Al alma le pesan los segundos.
Quisiera traer ese perfume a mate o a café. Quisiera que ese fuego de lo que se quema de fondo en la hora de las brujas se meta entre mis pies y me abrigue.
Porque anochece más temprano, al día ya le da pereza sonreír tanto.
Y porque las estrellas se adueñan del firmamento. Precoces.
Y se me escapa la poesía de los labios. O de la mente.
Se apagan los árboles de otoño y tu ausencia se robó Mayo.
Cuando mi casa se pone rosa y sabe un poco a tragedia.
Melancolía que bien supo ser poética. Hoy es solo el hastío recurrente de lo incierto. O de lo único cierto.
Que te extraño.
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