jueves, 9 de abril de 2020

Aquella noche

La noche llena de romances hoy tenebrosa y espesa. Manto aterciopelado con el que reviste sus vanidades.
Olor de abandono deambulando por las calles de la festiva ciudad.
Silencio de tumba.
Esa noche embriagada de sus bajezas. Borracha de soberbia y ambiciones.
Se burlaba sensual de tu soledad. De sus miedos. Susurraba bífida: te han abandonado. Las ovejas que rescataste te han abandonado.
El susurro se vuelve eco y retumba entre todas esas puertas cerradas.
Selladas.
La noche se ríe a carcajadas desplegando todo su pecaminoso misterio.
La desborda la ansiedad y se iluminan con intensidad los luceros.
Goza, la noche. Se regodea maliciosa con el escenario paupérrimo y patético del abandono.
Tiembla, noche emocional y exitada. Se la escucha exclamar el grito e irrumpe cínicamente: ¡Te han abandonado! Promesa de Vida les has dado tanto y tanto aún más hoy, y ellos se han escondido.
Chilla la noche y gime escandalosa por qué no contiene su emoción.
Cuál soberana se despliega envolviendo en su avinagrada penumbra al Misterio. 
Lo abraza y le acompaña el paso. De a ratos se revuelve nerviosa y suelta un alarido de victoria.
Clama sensual aquella noche celebrando el abandono, el miedo, la infidelidad y el desamor.
Pero este festival de dolor cesa. Se paraliza a las sombras y sus gritos de siniestra celebración. Tenebroso manto soberbio en tenso silencio se ha quedado sin aliento. Sus fauces no exhalan.
Se ha muerto su burla y ya no escupe risotadas viscerales. 
La noche llena de romances.
La noche más escandalosa.
La noche y el Misterio.
Perdió su condición de nigérrima frente a un corazón frágil que encendió una vela. 
Y espera.
En heroica vigilia.
Y acompaña, a Aquel que han abandonado.


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