miércoles, 27 de mayo de 2020

Limbo


Atendiendo otra vez a la propia interioridad, reflexiono. No los invito a acompañarme porque el viaje puede ser interminable y de lo más caótico.
Si se atreven.
Esta vez, las ideas nacen de la fase 3, porque ciertamente el tiempo se mide en fases. Y en picos.
No hablo de los picos frutos del agobio laboral, o de los picos helados de las altas cumbres que reportan el cielo austral, o cordillerano. Y menos hablo de la expresión noventera para el contacto fugaz y adolescente entre dos posibles desconocidos. Hablo de la Pandemia.
Vuelvo entonces: en este tiempo de fase tres y a la espera del pico me siento igual de agobiada que en la fase 1. Pero algo extraño que procede de alguna emoción subterránea me conmueve. ¿Es una suerte de costumbre acaso? Puede ser, de alguna manera nuestra voluntad se va sometiendo al limbo de lo incierto. Algunos nos rendimos a la pausa obligada y de vez en cuando nos sublevamos en contra de los pospuesto. Y lo empezamos a planear claro.
O seguimos haciéndolo.
Es que la fiebre no es por un virus. La fiebre es el letargo en el que esta quietud te sumerge.
En aquella lejana y oscura fase 1 fuimos absorbidos por la hiper, la hiper actividad, la hiper ansiedad, la hiper angustia, el hiper acopio. Y si me sale de adentro la historia, la hiper inflación que siempre se avecina.
En fase 2 y 3 las cosas son diferentes. Limbo.
Nada es espontáneo, nada se siente tanto, más que el miedo. Propio, me confieso. Pero ilógico.
TODO lo pausado tiene sólo una cosa en movimiento. Y es la planificación a cómo sobrevivir. En el limbo.
Nos enredamos entonces en las suaves telarañas de una lógica sin lógica. Hablamos de lo anormal como normal y el cielo dejó de ser celeste. Apelamos a un discurso de que “la cuarentena arruina todo” ¿o es qué ya estábamos arruinados?
En medio de este fatalismo cósmico y dramático que bien me sale. Suspiro.
Y miro las luces de colores que se espejan en la pared de mi living, oficina, sala de reuniones y de descanso, altar de oración y también aula.
Me distraigo con lo que ellas producen: destellos. De color. De cristal. De luz. De sol. De Creación. De Alianza. Se me va el alma pensando en el puente arcoíris que trazó el Padre. Se me va, se escapa. Suspira y llora el alma de manera incontenible e inexplicable cuando siente las hojas ancianas crujir debajo se mi rodado 26 que tanto amo. Y extraño.
En la fase 3 los que salen son irresponsables. Los que no salen son paranoicos.
En la fase 3 hablamos de lo legal e ilegal, del Estado como una suerte de Gran Hermano protector. ¿es qué acaso el Estado no DEBE SIEMPRE protegernos? Y ahora nos preguntamos, ¿y el estado de derecho? Ahora nos queremos hacer juristas de nuestra propia ley.
¿O es que siempre lo fuimos?
Pero cuando despierto, cuando me veo sometida a la razón de esta cabeza insoportable, me olvido del estado, de la ley, y me someto al imperio de lo que nos despabila del limbo.
Al imperio del contemplar. Donde el espíritu se eleva, se vuelve fuego, y el alma se dilata tanto que no entra no cabe.
No sé qué fase viene, supongo que la 4. Pero tengo una certeza.
Definimos limbo:
limbo.
(Del lat. limbus).
1. m. Lugar o seno donde, según la Biblia, estaban detenidas las almas de los santos y patriarcas antiguos esperando la redención del género humano.
2. m. Lugar adonde, según la doctrina tradicional cristiana, van las almas de quienes, antes del uso de la razón, mueren sin el bautismo.
3. m. Borde de una cosa, y especialmente orla o extremidad de la vestidura.
(otras)

La fase 3 no trajo de nuevo los altares, trajo egos; la redención ya no está en mirar y dialogar con la Cruz. Trajo escapismos azucarados que encontramos los mortales en algún que otro portal de internet.
Trajo almas errantes que van en la búsqueda de una felicidad tan exageradamente iluminada. Siempre que venga de la mano de alcohol en gel, un barbijo y distancia social. En el limbo la felicidad es terminar una serie, es ser fit, es cocinar muchas cosas, ser hábil y creativo para mantener en armonía mis chakras pero también la dinámica de los seres con los que convivo. A los que invariablemente solo eran escogidos de 6 a 9am y de 20 a 23pm.
En el limbo, no hay movimiento. Parálisis espiritual. Muerte.
En el limbo vivimos en ese filo agudo donde somos y no somos. Donde hemos perdido lo espontáneo de salir a dar gracias y derramar lágrimas de dicha.

Esta es mi certeza. Del limbo sólo se sale siendo hombres.
Haciendo lo más propio de nuestra majestuosa condición humana Imago Dei.
Del limbo se sale contemplando.
Y habitando el misterio.

Espero (el eufemismo de la cuarentena) que la fase que sea, me encuentre con el alma conmovida. Tanto que el encierro no signifique más que la apuesta renovadora a que la humanidad ya supo de limbos y también de redención.

viernes, 22 de mayo de 2020

Poesía fallida II

De aquel otoño
De te
De flores. De gozo.
Gozo visceral. Pues gozo profundo
Del corazón empachado
De la mente sumergida en un agua cristalina y sabia.
Del cuerpo mutando como los árboles
Volviéndose oro.
Muriendo un poco al febril verano.
Dejando atrás lo pasajero.
Esa alegría lacónica y pueril de los amores que trajo el océano
***
De aquel otoño
De lanas.
De manos envejecidas.
De las caricias rústicas que sólo surgen del impulso.
Del impulso sereno y que desborda.
De la mutación.
De esa piel que madura, en riqueza.
Dibujando raíces.
Soñando despierta.
***
Sonámbula de aquel otoño.
En el que leímos salvo el crepúsculo
Entre tejidos multicolor
Hasta que el suelo se agrietó
Y fue invierno.

lunes, 18 de mayo de 2020

Poesía fallida I

De esos momentos, donde mi casa se pone rosa. 
Al alma le pesan los segundos. 
Quisiera traer ese perfume a mate o a café. Quisiera que ese fuego de lo que se quema de fondo en la hora de las brujas se meta entre mis pies y me abrigue.
Porque anochece más temprano, al día ya le da pereza sonreír tanto. 
Y porque las estrellas se adueñan del firmamento. Precoces. 
Y se me escapa la poesía de los labios. O de la mente. 
Se apagan los árboles de otoño y tu ausencia se robó Mayo. 
Cuando mi casa se pone rosa y sabe un poco a tragedia. 
Melancolía que bien supo ser poética. Hoy es solo el hastío recurrente de lo incierto. O de lo único cierto. 
Que te extraño.

miércoles, 13 de mayo de 2020

CREO

{Este relato fue escrito originalmente el 28 de mayo de 2013.



Fruto de algún diálogo interno, de alguna lucha, frente al sagrario}
Creo. Susurro. Mi voz es la que susurra.
Creo Señor. Fe…
Creo a pesar del dolor, del agobio, del cansancio.
Enciendo mi voz subterránea, esa conexión que reflota muy de madrugada, o baja silenciosa por las noches en el sigilo de una vigilia inesperada.
Esta voz que recrea para mí, las más terribles penas, esta conciencia es la misma que continúa el trazo invisible de mis memorias.
CREE. Predica imperativa. Tú, miseria, cree. Cree porque has sido hecha para creer.
Tú humanidad, ¡cuestiónalo! Porque encontrarás respuestas. Tú, mujer de pocos amores, ¡exígele! Porque El es toda generosidad. Tú, desdichada, ¡cuéntale! Porque su promesa sanará tus heridas
¡grita voz interior! Que hay muchos ruidos en esta alma.
Dudás. Dudás porque has sido creada para creer y para pensar. Pero tu ímpetu te obliga a dudar, que arrogancia la tuya.
Gritás en duelo sigiloso y oscuro. Estás en soledad a pesa de que todos los orantes te acompañan.
Estás en soledad esperando casi agonizando. Casi mortecina tu mirada se arroja hacia el suelo.
No te eleves, te dice la voz, no te eleves porque eres demasiado poco para que tus ojos se encuentren con los suyos. Toda Magdalena querés creer en su perdón.
No pierdas el tiempo, dice, que los segundos viven y corren abrumadoramente casi a una velocidad translúcida. Y el mundo espera, tus deberes esperan, tus reuniones, tus trabajos, tus anhelos de hombre.
Yo misma me digo ¿qué hago? ¿Qué he hecho?
No te siento, no te entiendo, no te comprendo. Pero tu magnetismo me deslumbra. Es que eres magnífico.
¿Qué es lo que ves?
Pregunta con deliciosa maldad.
Veo silencio, veo oración, veo plegaria, veo mentes apagadas, veo abandono.
No mujer ¡¿qué es lo que ves?!
Eleva tu mirada hacia el misterio, hacia el milagro, hacia el Acto puro, hacia tu Dios.
Elévate que pronto, y en silencio toda su divinidad se hará visible, palpable. Elévate que te estuvo esperando, que pide le cuestiones, que le exijas, que le cuentes, que lo ames.
Estuvo ahí, Trinitario, desde siempre, siendo puro amor, siendo pura entrega, siendo todo cruz, toda esperanza.
Eleva los ojos y encuétrate. Encuéntralo en tu inquietud, corazón, has sido hecho para la gloria.
No te conformes, inquietud, ¡busca! Que aún no dimensionas a tu Dios.
Se calla la voz. Se vuelve plegaria.
Sal Señor, digo, sal de tu morada porque me hiciste para Vos, y mi corazón está inquieto, hasta que descanse en Vos.
No tengas miedo me dijiste, y nada me turba.
Ya no hay tiempo, somos sólo vos y yo. Y te desplazas majestuoso al encuentro con mi humanidad hecha polvo y esperándote.
Porque aquí me tienes, deshecha y en soledad, comprendiendo con todos los sentidos, amando con el alma toda, y adorando al que todo lo redime y todo lo transforma.
Creo, susurro al Cristo Eucaristía, ¡pero aumenta mi fe!

domingo, 3 de mayo de 2020

Microrrelato de cuarentena

Seducido por la textura de su integridad, la firmeza de su cuerpo.
Curvas y contracurvas.
La perfecta redondez de algunos vértices.
Percibe ya mas de cerca a su boca el perfume tan único. Fuerte, demoledor, exitante. Sensual. Se le hace irresistible controlar su instinto.
Y la posee. La hace suya. La devora con devoción. Siente que es escasa. Que hace tanto que la anhela.
Se sumerge en un extasis único. Aprieta su cuerpo contra el paladar y explota.
Fusión de su humanidad, han dejado de ser dos.
Y ella explora toda su boca, deambula dejando rastros de su existencia. Saboreando también su propia entrega.
Se deja poseer. Casi que sin opción. Va deshaciéndose.
Y cuándo esta marea ácida de placer ya no queda. La traga.

Se comió un mogul extreme en plena cuarentena.