miércoles, 13 de mayo de 2020

CREO

{Este relato fue escrito originalmente el 28 de mayo de 2013.



Fruto de algún diálogo interno, de alguna lucha, frente al sagrario}
Creo. Susurro. Mi voz es la que susurra.
Creo Señor. Fe…
Creo a pesar del dolor, del agobio, del cansancio.
Enciendo mi voz subterránea, esa conexión que reflota muy de madrugada, o baja silenciosa por las noches en el sigilo de una vigilia inesperada.
Esta voz que recrea para mí, las más terribles penas, esta conciencia es la misma que continúa el trazo invisible de mis memorias.
CREE. Predica imperativa. Tú, miseria, cree. Cree porque has sido hecha para creer.
Tú humanidad, ¡cuestiónalo! Porque encontrarás respuestas. Tú, mujer de pocos amores, ¡exígele! Porque El es toda generosidad. Tú, desdichada, ¡cuéntale! Porque su promesa sanará tus heridas
¡grita voz interior! Que hay muchos ruidos en esta alma.
Dudás. Dudás porque has sido creada para creer y para pensar. Pero tu ímpetu te obliga a dudar, que arrogancia la tuya.
Gritás en duelo sigiloso y oscuro. Estás en soledad a pesa de que todos los orantes te acompañan.
Estás en soledad esperando casi agonizando. Casi mortecina tu mirada se arroja hacia el suelo.
No te eleves, te dice la voz, no te eleves porque eres demasiado poco para que tus ojos se encuentren con los suyos. Toda Magdalena querés creer en su perdón.
No pierdas el tiempo, dice, que los segundos viven y corren abrumadoramente casi a una velocidad translúcida. Y el mundo espera, tus deberes esperan, tus reuniones, tus trabajos, tus anhelos de hombre.
Yo misma me digo ¿qué hago? ¿Qué he hecho?
No te siento, no te entiendo, no te comprendo. Pero tu magnetismo me deslumbra. Es que eres magnífico.
¿Qué es lo que ves?
Pregunta con deliciosa maldad.
Veo silencio, veo oración, veo plegaria, veo mentes apagadas, veo abandono.
No mujer ¡¿qué es lo que ves?!
Eleva tu mirada hacia el misterio, hacia el milagro, hacia el Acto puro, hacia tu Dios.
Elévate que pronto, y en silencio toda su divinidad se hará visible, palpable. Elévate que te estuvo esperando, que pide le cuestiones, que le exijas, que le cuentes, que lo ames.
Estuvo ahí, Trinitario, desde siempre, siendo puro amor, siendo pura entrega, siendo todo cruz, toda esperanza.
Eleva los ojos y encuétrate. Encuéntralo en tu inquietud, corazón, has sido hecho para la gloria.
No te conformes, inquietud, ¡busca! Que aún no dimensionas a tu Dios.
Se calla la voz. Se vuelve plegaria.
Sal Señor, digo, sal de tu morada porque me hiciste para Vos, y mi corazón está inquieto, hasta que descanse en Vos.
No tengas miedo me dijiste, y nada me turba.
Ya no hay tiempo, somos sólo vos y yo. Y te desplazas majestuoso al encuentro con mi humanidad hecha polvo y esperándote.
Porque aquí me tienes, deshecha y en soledad, comprendiendo con todos los sentidos, amando con el alma toda, y adorando al que todo lo redime y todo lo transforma.
Creo, susurro al Cristo Eucaristía, ¡pero aumenta mi fe!

No hay comentarios:

Publicar un comentario