sábado, 27 de noviembre de 2021

Crónicas rotas XXXV

Vislumbraba de a ratos el cielo.
Imaginario, porque los techos le hacían de bendición.
Vislumbraba historias, espacios a descubrir, autorrelatos.
Paseos en bici. Viento huracanado.
Escenas llenas de todos los clichés mentales, musicalizadas con su propio sound tranck. 
Sus dedos jugaban con el pasto. Selva superpoblada de relatos. Rincones verdes atesorados en sus pupilas.
Sonreía, pero su boca no emitía mueca.
Palpitaba pero no había aventura real.
Solo vislumbraba.
Por fortuna lo hacía. 
Vislumbraba océanos en invierno.
Cumbres en primavera.
Ríos de verano.
El crujir del otoño atravesado en sus dos ruedas.
Vislumbraba la poesía que iría a escribir. En un futuro pluscuamperfecto. 
Olía un atelier. Olía a óleos.
Se manchaba con una dulce ficción los dedos con pastel tiza.
Cerró los ojos y se alimentó de todo el oxígeno posible. 


Vislumbró un presente paralizado con su propio palpitar. 
Se vio esclava de su personalidad.
Enajenada nido adentro. 
Donde todo se vislumbra, y nada sucede.

No hay comentarios:

Publicar un comentario