¿Viste ese miedo, como paranoia, como pánico?
Bueno, eso sentía.
Le parecía una paradoja muy desesperante pensar que se podía.
"El cuerpo no está preparado" se repetía hasta el cansancio encerrada en ese minúsculo baño de avión.
No entendía el sopor somnoliento que les generaba el vaivén para nada agradable a los demás.
Hay sol. Hay nubes. Hay viento. Y debajo de todo eso, la tierra firme o tal vez, si uno es muy afortunado, un océano.
Digamos que no le generaba más que una inquietud. Una angustia insuperable. Su cuerpo estaba milimetricamente preparado para el tiempo que se le pedía. Esto tiene un límite. Le sudaban las manos cada vez que lo pensaba. Revisaba lo que su instinto básico de supervivencia le indicaba.
Sentía el latido de su corazón en acelere.
Se acurrucaba sobre sí misma para evitar sabe que apocalíptica conmoción en su alma. Porque vamos, esto se trata del alma no del cuerpo.
Aunque...el cuerpo siente. Siente la respiración, siente ese perfume único. Perfume con una marca, un costo, hasta una publicidad. Pero que se ha transformado en una persona, en un recuerdo y en una ilusión. Qué misterio.
Se vio entonces, anonadada de si misma. Sometida al imperio de las nubes y de un vuelo que duraba un tiempo que ella no sabía medir. Se le escapaban las horas que tan bien había planeado, se le rebelaba el alma de golpe.
Y sin más, encontró en los bordes de sus ojos tercos unas tímidas lágrimas saladas que se deslizaron por el tobogán de sus cachetes. Algunas se quedaban en sus hoyuelos divertidas, otras morían en las comisuras de sus labios.
La sumergió un pensamiento como en un agujero negro.
¿Viste ese miedo, como paranoia, como pánico?
Si ¿a qué?
A volar. Y a amar.
Estaba sentada en el 25D, volando, en un menudo avión de Andes, jugando entre las nubes de una tormenta que corría veloz hacia las sierras.
Estaba sentada llorando de amor porque le tocaba volver.
Volando.
Amando.
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