Abriéndose este camino por momentos serpiente, por momentos elevación, por momentos descenso.
Interrumpiendo el paisaje, cual oveja perdida y atenta. Con el corazón pesado, agobiado, con aliento a ciudad.
Caminando, iba riendo, oveja extraviada.
Y de vez en cuando se sentía la gracia de aquella pintura.
Irrumpiendo en el arte del Creador. Caminando con indiferencia. Oveja perdida.
Pero qué astucia la del Artista.
Dejando entre curvas asomarse unos claros de lo inmenso. De su bondad y gratitud, pues nada te hacía acreedora.
De su donación.
Salpicó vestigios de lo eterno.
Se dejó ver en el sol y en esas montañas brumosas haciendo de bambalinas a la caminata.
Te asaltó la imagen del pastor. De su sencillez.
De su paseo a lomo de mula. Rescatando ovejas.
Yendo a tu encuentro.
Se te escaparon algunas Ave María.
Se escurrió de tu aliento un suspiro. De corazón extasiado, y de petición.
Los pasos se transformaron como tu alma en plegaria, petición.
Oveja perdida y porfiada.
Y pequeña. Tan mínimamente ínfima ante tan generoso pastor.
Contemplando con dicha la imagen del pastor con olor a pastor. Pidiéndole. Elevándo algunos garabatos de oración, porque las ovejas rezan con torpeza.
Con un cansancio bien lindo.
Esperando que el agua de la gracia del Pastor nos renueve.
Pues «La gracia de Dios es como la lluvia que a todos moja.»
domingo, 22 de septiembre de 2019
Pastor con olor a Pastor
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario