lunes, 1 de abril de 2019

Retorno


"[...]Porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."

Hacía un tiempo que lo contemplaba. Horas. Existencia propia donada en el amor más grande.
¿Donada?
Contemplaba sus fugaces rulos asomándose tímidos en su cabecita. Contemplaba sus primeras pecas.
Contempló muchas de sus horas de sueño, con el simple propósito de tan solo estar. En su vida. En su camino.
El peso de su responsabilidad de transformaba en esa vigilia en amor.
Vigilando velando donándose.
Desapareciendo y resurgiendo en esta nueva condición de corazón compartido.
Hacía ya un tiempo que vio sus redondas manos buscar sus dedos. Vio sus ojos cerrarse. Sus pestañas se abrazaron entre sí profundamente. Vigilaba el compás leve de su respiración. ¿Donación?
Lo vio lentamente arrastrar la tierra con su gateo infante. Se asomaron risas inquietas. Exitación. Regocijo. Y su corazón renovado en este nuevo traje estaba pleno. Donándose. ¿Don?
Hacía un tiempo en el que sus pecas no sonreían con facilidad y se asomaba su tormenta temperamental por el abismo de sus ojos. Ya no te quieren donación. Ya no sirves. Ya no te necesitan. Nadie quiere tu regalo. ¿Donado?
Hacía un tiempo que contemplaba el horizonte seco y áspero. Sin silueta alguna más que la ilusión de tu retorno. Hacía un tiempo que la donación esperaba, que el corazón vigilaba. Sus ojos escrutaban la lejanía preguntandole todos los dónde, cómo, por qué, quién.
Erigido recortando esa lejanía lo vio. Hacía tiempo que lo contemplaba. Vio sus rulos temperamentales desordenarse en el viento sin intención alguna. Y su existencia tambaleante en carrera se dirigía hacia él. Lo vio desaparecer del firmamento. Lo vio tropezar. Caer. Dolerse. Llenarse de polvo. Sumergirse en las tinieblas. Vacío. Lo vio rechazarlo. Escupirle palabras de desprecio. Lo vio negarlo. Contempló su repugnancia.
Vio sus pecas bañadas de tierra y pantano. Vio su magnífica mirada perder su sol.

Hacía tiempo que lo esperaba. Hacía tiempo que la donación de amor firme e inmensa estaba esperando su retorno.
Hacía tiempo que se había revestido con los ropajes de la misericordia. Hacía tiempo que el Padre lo estaba esperando. Volver.

Dulce retorno a la donación de amor. Qué siempre espera, la vuelta a Casa.

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