La historia es a veces caprichosa. Algo incomprensible.
Amanece un día mas. Alegría para los que necesitan un descanso.
Hoy descansamos.
Reposan nuestros pensamientos en tantas banalidades lejanas y no tanto. No es cuestión de desmerecer las preocupaciones diarias. Pero la cabeza inevitablemente me amanece lejos.
Se asoma en mi horizonte hogareño casi por malvada casualidad, el faro. De la soberanía.
Inevitablemente otra vez la sangre se tensiona.
Empieza a pesar el alma.
Es que la Patria está en el espíritu. El llamado al amor que heredamos de la tierra de nuestros padres.
La herencia de que recibí de los ojos verdes de mi mamá. Y la que hoy me increpa más aun. Por el valor y la responsabilidad desinteresada y generosa del héroe nacional que yo con cariño familiar digo papá.
La mala historia se olvida. O elije de qué se quiere olvidar.
Quieren sepultar la memoria más noble de un hombre que entrega su vida por un ideal magnánimo. Qué en el frente invocó a Dios. Qué se abrazó fusionándose con sus camaradas. Y que vela por los luceros que quedaron en firme custodia del suelo argentino.
Hoy descansamos y hacemos memoria. Qué tanto nos gusta hacer.
Memoria en homenaje. Elevamos los ojos al cielo, ese mismo que alguna vez vio tu valor de soldado.
Memoria de gratitud. Acción de gracias a tu coraje, cosa extinta hoy donde nadie pone su vida por un ideal noble.
Memoria de responsabilidad. Frente a tu entrega.
Hoy descansamos de lo ordinario y nos sumergimos en lo extraordinario de la gesta.
No hay nada más bajo, cobarde, ingrato y pirata que arrancar de la sangre el amor a la Patria.
A la memoria de todos los valientes patriotas.
¡Prohibido olvidar a la gloriosa perla austral!
No hay comentarios:
Publicar un comentario