sábado, 25 de abril de 2020

Microrrelato de Cuarentena


Ese sábado gris, despierta, con el movimiento aletargado de una rutina mezclada, interminable, incierta.
No llega a despabilarse, pero se mueve. De desplaza con la torpeza espasmódica de un púber.
El día sin tiempo porque cuando llueve se mezclan las horas y las mañanas son una noche eterna. En suspensión.
Como la sensación que abriga tu alma. Suspenso. Parálisis.
¿y si paralizamos el ruido? ¿Si detenemos las gotas de agua redondas que bajan con ira sobre la tierra? ¿Si suspendemos los deberes un segundo y abrazamos esta condición de sueño?
Entonces la respiración va pausándose. Te da vergüenza quebrar la atmósfera con tu existencia.
Y la mirada sabatina se detiene, y atraviesa los deberes pixelados del agobio. Esa pasión tan cercana al hastío hoy.
Se te escapa el cuerpo, se moja cosquilleante por la garúa. Bella tormenta quien hubiera dicho calma.
Y el espíritu se zambulle entre los majestuosos gigantes otoñales que se han levantado mientras no te dabas cuenta, porque suspendiste.
Suspendiste el alma y nos los viste. Brotar.
...
Que dicha con la que se despierta ese sábado gris que puso en suspenso todo. Menos la contemplación. De la creación.

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