Olor de abandono deambulando por las calles de la festiva ciudad.
Silencio de tumba.
Esa noche embriagada de sus bajezas. Borracha de soberbia y ambiciones.
Se burlaba sensual de tu soledad. De sus miedos. Susurraba bífida: te han abandonado. Las ovejas que rescataste te han abandonado.
El susurro se vuelve eco y retumba entre todas esas puertas cerradas.
Selladas.
La noche se ríe a carcajadas desplegando todo su pecaminoso misterio.
La desborda la ansiedad y se iluminan con intensidad los luceros.
Goza, la noche. Se regodea maliciosa con el escenario paupérrimo y patético del abandono.
Tiembla, noche emocional y exitada. Se la escucha exclamar el grito e irrumpe cínicamente: ¡Te han abandonado! Promesa de Vida les has dado tanto y tanto aún más hoy, y ellos se han escondido.
Chilla la noche y gime escandalosa por qué no contiene su emoción.
Cuál soberana se despliega envolviendo en su avinagrada penumbra al Misterio.
Lo abraza y le acompaña el paso. De a ratos se revuelve nerviosa y suelta un alarido de victoria.
Clama sensual aquella noche celebrando el abandono, el miedo, la infidelidad y el desamor.
Pero este festival de dolor cesa. Se paraliza a las sombras y sus gritos de siniestra celebración. Tenebroso manto soberbio en tenso silencio se ha quedado sin aliento. Sus fauces no exhalan.
Se ha muerto su burla y ya no escupe risotadas viscerales.
La noche llena de romances.
La noche más escandalosa.
La noche y el Misterio.
Perdió su condición de nigérrima frente a un corazón frágil que encendió una vela.
Y espera.
En heroica vigilia.
Y acompaña, a Aquel que han abandonado.
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