lectura, arrullo y contemplación. 



domingo, 17 de octubre de 2021

Autorrelato vol. III

Ah si, alarmas.  El imperio del tiempo. Ese dios que hace rato no domino y del que aparentemente ya no soy amante.
Limbo y respiración aletargada.
En mi cabeza el relato.
Mates. Tomamos unos mates en pijama.
Yo descalza ella en pantuflas.
Ambas rodete.
Tomamos el pulso de nuestra charla con esos breves silencios amigables. Ponemos en la balanza este vínculo. Esta realidad transformadora, arrolladora.
Y tan vital.
Reímos. ¿Algún consejo?
Me auto pregunto cómo habrá hecho.
Me responde. 
Se me escapan algunas ideas posibles. Tanta creatividad, tanto ímpetu. Y tanta devoción. Al cielo y a su refugio. Ah es que nosotras tenemos.
Le digo, que deambulo sonámbula sin destino aparente. 
Le digo que de me escaparon la líneas y se me derrama el color.
Le explico que cargo grilletes de inutilidad. 
Sonríe a media sonrisa. 
Porque sabe. Sabe que detrás de lo inútil, de un cansancio evasor, solo hay una niña frágil de pelos arratonados que no sabe pedir ayuda.  
Y que por suerte le sobran palabras a los ojos cuando no las sabe/puede decir.
Y ahí voy, preguntándome por vez mil porque duele de a ratos más que otros.
Ahi vamos, a cara lavada escondiendo limbos en las esquinas de los ojos.
Ahi vamos madrecita, deseando como tesoros que nuestras charlas sean más que un autorrelato del día de la madre.



miércoles, 13 de octubre de 2021

autorelato vol. II

Empieza el retorno. ¿El retorno? 
¿O es que estamos siempre volviendo?
A la nada. Y al todo.
A lo desconocido, aventura, corazón inquieto. Calma. 
Avanza la caravana a casa. Hay que empezar a habitar. A ella, porque ya hace rato nos habitamos. La caravana es pues. Vamos nosotros. Nuestros anhelos, las ansiedades, los recuerdos y los temores. 
Vuelve nuestra luna de almíbar, llena de souvenires, memoriales de un romance con la tierra del vino y la belleza. (Que alguien se atreva a discutirme a la hermosa cuyana)
Vuelvo. 
Vuelvo yo que fui novia, fui Anne, fui la silenciosa hija, y la huérfana. 
Tuve flores entrelazadas entre mis alborotados pelos, me vesti de princesa de fantasía y realidad. Transité la ficción de la bride to be.
Me dolieron/duelen todos los abrazos que dejé entre las luces festivas de mi propio festival. 
Volvemos, ¿o es que nos estamos yendo siempre?

Ojalá mis hijos tengan tanta imaginación como se es posible.
Sino, no vamos a divertirnos con los relatos de la luna de almíbar. Donde no hubo efervescencia, no hubo show. 
Hubo hogares improvisados, brindis frescos con sabor a todas las ilusiones que me entran en el cuerpo. 
Hubo cielos y vientos de romance.
Y también hubo lágrimas de cocodrilo porque irse y volver es agotador para esta humanidad frágil.