sábado, 27 de noviembre de 2021

Crónicas rotas XXXV

Vislumbraba de a ratos el cielo.
Imaginario, porque los techos le hacían de bendición.
Vislumbraba historias, espacios a descubrir, autorrelatos.
Paseos en bici. Viento huracanado.
Escenas llenas de todos los clichés mentales, musicalizadas con su propio sound tranck. 
Sus dedos jugaban con el pasto. Selva superpoblada de relatos. Rincones verdes atesorados en sus pupilas.
Sonreía, pero su boca no emitía mueca.
Palpitaba pero no había aventura real.
Solo vislumbraba.
Por fortuna lo hacía. 
Vislumbraba océanos en invierno.
Cumbres en primavera.
Ríos de verano.
El crujir del otoño atravesado en sus dos ruedas.
Vislumbraba la poesía que iría a escribir. En un futuro pluscuamperfecto. 
Olía un atelier. Olía a óleos.
Se manchaba con una dulce ficción los dedos con pastel tiza.
Cerró los ojos y se alimentó de todo el oxígeno posible. 


Vislumbró un presente paralizado con su propio palpitar. 
Se vio esclava de su personalidad.
Enajenada nido adentro. 
Donde todo se vislumbra, y nada sucede.

viernes, 26 de noviembre de 2021

poesía fallida IV

El romancero
Que se recrea
Entre el suspiro del cielo
Y el de cuerpo

El hastío
Doloroso
De lo incoloro
De tu existencia

La soledad 
Metafórica y real
Entre el disfrute y la melancolía 
Del presente

El empeño primitivo
De hablar sola
Hacer nido 
Hacia adentro

Lo insólito de un abrazo
Que no está 

domingo, 21 de noviembre de 2021

autorrelato vol. VI

Cuando el corazón estaba prisionero de una supervivencia primitiva. Necesaria. Vital cual bocanada de aire.
Cuando al arte necesitaba contenido, necesitaba pigmento, cielo, natura. Cuando el autorrelato era la minimizacion de esos atisbos ínfimos de luz. Cazados cuál luciérnagas preciosas. Escapistas silenciosas de los que no desean autonarraciones.
Cuando su silencio fue decodificado en las suaves pupilas de su refugio; se aventuraron presurosos sierra arriba. Nómadas a sabiendas de un hogar que transportaban ellos, en sus existencias.
Noviazgo eterno.
Lo necesario en esa franja abrumadora de suelo verde y cielo celeste. No se puede más verde o más celeste.
Se encontraron con una tierra nueva, mariposas, bichos, una marea de ranas, arlequines noctámbulos.
Bell orquesta dialogando con la luna.
Nutrieron la supervivencia de lo nuevo, regada con agua cristal. Regalo de Dios.
Se escaparon algunas lágrimas, tímida acción de gracias por la creación al alcance de una súplica.
El registro de las miles de criaturas, flora y fauna, llevado en los ojos, más verdes cuando se le acumula tanto cielo.
El registro de una carpita prestada, de la hamaca amarilla y un mate atardeciendo.
El registro de lo infinitamente ricos que somos y de lo sabio que es mi marido para planear escapes.
Ojalá me agote de autorrelatos de campamentos en familia.


miércoles, 10 de noviembre de 2021

autorrelato vol. V

Sintió sus dedos al pasar de refilon por su espacio favorito. 
Ya tenia uno. Lo fue desde el día en el que la calidez del encuentro lo vistió de telar. 
Se detuvo perdiendo el tiempo.
En penumbras. Crujian los cielos. 
Se dio cuenta que no eran complementarios. No eran naranja azul.
Eran galaxias, universos, distancias.
Desiertos. Libertades. 
Eran alas. Represa y río arriba. Eclosión. 
Sintió un poco de su alma habitar.
A sabiendas de no ser azul, ni naranja.
A razón de ser uno, y amar a un otro. 
A su galaxia, a su desierto, a su universo, a su libertad.
A su encuentro, donde nunca se sintió mejor.