Corren carnavalezcos, juegan y fabrican destinos.
Y se deshacen. Se desvanecen mágicamente.
Y destruyen castillos del cielo.
Pues no hay medida para lo eterno.
¿Y para la ausencia?
Tampoco son centímetro para el dolor.
Con sigilo conspirativo van, roedores, deglutiendo los minutos y las horas.
A su paso dejan marcas, secuelas imborrables.
Deshacen lo eterno y dejan marcas sin tiempo.
Eternas.
Se arraigan con tanta violencia que al eco de la pregunta se derrumba la esperanza.
¿Tenés tiempo?
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