Ya tenia uno. Lo fue desde el día en el que la calidez del encuentro lo vistió de telar.
Se detuvo perdiendo el tiempo.
En penumbras. Crujian los cielos.
Se dio cuenta que no eran complementarios. No eran naranja azul.
Eran galaxias, universos, distancias.
Desiertos. Libertades.
Eran alas. Represa y río arriba. Eclosión.
Sintió un poco de su alma habitar.
A sabiendas de no ser azul, ni naranja.
A razón de ser uno, y amar a un otro.
A su galaxia, a su desierto, a su universo, a su libertad.
A su encuentro, donde nunca se sintió mejor.
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