Eran las 5:44
Bailaban
Bailaba el sol durmiendo y ella la luna
Satélite y madre alunada. Lunarada.
El pequeño astro se acurrucaba somnoliento.
Rebelde a morfeo le cantaba canciones.
Le bailaban los ojos resistiendo.
Bailaban.
El techo alto se estalló en una galaxia.
Se hizo cosmos.
Se hizo su pequeño universo.
Sonaba le festín.
Derramó lagrimitas de cristal, la luna.
Se supo en baile. Con el bebé sol.
Con su bebito abrazado a su cuello aprendiendo a soñar en sus brazos, cunita de barro.
Se siento bailar. De fiesta nocturnal.
viernes, 23 de diciembre de 2022
martes, 20 de diciembre de 2022
bitácora 7 circulo
Su respiración angustiada le marcaba el paso, cuasi marcial, al caparazón que la envolvía.
Quiso mover sus extremidades en algún tipo de danza para desarmarse. Para quitarse la armadura que la ovillaba.
Esta forma circular la poseía. No había líneas rectas en su habitar. Todo era infinito. Punto rojo.
Interminable círculo vital
Sus patitas se multiplicaban en su andar.
Se endurecia su protección cada vez que en el horizonte oscilaba una amenaza. Un dolor. Una mirada.
Una ausencia.
La visual no mutaba. Las miradas siempre se encontraban, estuvieran o no juntas.
Sus manos cunita canasta sillita de oro.
A pesar de abrirse, de elongación bajo la lluvia, de estirarse de noche; volvía al eje. A ser un mapamundi de su nuevo hábitat.
La madre vulnerable.
Bichito bolita custodiando la cría.
El nido.
El refugio.
El hogar.
Bichito bolita consuelo.
Arrullo.
Cansancio infinito. Punto rojo.
Bichito bolita contemplación, del redondo bebé. Redondel en danza conjunta.
Geometría de la entrega.
Circunferencia del amor.
Iba redonda, circular, lunar.
Giraba tratando de desandar lo lúgubre de su circularidad.
Giraba cuál calesita tratando de encontrar una sortija.
Tratando de encontrar a su madre a la espera de una salida.
domingo, 4 de diciembre de 2022
bitácora 6 el antirelato
Quizá sea algo obsceno escribir con crudeza sobre algo considerado ampliamente rosado.
Maleducado de mi parte que estreno un título que me queda inmenso y que admiro y contemplo de muchas de mis madres amigas. Ni hablar de lo desubicado que puede resultar a sabiendas de que sencillamente todo es intuición. Esfuerzo.
No hay polvo de hadas.
No hay romance.
Pero como mucho lo he deseado, y como se que es a veces una sombra en este viaje sin fin de la maternidad, me atrevo a decir lo que pienso en mis desprolijas noches de murciélago.
Es cuesta arriba. Es doloroso pero No debe doler.
Es absurdamente visceral. Yo he coparticipado en gestar cada partícula de mi hijo. Lo he nutrido. He vigilado con mucho cuidado que no le falte nada. Le pedí perdón por las muchas veces que llore cuando aún no nos conocíamos. Y me ocupe de soñar su presencia fuera de mi.
Puse todas mis fuerzas, físicas y emocionales. Nos dimos la mano y parimos. Al compás de tu intuición criatura frágil y a la vez tan sabia.
Usaste mi fuerza. Use tu fuerza. Y en un rapto que recuerdo de lo más salvaje que pude sentir, dimos a luz.
A luz en las penumbras llenas de ojos clínicos. A luz donde los ojos de su papá lo esperaban ansioso. A luz donde se ti por primera vez el peso de tu existencia fuera de mi.
Que misterio que todavía no logro revelar. Me faltan noches para eso.
Y ahí, pequeñito rebelde, gloton, intempestivo, imperativo y valiente. Ahí indefenso buscando su nido. Ojitos melancólicos, ciegos guiados por un olorcito a conocido, a hogar.
Y arrancó la marea. El tsunami. La revolución.
Porque pude y pudimos todo eso. Pero desde un lugar muy animal, no pude darle de comer a mi cría. Al menos no de inmediato.
No, ninguna lactancia es igual. Ni cuadra con este relato.
No, no es ejemplo de nada, ni siquiera está resuelto, ni tiene respuestas.
Es caótico, demandante, a veces polémico. Opinable para muchos. Es destructivo y a su vez edificante. Paciencia. Paciencia.
Es placer y armonía. Aunque arriba dije caos. Es desorden.
Destructivo de la persona, constructivo de la madre.
Generosa, ingrata.
Esa belleza escondida detrás de una entrega que es ardua.
Los ojitos almendra del bebé sol, a veces, se desordenan con su propia vida. A veces se enojan. A veces la madre se queda en silencio.
Una vez más desdibujada. Inexistente. Esperando el retorno del niño. Y esperando ser alguien alguna vez.
Y es que lo sos, solo sin famas. Sos para esa manito que juega. Que siente. Que seguro sabe que esta en su casa. (Solo que a veces se olvida distraído, siempre entre las 19 y las 20)
Te lo recordas entre lágrimas cuando pupudo se estira contento y plácido. Tanto que se le ve el acordeón de rollitos de su cuello.
Que difícil la tenes madre.
Que cuesta arriba a veces.
Que tragedia.
Que absurdamente hermoso, cuando en medio de el caos, es el niño tu refugio seguro. Son puertos ambos, el uno del otro.
En triada familiar.
Y de golpe, registras todas las escenas compartidas de intimidad.
No, no es un romance rosa. Es un poema. Con dolor, con tragedia, con fatalismo y con belleza, revelación, y tantísima generosidad.
Arduo.
Como todo aquello que tiene mucho de lo eterno.
Agradezco inmensamente a todas mis doulas en este viaje. Uno encuentra redes inquebrantables que te devuelven el aliento. Te consuelan y te enseñan.
Ahí donde no desapareces. Ahí es donde una se refugia.
jueves, 1 de diciembre de 2022
bitácora 5 habitantes de un nuevo refugio
Somos una pequeña isla
nos habitamos
ojitos de almendra
horizonte de nostalgia,
Almendras de melancolía
Somos una pequeña isla
Me deshabito
Me pueblo de esta transparencia que ahora habito
Trashumancia
La leve sombra que proyecta el bebito sol
Somos una pequeña isla
Binomio
Poesía desgarradora
Música en tu respiración
Caricia inconsciente
Refugio nuevo
Somos una pequeña isla
Pobladores de la marea calma
Y de la turbulencia
Peces en el tsunami
Renacuajos
Habitantes de sal
En esta isla hay vos y yo.
Terreno seguro de mi corazón donde recibo el reconocimiento de mi nueva existencia
Donde no existe negación, crítica, cinismo, rechazo.
Donde el equivoco es perdonado
Donde la soledad no es tan fría
Donde tus manos de miel me abrazan en juego y me perdonan de antemano.
Somos una pequeña isla
Nos poblamos
viernes, 25 de noviembre de 2022
bitácora 4 llorando fuerte
Llorar
Mareas saladas y brumosas
Por lo incierto
El desapego de mi.
El apego hacia esa otra yo.
Llorar
Un desborde que se me desparrama
Por tus ojos pedacitos de cielo
Llorar
Por la soledad oscura
Lo incomprensible
El silencio
Llorar
Pequeñas lagrimitas saltarinas
Que juegan con el juego de tus manos
Caricias de hijo
Llorar
Con los ojos al cielo añorando un consejo
Una compañía
Ese mate mamá
Llorar
De amargo trago
Por el desliz de aquel silencio que pudo ser
Y atrevido no fue
Llorar
La lágrima desconfiada que se entierra
En la laguna de tu desconfianza
Llorar
De la tibieza de los brazos que nos reciben
Cuando el día fue un carnaval a la espera de tu retorno
¿Cuantas veces llorar en el día?
Todos los llantos salados que se aglotonan entre el lagrimal y la maternidad.
miércoles, 2 de noviembre de 2022
bitácora 3 confianza
Pensaba en vos baja. Me autodecia mientras miraba de reojo el solaso que se expande goloso en el patio de mi casa.
Hablaba de lados a. Hablaba de lados b.
Me autoconvencia de magias y poemas.
Pensaba en esta dicha.
Y en el abismo que siento a veces.
La oscuridad.
La verdadera desconfiguración.
No siendo suficiente con lo físico. La casa tomada ahora se habita desde otras perspectivas. Cuna. Abrigo. Consuelo. Alimento.
Toda la supervivencia sigue siendo casa tomada.
No siendo suficiente.
No hay persona.
Hay llantos cotidianos.
Angustia.
Dolor. Soledad y un poco de locura.
Hay victorias personales. El reconocimiento de un sentido común profundamente visceral. Es por acá.
Las plegarias nocturnas. Matinales....sin horario.
Y el mounstruo titanico más siniestro: la desconfianza.
Se derrumba esa fortaleza, la sonrisa, la esperanza, los ojitos titilantes te buscan pero no estás ahí. Desconfiaste.
Y se levantó el muro de Berlín entre tu donación y el inquilino de la casa tomada.
Perdiste el arrullo, la suavidad. Se te escurrieron de las manos los mimos. Y se te llenaron los ojos de lágrimas en huelga.
Pensaba en el lado a, en el lado b.
Pensaba que no hay ni derecho ni revés.
Solo hay un equipo queriendo y dando lo impensable.
Hay una tribuna, decorado de opiniones no pedidas.
Hay un banco de suplentes desbordado de generosidad. Red única, doulas cotidianas que uno no merece, pero que se plantan a la espera de su llamado.
Y hay magia, hay arte, hay una musiquita risueña que hace un mes pulula por el hogar.
Hay una suavidad indescriptible. Una paz, plegaria también.
Hay un romance nuevo, confirmado, vuelto a elegir.
Y hay unas pupilas titilantes que se derriten cuando se encuentran con los ojos de sus padres. Confiando.
En su paternidad.
martes, 18 de octubre de 2022
bitácora 2 lo que el Misterio renueva
Se proyectaba en la penumbra esta relación naciente.
Ya no intentaba estar despierta. Estaba. Sabía que eran como las 6, no estaba sobreviviendo.
Estaba viviendo.
Una aventura.
Un misterio.
Lleno de luces y sombras.
Recordó que su ciencia era del tiempo. Y que aquel día era un día para viajar adentro. Que muchas veces deambulo noctámbula entre sus recuerdos y su ausencia.
Que hoy tenia que mirarse en este rol.
Vio su cuerpo frágil, lastimado. Ajeno.
Esperanzado, y desconocido.
Y se dio cuenta que el día se renovaba. Que su dolor se resignificaba como cada vez que miraba los cachetes suaves de su hijo.
La madurez que uno pretende se incendia frente a lo diminuto y poderoso de la creación frágil del niño.
Ni balbucea y es abrumadoramente elocuente.
Fue testigo del abrazo nido maternal más bello posible, hecho de barro especialmente para ella. Con la forma de todas sus fragilidades y con el aliento a sus ilusiones.
Habitó ese hogar. Consuelo, si, pero con vista al cielo.
Le susurro con valor que la vida era ese tránsito divertido y vertiginoso hacia lo alto.
En la misma penumbra de la sala de partos a, yo le susurre a Tarsicio que deseaba para el el corazón enorme de su patrono. Le pedí que no sea mezquino en el amor, que le sobre contemplación y amor a la Belleza.
Y se renovó la vida. Como suele hacer siempre el Misterio.
En las penumbras de mi orfandad, renovó el espíritu, nos dio vida nueva.
Ojalá seas testigo, bebito sol, del amor que yo tuve de mi madre.
Ojalá sea refugio y consuelo.
Ya no intentaba estar despierta. Estaba. Sabía que eran como las 6, no estaba sobreviviendo.
Estaba viviendo.
Una aventura.
Un misterio.
Lleno de luces y sombras.
Recordó que su ciencia era del tiempo. Y que aquel día era un día para viajar adentro. Que muchas veces deambulo noctámbula entre sus recuerdos y su ausencia.
Que hoy tenia que mirarse en este rol.
Vio su cuerpo frágil, lastimado. Ajeno.
Esperanzado, y desconocido.
Y se dio cuenta que el día se renovaba. Que su dolor se resignificaba como cada vez que miraba los cachetes suaves de su hijo.
La madurez que uno pretende se incendia frente a lo diminuto y poderoso de la creación frágil del niño.
Ni balbucea y es abrumadoramente elocuente.
Fue testigo del abrazo nido maternal más bello posible, hecho de barro especialmente para ella. Con la forma de todas sus fragilidades y con el aliento a sus ilusiones.
Habitó ese hogar. Consuelo, si, pero con vista al cielo.
Le susurro con valor que la vida era ese tránsito divertido y vertiginoso hacia lo alto.
En la misma penumbra de la sala de partos a, yo le susurre a Tarsicio que deseaba para el el corazón enorme de su patrono. Le pedí que no sea mezquino en el amor, que le sobre contemplación y amor a la Belleza.
Y se renovó la vida. Como suele hacer siempre el Misterio.
En las penumbras de mi orfandad, renovó el espíritu, nos dio vida nueva.
Ojalá seas testigo, bebito sol, del amor que yo tuve de mi madre.
Ojalá sea refugio y consuelo.
viernes, 26 de agosto de 2022
bitácora de algunas caminatas de agosto
Acá fluctuante la neurona entre mis delirios de escribir en la página de opinión de algún lugar.
Esto es, sencillamente, una opinión, un ensayo. No pretende decirse desde ningún púlpito. Sólo fruto del ocio creativo, valioso y devaluado a su vez.
Venía yo, en ese ocio obligado, pateandome la mochila, pensando en lo ingrato, silencioso y poco edificante.
Claro, soy docente.
O finamente soy educadora. Y fíjate que no hay cierre de trimestre, o abruptos cambios ministeriales o híbridos escolares que impulsen este desparpajo de palabras. Así y todo la condena social al universo docente. Que por las dudas aclara que no es contra vos, seguro yo no soy esa.
¿Esa quien?
Antes de llegar hasta estas líneas aclaramos, es opinión. Y por ende no es mandato ninguno. Pero en el pórtico de un aula la educadora sufre una profunda transformación. Se agudizan todos los sentidos, no hay dolor, créeme, no lo hay, que valga, preferis morirte el fin de semana o de camino a casa. Pero ahí, hay una adrenalina sobrenatural. El contenido atractivo se vuelve fugaz si hay otra cosa, otra cuestión, si hay un atisbo de inquietud intelectual.
No hay sistema que pueda con eso.
No hay agotamiento ni pandemia.
No hay paria social frente a la luz. De la Verdad.
Por que también hay que decirlo. En el país cuya experticia es la devaluacion, no hay profesión más devaluada que el arte de la educación.
Nunca falta el comentario en julio o diciembre de esas largas inmerecidas vacaciones.
Curioso detalle, para el que se dedica a formar/deformar espíritus. Para el que piensa y opera en pos de los líderes del futuro, santos, héroes.
Ahora si parece que el aula es una épica arrolladora.
Lo es.
Pero también es vapuleable por los que solo han sido alumnos. Por los científicos y sabios contemporáneos.
Opinable, criticable, paria social ya lo dijimos.
También es peculiar que nadie se jacte de levantar la bandera de las dos instituciones que pueden destruir o elevar a la humanidad. Claro, hablo de la familia y de la educación (formal o informal)
Lo que me queda es la gratitud. Hacia los que hicieron la épica maravillosa de mi presente.
Mis educadores, mis papás.
Que me desalentaron con honestidad temiendo que mi frágil espíritu se desencante. Ellos supieron y saben que soy una romántica.
Y que también me enseñaron a vivir con pasión y dedicación, la conquista de laureles eternos, esos que no se ven. Pero no perecen.
Como era muy obvio, no traje ninguna novedad, y mucho menos una solución. A mi propio pesar.
De golpe si, la próxima oportunidad que tengamos para escupir sandeces, pensemos en que algo de lo que somos, ínfimo, se lo debemos a los educadores y a nuestra familia. A los que habremos oido/desoido. Y los que habrán formado/deformado.
Quizá entremos con más sigilo a contemplar la dadivosa tarea de quienes escriben y alientan la épica de santos y héroes.
Valoremos la siembra.
Y multipliquemos los frutos.
Esto es, sencillamente, una opinión, un ensayo. No pretende decirse desde ningún púlpito. Sólo fruto del ocio creativo, valioso y devaluado a su vez.
Venía yo, en ese ocio obligado, pateandome la mochila, pensando en lo ingrato, silencioso y poco edificante.
Claro, soy docente.
O finamente soy educadora. Y fíjate que no hay cierre de trimestre, o abruptos cambios ministeriales o híbridos escolares que impulsen este desparpajo de palabras. Así y todo la condena social al universo docente. Que por las dudas aclara que no es contra vos, seguro yo no soy esa.
¿Esa quien?
Antes de llegar hasta estas líneas aclaramos, es opinión. Y por ende no es mandato ninguno. Pero en el pórtico de un aula la educadora sufre una profunda transformación. Se agudizan todos los sentidos, no hay dolor, créeme, no lo hay, que valga, preferis morirte el fin de semana o de camino a casa. Pero ahí, hay una adrenalina sobrenatural. El contenido atractivo se vuelve fugaz si hay otra cosa, otra cuestión, si hay un atisbo de inquietud intelectual.
No hay sistema que pueda con eso.
No hay agotamiento ni pandemia.
No hay paria social frente a la luz. De la Verdad.
Por que también hay que decirlo. En el país cuya experticia es la devaluacion, no hay profesión más devaluada que el arte de la educación.
Nunca falta el comentario en julio o diciembre de esas largas inmerecidas vacaciones.
Curioso detalle, para el que se dedica a formar/deformar espíritus. Para el que piensa y opera en pos de los líderes del futuro, santos, héroes.
Ahora si parece que el aula es una épica arrolladora.
Lo es.
Pero también es vapuleable por los que solo han sido alumnos. Por los científicos y sabios contemporáneos.
Opinable, criticable, paria social ya lo dijimos.
También es peculiar que nadie se jacte de levantar la bandera de las dos instituciones que pueden destruir o elevar a la humanidad. Claro, hablo de la familia y de la educación (formal o informal)
Lo que me queda es la gratitud. Hacia los que hicieron la épica maravillosa de mi presente.
Mis educadores, mis papás.
Que me desalentaron con honestidad temiendo que mi frágil espíritu se desencante. Ellos supieron y saben que soy una romántica.
Y que también me enseñaron a vivir con pasión y dedicación, la conquista de laureles eternos, esos que no se ven. Pero no perecen.
Como era muy obvio, no traje ninguna novedad, y mucho menos una solución. A mi propio pesar.
De golpe si, la próxima oportunidad que tengamos para escupir sandeces, pensemos en que algo de lo que somos, ínfimo, se lo debemos a los educadores y a nuestra familia. A los que habremos oido/desoido. Y los que habrán formado/deformado.
Quizá entremos con más sigilo a contemplar la dadivosa tarea de quienes escriben y alientan la épica de santos y héroes.
Valoremos la siembra.
Y multipliquemos los frutos.
miércoles, 3 de agosto de 2022
bitácora 1 de casa tomada
Hoy dije: cada hijo será una poesía distinta.
Claro, la poesía también es dolor, es tragedia, es redención, es belleza y luz.
Claro, es música, es desvelo, es vigila, es miedo y es el verso tras verso que revela lo desconocido.
Quizá sean poemas diferentes en momentos distintos.
El que lees cautivado en un tren después de un paseo en bici.
El que te llega por hacerle lugar a tu versión más contestataria.
El que encontras en la mesa de luz.
Y el que usas para rezar.
Los hijos y las plegarias son poesías.
Sufrientes, eclécticas, enérgicas, vigorosas, imperativas a veces tiranicas. Enormes, devastadoras, serenas y atribuladas.
Intempestivas
Revolucionarias
Luminosas.
...
Por fortuna la poesía existe.
Y los hijos
Y la plegaria
miércoles, 13 de julio de 2022
la ignorancia
Podremos tal vez alguna vez.
Ser invisibles
Claro.
La gélida Antártida que recubre a la ignorancia tiene el poder de desaparecer.
A las personas.
A sus ideas.
Sentires, saberes, decires.
No
Existen
Simplemente
Hielo
La invisibilidad de lo visualmente visible y emocionalmente ignorado
O seremos como Saulo esperando la sanación.
Que las costras de nuestros ojos vean al otro.
Ese otro
El invisible
La ignorancia soberbia.
Egolatría personal
Podremos tal vez alguna vez tener el poder de destruirnos
Si, claro. Basta con no ver.
Nada
Más
Que tu propia nariz.
domingo, 3 de julio de 2022
corazón roto
A cuentagotas o no, el tiempo se desplaza rápidamente, se escurre sigiloso. O no. A veces el sigilo se transforma en una declaración de su paso que rodea visiblemente tus ojeras.
La cuestión es que, cumplir años viene cargado de esta cosa entre celebración, protocolo y deber ser.
Y a veces, viene con rituales.
Esas recetas de una vida mágica. De una infancia a veces carente de cosas pero superpoblada de vida.
Y tal como las personas que se mueven en el mundo, los rituales, no siendo cosas, viajan.
Transhumantes van detrás de los que nos negamos a una vida sin destellos de lo simbólico. Detrás de los que vemos en el cielo celeste y el sol un regalo. Y ridículamente damos gracias.
Entonces hicimos de la distancia, del tiempo, de las despedidas; un ritual. Que consiste sencillamente en el momento en el que se te rompe el corazón por vez número sabe Dios. Se parte estrepitosamente en la pasarella de un aeropuerto o en el anden de una estación. Cae inerte. Pedacito infantil. Sucumbiendo ante la gravedad. La gravedad de que la distancia, el tiempo y las despedidas son tu desdicha. ¿O dicha?
Y desaprendes, el relato cliché de los corazones. Por qué, ¿para que lo quiero entero si mi cariño le pertenece a los que se han llevado mi devoción, a los que son hogar, a los que llevo, cual ritual, a cada rincón?
El corazón ajeno que te recibe descalzo, probablemente sucio y atribulado. Sanador. De brazos abiertos. De lo más genuino que brota del hombre.
No hay convenciones para los corazones rotos, ni le caben celebraciones protocolares.
Ahora yo, afortunada como si lo mereciera, sentí mi corazón muy roto.
Y escribí rituales nuevos, y no hubo soledad sola, hubo alboroto, risa, y lo inmedible de hogares nuevos. De estos que te reciben y te sanan.
Lleve mi junio de lasagna en familia, de abrazo cálido, de amistad.
Vino multiplicado. Cálido, superpoblado de sol.
Quizá no percibimos con tanta claridad, que a diario nos rompemos para fugarnos a habitar los corazones de los que amamos, no somos lo suficientemente agradecidos con quienes nos dieron todo sin que se lo pidamos. Ni podemos ver, que los rituales viajan con uno, como los pedacitos de un corazón roto que aprendió a amar y se dejó ser amado.
viernes, 20 de mayo de 2022
el juego, la revelación
como un juego, como una cosquilla.
como las pestañas que dan besos en los cachetes
como las partículas de polvo que se cruzan en los rayitos de sol
como los bigotes de mi gato negro cuando toma agua y ronronea
también
como la menta que se empeña en sobrevivir la helada
como la resistencia de las plantas violetas del patio
como los poemas que ante la rebeldía del sin tiempo elegís leer
como suave viento que te recuerda que hay sierras, que hay sol
como el silencio, atónito
silencio de espera
silencio de fe
silencio de contemplación
aprendemos. a escuchar lo que tu magnífica pequeñez tiene para enseñarnos.
a nosotros
ah
es que conversás a diario con el Misterio.
Tarsicio.
domingo, 24 de abril de 2022
hijos de la luz
Imaginaba en tu nido de agua que se colaban algunos destellos.
Que tus ilusorias pestañas iban a tocar tus cachetes rosados trigueños pícaros.
Que del este iba a asomarse a jugar la estrella dorada. Amigos de la luz, atesorando polvo espacial.
Sus tentáculos fueguinos cosquilleando con el arcoiris que habita la ventana. Caminarías torpe cuál hombre lunar, por el sendero de colores, hasta tocar con tus deditos el Amor.
Imaginaba que serías un girasol. Brillante y sencillo. Calma dulce y serena.
Olor a menta. Ojos de cúrcuma. Besos de almendra.
Imaginaba en tu nido de agua que el sol te pedía ser amigos. Y extendiste tus brazos en danza solar.
Hijo de la luz.
jueves, 21 de abril de 2022
casa tomada
La invasión. Secreta, sigilosa. Profundamente poderosa.
El avance estratégico. Las zonas en conflicto. Los conflictos, fragilidades, los cimientos en cuestionamiento. Las humedades sin revocar.
Las grietas.
Habitaciones pobladas. La sombra que te acompaña. Te abraza.
El hábitat que ahora desconoces.
La intrusión.
Casa tomada, poblada y deshabitada.
El hogar, que se deshace y se levanta sobre sentires nuevos. La vida la transporta a un otoño de encuentros.
Al sigilo de tu presencia. En ilusiones familiar.
La sangre. El susurro matinal.
El ímpetu con el que la aurora te besa y salimos a sentir la naturaleza.
Tu invasión reveladora, que me llevó los ojos al cielo otra vez. Hay otoño.
El misterio de lo desconocido, o la sensibilidad conocida que reconectaste en alguna vuelta en colectivo fugaz.
Los destellos de luz que encienden la cocina, las entrañas que se expanden perezosas en la casa tomada.
El deambular en un limbo y despertar con el diálogo del intruso.
¿Casa tomada?
¿O es la Patria en tensión?
¿O será esta la paradoja de la redención?
Hacer morada. Morar en.
Pequeño atrevido y descarado, hace un tiempo que volvemos en diálogo divertidos, esos pasos cansados que nos devuelven a casa.
Será, que la casa tomada, no es otra cosa que el sagrado monte donde dijimos con júbilo, ¡que bien que estamos aquí!
sábado, 15 de enero de 2022
a titulo de memorial
Las fechas, eventos fatídicos en la vida de cualquier historiador. Memoriales. Prendedores inmutables del tiempo.
Soy malisima con las fechas.
Pero algunas.
Algunas se prenden como alfileres sutiles que caen cuando se hilvana y se cose.
Caen por el peso de una costura re escrita.
Otros, sin vergüenza alguna, se aferran anclados, lapidarios y estigmatizantes en el ombligo cual cordón umbilical.
Cual cordón.
Que jugada astuta la del olvido. Que liviana la gente, flota fantasmagoricamente simplemente por que no recuerda. ¿O es que elijen olvidar?
La evaporación del tiempo.
Tuve el nido atragantado. Tache los días en el festivo calendario del hogar.
Me vi, me veo. Acumulando enseñanzas. Haciendo silencios, aprendiendo de la humillación. Queriendo salir corriendo a donde sea que estés. Hacer cueva en tu sonrisa y risa.
Porque se evapora la adulación, la altanería, la soberbia intelectual, el valor propio, el saber hacer se vuelve ignorancia.
Cada bendito enero me vuelvo bebé de tu cunita sanadora. Adolescente incomprendida. Inevitablemente huérfana.
Qué paradójico amor por el tiempo que de haber sabido, me hubiera dedicado al arte. Al arte de conservarte con más precisión.
Y qué atrevido sos enero. Que derrotas hace 13 años mi fortaleza de roble.
Quizá mañana, sea otro día. Esperando con infantil deseo, perderme, y que me encuentres.
Que me enseñes del silencio.
Que me muestres a Jesús otra vez.
Que te atrevas a ignorar mi carácter y me abraces.
Que me consueles y me enseñes a ser madre.
Bello refugio primigenio.
Quisiera jugar con el liviano olvido. Pero prefiero la memoria y las charlas, plegarias, súplicas al cielo celeste de madre y sus ojos verdes.
Soy malisima con las fechas.
Pero algunas.
Algunas se prenden como alfileres sutiles que caen cuando se hilvana y se cose.
Caen por el peso de una costura re escrita.
Otros, sin vergüenza alguna, se aferran anclados, lapidarios y estigmatizantes en el ombligo cual cordón umbilical.
Cual cordón.
Que jugada astuta la del olvido. Que liviana la gente, flota fantasmagoricamente simplemente por que no recuerda. ¿O es que elijen olvidar?
La evaporación del tiempo.
Tuve el nido atragantado. Tache los días en el festivo calendario del hogar.
Me vi, me veo. Acumulando enseñanzas. Haciendo silencios, aprendiendo de la humillación. Queriendo salir corriendo a donde sea que estés. Hacer cueva en tu sonrisa y risa.
Porque se evapora la adulación, la altanería, la soberbia intelectual, el valor propio, el saber hacer se vuelve ignorancia.
Cada bendito enero me vuelvo bebé de tu cunita sanadora. Adolescente incomprendida. Inevitablemente huérfana.
Qué paradójico amor por el tiempo que de haber sabido, me hubiera dedicado al arte. Al arte de conservarte con más precisión.
Y qué atrevido sos enero. Que derrotas hace 13 años mi fortaleza de roble.
Quizá mañana, sea otro día. Esperando con infantil deseo, perderme, y que me encuentres.
Que me enseñes del silencio.
Que me muestres a Jesús otra vez.
Que te atrevas a ignorar mi carácter y me abraces.
Que me consueles y me enseñes a ser madre.
Bello refugio primigenio.
Quisiera jugar con el liviano olvido. Pero prefiero la memoria y las charlas, plegarias, súplicas al cielo celeste de madre y sus ojos verdes.
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