domingo, 21 de abril de 2019

Crónicas rotas XXIII

¿Viste ese miedo, como paranoia, como pánico?

Bueno, eso sentía.
Le parecía una paradoja muy desesperante pensar que se podía.
"El cuerpo no está preparado" se repetía hasta el cansancio encerrada en ese minúsculo baño de avión.
No entendía el sopor somnoliento que les generaba el vaivén para nada agradable a los demás.
Hay sol. Hay nubes. Hay viento. Y debajo de todo eso, la tierra firme o tal vez, si uno es muy afortunado, un océano.
Digamos que no le generaba más que una inquietud. Una angustia insuperable. Su cuerpo estaba milimetricamente preparado para el tiempo que se le pedía. Esto tiene un límite. Le sudaban las manos cada vez que lo pensaba. Revisaba lo que su instinto básico de supervivencia le indicaba.
Sentía el latido de su corazón en acelere.
Se acurrucaba sobre sí misma para evitar sabe que apocalíptica conmoción en su alma. Porque vamos, esto se trata del alma no del cuerpo.
Aunque...el cuerpo siente. Siente la respiración, siente ese perfume único. Perfume con una marca, un costo, hasta una publicidad. Pero que se ha transformado en una persona, en un recuerdo y en una ilusión. Qué misterio.
Se vio entonces, anonadada de si misma. Sometida al imperio de las nubes y de un vuelo que duraba un tiempo que ella no sabía medir. Se le escapaban las horas que tan bien había planeado, se le rebelaba el alma de golpe.
Y sin más, encontró en los bordes de sus ojos tercos unas tímidas lágrimas saladas que se deslizaron por el tobogán de sus cachetes. Algunas se quedaban en sus hoyuelos divertidas, otras morían en las comisuras de sus labios.
La sumergió un pensamiento como en un agujero negro.

¿Viste ese miedo, como paranoia, como pánico?

Si ¿a qué?
A volar. Y a amar.

Estaba sentada en el 25D, volando, en un menudo avión de Andes, jugando entre las nubes de una tormenta que corría veloz hacia las sierras.
Estaba sentada llorando de amor porque le tocaba volver.

Volando.
Amando.

sábado, 20 de abril de 2019

La luz

Nigerrimo.
En oro negro sumergido el hombre, y con él, la humanidad entera.
Sumergido en lo más subterráneo de sus miserias, iba navegando nauseabundo en su propia pestilencia. Iba pidiendo perdón. Iba esperando.
La esperanza.
Iba el hombre suplicando se hiciera el día.
Temor. Tristeza en la carne. El alma plomiza pesada ya no sabía de súplicas. Había agotado sus fuerzas y ante ella la muerte.
La soledad. La desgraciada condición del egoísmo. El sonido exasperante de la respiración. La soledad. Entre las paredes frías se derraman lágrimas de derrota; ha vencido el imperio. De tu soberbia Pilato, de tu negación Pedro, de tu traición. Judas.
La muerte.
Se acelera el corazón, quiere morir de pánico porque la muerte lo persigue. Paranoia de soledad.
Devorado por la noche el hombre se esconde. No le caben tristezas en el cuerpo, es desesperación. Agitación. Angustia. Se retuerce hundido en su soledad.
Cierra los ojos y ya no sabe de plegarias.
Los entreabre porque algo lo increpa.
Vigilia.
La Madre mirando al niño. Mirando luego al hombre morir. Madre pedagogía. Madre educadora. Madre amor.
Madre mujer. Mujer comunicación. Mujer templo. Mujer. Esperando. A la Luz.
Frente a este monumento a la derrota se asoma con cautela el misterio más grande e inmenso que la humanidad supo tener.
Poseedora de toda su majestad. La luz.
Victoriosa se eleva. Destronando el imperio de la soledad.
Haciendo añicos a su paso al dolor. Restableciendo el orden. Dando principio y fin a tu existencia. Dotando de sentido a la cruz. Iluminando tu ignorancia de pecador. Haciendo posibles todas las cosas. Haciendo nuevo el universo entero.
Renovación.
El triunfo.
Y el reencuentro.
La luz acercó al alma del hombre el tesoro  que ya disfrutan algunos. Y en común unión los sentimos cerca.

El mismísimo sol se rinde ante la luz del resucitado. Y el alma no sabe de gozo más grande, que saberse renovada.

Porque su propia existencia ha salido de la ultratumba, y su respirar tiene sentido.

Porque cada año, cae esa noche superpoblada de misterio. De los susurros de los angeles que esperan la noticia. Aquella noche de vela y angustia. De no saber pero presentir. Aquella noche dónde los hombres en sus miserias dieron por perdido su propio destino.
Se resignificó la humanidad entera, y el cielo nunca fue más celeste, ni la aurora fue nunca tan bienvenida.

De las heridas irreparables florecieron y dieron brotes nuevos.
Las aves elevaron una alabanza en éxtasis.

Y la luz iluminó con su esplendor eterno tu alma de hombre. Para sacarte de las tinieblas y abrazarte en la llama de su amor.

Nigérrima noche de espera para la venida renovadora de la Luz.

Alégrate, humanidad toda, que la vida tiene sentido, razón, y destino nuevo.

En la eternidad. Dónde brilla la luz que no tiene fin.

domingo, 14 de abril de 2019

Renovación

Cómo si se tratara de un desierto
Deambula sonámbulo
El hombre
Perdiendo todo aquello más profundo
Amenazando el tiempo
Tiempo de perdón
Tiempo interior
Cómo si se tratara de una tormenta
El cielo se cierra a sus ojos
Lo envuelve la noche
Su propia noche
Cómo si se tratara de un nuevo amanecer
Qué año año lo asombra
Asombro de creatura
Asombro del Creador
Con esta disposición
El tiempo vuelve a correr
El calendario se dispone
El hombre despierta de su letargo

|...|

Cómo si se tratara de un rey
Con apariencias reales
Coronado en otro tiempo
Entra en la ciudad de los hombres
Porque el día es hoy
Presente sanador
He aquí los dolores de la humanidad
Cómo si se tratara de un rey cargando su poder
Madero
El hombre contempla
Disposición interior
Súplica y anhelo de su reinado
Cómo si se tratara de la suspensión del tiempo y del espacio
El cielo se detiene
Se ahogan los llantos
El corazón por un instante en silencio
Las pupilas se estallan
Ante la visual de lo eterno
Cómo si se tratara de una vez absolutamente nueva
El hombre agradece
Llora
Y ríe a su vez
Porque de su costado brotó el suero sanador
Y la Palabra abrió el firmamento
Cómo si se tratara de un desierto
Despierta
El hombre
Al amor de tu Resurrección

martes, 2 de abril de 2019

Memoria

La historia es a veces caprichosa. Algo incomprensible.
Amanece un día mas. Alegría para los que necesitan un descanso.
Hoy descansamos.
Reposan nuestros pensamientos en tantas banalidades lejanas y no tanto. No es cuestión de desmerecer las preocupaciones diarias. Pero la cabeza inevitablemente me amanece lejos.
Se asoma en mi horizonte hogareño casi por malvada casualidad, el faro. De la soberanía.
Inevitablemente otra vez la sangre se tensiona.
Empieza a pesar el alma.
Es que la Patria está en el espíritu. El llamado al amor que heredamos de la tierra de nuestros padres.
La herencia de que recibí de los ojos verdes de mi mamá. Y la que hoy me increpa más aun. Por el valor y la responsabilidad desinteresada y generosa del héroe nacional que yo con cariño familiar digo papá.
La mala historia se olvida. O elije de qué se quiere olvidar.
Quieren sepultar la memoria más noble de un hombre que entrega su vida por un ideal magnánimo. Qué en el frente invocó a Dios. Qué se abrazó fusionándose con sus camaradas. Y que vela por los luceros que quedaron en firme custodia del suelo argentino.
Hoy descansamos y hacemos memoria. Qué tanto nos gusta hacer.
Memoria en homenaje. Elevamos los ojos al cielo, ese mismo que alguna vez vio tu valor de soldado.
Memoria de gratitud. Acción de gracias a tu coraje, cosa extinta hoy donde nadie pone su vida por un ideal noble.
Memoria de responsabilidad. Frente a tu entrega.
Hoy descansamos de lo ordinario y nos sumergimos en lo extraordinario de la gesta.

No hay nada más bajo, cobarde, ingrato y pirata que arrancar de la sangre el amor a la Patria.

A la memoria de todos los valientes patriotas.

¡Prohibido olvidar a la gloriosa perla austral!

lunes, 1 de abril de 2019

Retorno


"[...]Porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."

Hacía un tiempo que lo contemplaba. Horas. Existencia propia donada en el amor más grande.
¿Donada?
Contemplaba sus fugaces rulos asomándose tímidos en su cabecita. Contemplaba sus primeras pecas.
Contempló muchas de sus horas de sueño, con el simple propósito de tan solo estar. En su vida. En su camino.
El peso de su responsabilidad de transformaba en esa vigilia en amor.
Vigilando velando donándose.
Desapareciendo y resurgiendo en esta nueva condición de corazón compartido.
Hacía ya un tiempo que vio sus redondas manos buscar sus dedos. Vio sus ojos cerrarse. Sus pestañas se abrazaron entre sí profundamente. Vigilaba el compás leve de su respiración. ¿Donación?
Lo vio lentamente arrastrar la tierra con su gateo infante. Se asomaron risas inquietas. Exitación. Regocijo. Y su corazón renovado en este nuevo traje estaba pleno. Donándose. ¿Don?
Hacía un tiempo en el que sus pecas no sonreían con facilidad y se asomaba su tormenta temperamental por el abismo de sus ojos. Ya no te quieren donación. Ya no sirves. Ya no te necesitan. Nadie quiere tu regalo. ¿Donado?
Hacía un tiempo que contemplaba el horizonte seco y áspero. Sin silueta alguna más que la ilusión de tu retorno. Hacía un tiempo que la donación esperaba, que el corazón vigilaba. Sus ojos escrutaban la lejanía preguntandole todos los dónde, cómo, por qué, quién.
Erigido recortando esa lejanía lo vio. Hacía tiempo que lo contemplaba. Vio sus rulos temperamentales desordenarse en el viento sin intención alguna. Y su existencia tambaleante en carrera se dirigía hacia él. Lo vio desaparecer del firmamento. Lo vio tropezar. Caer. Dolerse. Llenarse de polvo. Sumergirse en las tinieblas. Vacío. Lo vio rechazarlo. Escupirle palabras de desprecio. Lo vio negarlo. Contempló su repugnancia.
Vio sus pecas bañadas de tierra y pantano. Vio su magnífica mirada perder su sol.

Hacía tiempo que lo esperaba. Hacía tiempo que la donación de amor firme e inmensa estaba esperando su retorno.
Hacía tiempo que se había revestido con los ropajes de la misericordia. Hacía tiempo que el Padre lo estaba esperando. Volver.

Dulce retorno a la donación de amor. Qué siempre espera, la vuelta a Casa.