lunes, 18 de septiembre de 2017

Crónicas rotas V

Se abre el espacio. Hay un universo que consideramos único. El imperio del espacio. Va naciendo el día, se va muriendo la noche. Se despiden las estrellas. Saludan y te salpican la cara deseándote suerte. Posan destellos de magia cósmica entre tus mejillas. Cosquilleo de vía láctea.
Abanicos de pestañas tus ojos se abren. Sonríen (porque algo que si saben hacer los ojos es sonreir) te sentís afortunado y lleno de suerte.
Tu mente ya no planea el dichoso encuentro, porque ya hubo muchos encuentros. Y desencuentros.
Hubo mucha sal. Y también hubo mucha risa y caramelos. Lo que sazona hoy, aún es un misterio.
Salís al sol, te deslizas entusiasmo hacia el punto de encuentro. Sabes qué hora exacta es y se te alegra cada fibra corpórea.
Frente a la puerta, al hueco, de la caverna se te escapa un suspiro. Un largo suspiro que desliza una mínima tristeza.
Pero aguante. Valor. Porque todavía crees que lo vale.
Todavía sentís que hay algo eternamente valioso.
Se siente el frío cavernícola. Desaparecen las pecas del sol.
Cómo rutina de amante cerrás los ojos, emulás una sonrisa forzada y gritas. Amor eterno.
Y esperás estrujando los ojos y sosteniendo la respiración.
Sucede que aunque aguantes. Aunque creas. Aunque reces, no hay respuesta.
Ni en la caverna oscura y gélida.
Sucede que no hay eco.
El eco de vos, te dejó con la proclamación de amor en un grito incendiario que no prendió.
No hubo eco.
Hubo frío.

Te clavaron el visto.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Crónicas rotas IV

Van agrupándose prolijas, milimetricamente distanciadas en lo que luego van a ser tonos.
Juegan. Magia brillante y vibrante.
Se van formando con picardía en hileras. Horizontal para caer vertical.
Se preparan para dar su espectáculo único.
No hay nervios, solo la adrenalina de tan sólo durar unos segundos.
La atmósfera está húmeda y todavía explotan titánicamente algunos truenos de fondo. Vienen con luces y descarga eléctrica. Espasmos entre las nubes color ceniza.
Entre ellas hay un murmullo sonoro de excitación. Debutan hoy. Debutan y finalizan. Debutan y se despiden.
Existencia debutante y jubilada con tan sólo unos segundos de diferencia. Pero esta existencia mágica es suficiente.
Algún pequeño cristal traslúcido, en futuro verde, se pregunta si alguien los espera abajo.
¿Alguien acaso estará preparado para el show?¿Habrá algún caminante dispuesto a recibir la alianza multicolor?
Ya no hay tiempo. El Febo empieza a empujar los cúmulos de humedad y sus tentáculos se abren paso entre las nubes.
La magia enérgica inicia su descenso de manera vertical. Toman velocidad casi onomatopéyica los cristales transparentes, hasta que el astro solar los va tocando dándoles vida prismática y color colorido. Sopla sobre su etérea existencia destellos de amarillo, rosa, violeta y verde. Y la caída se vuelve comba. Curva vidriosa, nítida y volátil a la vez. Cae danzante rumbo a la tierra.
Los cristales de magia saben que siñu hechicera existencia tiene un destino eterno. Saben que son el más allá de una foto espontánea, o que pretende serlo, de un fenómeno natural que casualmente los increpa en medio de la rutina.
Saben que son la vívida expresión del puente elevado en comba hacia el lugar donde el amor no tiene fin.
Se saben puente al cielo. Al cielo metafórico y real.

Llegando al firmamento, arcoiris.
Completo encantador despliega toda su brillante magia.
Las gotitas ahora cristales se quedan mustias, tiesas en pose. El procedimiento es apenas suspirar. Sostener la comba, colorearse a través de los tentáculos solares. Esperando.
¿Qué esperan gotitas?
Se detienen buscando trazar el puente, buscando corazones con anhelos de eternidad. Buscan aliados.
Estas pequeñas debutantes están esperando encontrar almas que sepan volar.
Estas pequeñas empiezan a caducar. El sol se va. La comba desaparece sutil. Se va tornando gris.
Se va yendo para empezar a morir.
Y ese pequeño anhelo verde se pregunta inocente antes de perecer
¿Qué pasó?
No hubo alianza. No hubo puente. No hubo corazón conmovido por el llamado a mirar hacia lo eterno.

Hubo corazones rotos. Personas viviendo en tiempos de minutos y segundos.

Y muchísimas fotos para Instagram retratando el cuento.
#arcoiris #lluvia

viernes, 1 de septiembre de 2017

Crónicas Rotas III

Un poco de tónico. Para refrescar la zona es importante.Para eso basta con aplicar un gel a modo de masajes circulares, haciendo uso del dedo índice, mayor y anular.
Para quitar cualquier rastro al menos superficial de esas pocas horas de sueño, del peso de algún que otro desamor que provoca insomnio.
Usamos luego agua. Dejamos ao vivo esa transparencia y comienzan a asomarse las pequeñas fisuras de una obra maestra de lo sensible. ¿y ahora qué?
Empezamos a tapar esta dolorosa complexión. Medialunas moradas color angustia deben irse. Con el dedo anular y con suaves golpecitos aplicamos el corrector. Sí, ciertamente comenzamos a corregir. a encauzar la mirada perdida, aguda. Mirada habladora, contenedora de mil amores y mil palabras. Tapamos aquellos profundos caminos bifurcados por reír o llorar. Damos forma. Deformamos. Damos luz porque consideramos que aquella luz natural del misterio de tus ojos te dejan demasiado desnuda. Mucha verdad. Hay que tapar.
Dejamos que el magnífico producto tapador con el cauce de los ríos que se forman en las angustias laterales.
Fundamentalmente la tarea prosigue en la mirada. La ventana del alma reza el cliché. Pero nosotros no queremos que el alma de nadie deambule sin tapujos por ahí ¿no? sería un horror.
Con encantadora sutileza balanceamos  haciendo ademanes de cepillo, en movimiento de abajo hacia arriba. Probablemente mantengas la boca abierta sonsamente en este momento. No importa, es habitual cuando se trata de pestañas. El movimiento se repite con aquel abanico en el marco bajo de los ojos. La expresión idiota de la boca también.
A continuación chequeamos la totalidad del marco facial. Volcamos una suerte de enduido del color del que debería ser la piel. Ante todo perfección. No vamos a dejar con vida ningún rastro de cansancio, comida no debida, mueca de sonrisa,. Quizás algún que otro lunar divertido se retoba rebelde y no podemos hacerlo desaparecer, pero lo que si hacemos, y en ello dejamos nuestro mejor esfuerzo claro, es perfeccionarlo todo. Sí, acomodamos el desorden natural.
¿quién realmente se atrevería a salir o dejar a plena luz tan única identidad humana? no, locura no.
Procedemos a dar vida. Ya que la vida que probablemente haya es una vida de frustración, de dolor, de pasión, de sacrificio, de disfrute, de entrega, de vida vivida.
Hay que hacer vida con algún color. Usamos 06 Canela Mate. Soplando la brocha para que no se acumule el polvo artificial que queremos que sea el natural. Para ello también fabricamos una mueca artificial. Pensemos donde debería estar ese color mate con apenas unos destellos de luz, y en ese circulo perfecto de suposición estrellamos la brocha con movimiento diagonal y enfático. Un poco por la nariz, esta vez a modo de T y de paso abarcamos un poco la frente evitando la congestión de producto donde suele haber arrugas de sonrisas y asombro.
Para asegurarnos de que el efecto de reconstrucción sea el deseado sencillamente debemos comprobar, reflejo de por medio, que no se traduzca ninguna emoción, sensación, sentimiento o historia personal. De ser así la tarea curativa ha resultado  exitosa. 


Advertencia: con el paso de las horas algo de esto suele colarse y dejarse entrever. Procure retocar la máscara; al fin y al cabo no queremos que se noten las huellas de lo que fue rompiéndose mientras de vivía la vida.

lunes, 28 de agosto de 2017

Crónicas rotas II

Busca con desesperación. Revuelve cual roedor. Los ojos desesperados lo hacen parecer insano. Para colmo está todo desprolijo desalineado y revuelve con una sola mano porque la derecha está ocupada.
Sostiene. Presiona. Evita la fluidez espesa y escarlata que por ahí pudiera escabullirse.
¡Ay de este caos! Si no hubiera tanto desorden no parecería insano. Aprieta los dientes. Contiene la bronca. Sostiene con su mano el dolor.
El caudal abrumador tiene su propia represa ahí, y por ahora no sale.
Hallazgo. Encuentro victorioso, eleva el precioso tesoro resistente al agua y color transparente.
La curita.
Tan obnuvilado está llevándola como trofeo que no percibe que está inútil de mano derecha. Y que la cosa se va a complicar.
Pero lo de desesperado e insano no lo tiene de tonto.
Se detiene, pensativo ante esta encrucijada. Lo que sí sabe es que no va a dejar que se desborde.
Siente el calor ofuscado que protesta bajo su mano. La sangre rabiosa porque quiere nadar y la mano derecha que no la deja. Se mira deseoso la izquierda sosteniendo ese Edén rectangular. Piensa mientras la humedad empieza a amenazar. Se sonríe y está seguro de que saborea su propia astucia.
Lleva el artilugio sanador a la boca y con extrema delicadeza y determinación (como si fuera a robarle un beso a esa de pecas que lo vuelve loco) razga el paquete. Y ahí está ello, toda radiante limpia y transparente. Hipoalergénica.
Le suda la mano izquierda pero se sabe casi a salvo. Aumentan las palpitaciones. Se seca los labios para proteger a su protectora. Con idéntica astucia y habilidad extrae uno de sus plásticos. El tiempo corre entonces, los segundos gritan, chillan. Velocidad. Reflejos. Rapidez.
Contiene el aire y retira la barrera derecha para, con igual destreza, tapar el río  sanguíneo con el escudo resistente al agua.
Se sintió volver a la vida. El alma entró de nuevo en sí mismo.
Héroe de su propio cuerpo. Reparador de las heridas de sus propias hazañas.

Camilo se limpió la mano derecha en su pantalón de river porque tenía sangre. Pensó en la frutilla inmensa que iba a fabricarse debajo de su curita marca curita y se mordió el labio inferior haciendo un onomatopeyico sonido de dolor pensando en el torneo futuro de la piel. Pero esto no le importó. Sabía que en el patio esperaban al goleadores que arrastró el asfalto para ganar el juego.

Total. Siempre que se lastimó, encontró una curita de sanación.
Esta vez era resistente al agua, transparente e hipoalergénica.

domingo, 27 de agosto de 2017

Crónicas rotas I

Haciendo algún uso de sus habilidades buscó el hilo correcto. Dedal, enhebró la aguja. Hilo adentro, hilo afuera. Puntada.
No era la primera vez.
Sentía que ya lo hacía a propósito. Qué se esforzaba digamos. Como si quisiera repetir a diario está pantomima curativa.
Esta es definitiva, pensó, voy a reforzarla. Puso doble hilo rosa claro y repasó la acción. Tampoco era la primera vez que reforzaba, ni que ponía doble hilo, ni que repasaba.
En sus fueros más internos siempre creyó que se trataba de esas composiciones algo húmedas. Donde la apariencia es fuerte, las fibras se sostienen con energía, el calce es bueno, sentadito. Pero se esconde el misterio de caducidad. Donde los resistente pierde su viril postura.
Pero también internamente dudaba de su propia misión reparadora. Ella sabía, no era la primera vez, ya dije, esto aumentaba su cotidianidad.
Con el tiempo dejó de preguntarse.
Cambió de aguja, agregó unas cuantas telas por detrás. Le sumó unos tironeos finales para comprobar la firmeza de su ritual reparador.
Sentía una leve satisfacción porque sabía que iba a enfrentar otra semana. Estaría espléndida, sus arreglos eran imperceptibles y la prolijidad de las puntadas envidiable.
Con el tiempo dejó de esforzarse tanto.
Al fin y al cabo gastaba muchas energías.
Con el tiempo dejó de pensar que era una buena inversión. Total, la prenda volvía. Las formas se mantenían, el color parecía cada vez más cínicamente brillante.
Con el tiempo.

El reloj nublado marcaba las cinco. Ya sabía ella. Ritual reparador. Rutina de sanación. Se hizo suspiro. Uno muy profundo. Es que ya la cosa la había agotado.
Dedal, enhebró la aguja. Hilo adentro, hilo afuera. Puntada.
Hizo el nudo, enrolló el hilo rosa claro, lo dejó a mano, como siempre. Se dispuso a finalizar y mirando, increpándola con hastío de esta rutina hizo su ademán de seguridad tirando. Su habitual mueca de satisfacción truncada le agrietó la cara.
Se quebró el silencio de la costura sigilosa. Los fueros internos cedieron ante tanta postura. Fibras inconexas estiran sus brazos para entrelazarse en amor armonía de prenda pero no se encuentran. Lloran agotadas de sostenerse para mantenerse enteras.
Se ahogó el intento.

Con el tiempo se rompió. Y ya no hubo rituales de sanación.
Era la primera y única vez.

martes, 16 de mayo de 2017

Ruinas circulares



Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable.

 

 

Iba redundancia ambulante. Rodando en su doble rodado de metal. Iba girando recorriendo su redondo camino. Rodaba su rutina sabatina.

Rodaba porque le gustaban las cosas de principio y fin. Cerradas. Sin fisuras ni comisuras. Compactas.

Compacta era su existencia racional. Y ahí pedaleaba feliz, con esa dicha, medio exabrupto imposible de negar. Es que cuando te corre el viento por la cara es difícil no arrugar la expresión…

Iba entonces pedal pedal.

Se encontró atravesando un umbral. Ese umbral.

Pudo ser una casa realmente, o pudo ser un arco del triunfo, bien pudo ser muchas casas pero definitivamente era una entrada.

La asaltó la curiosidad obviamente y estacionó el rodado. Jamás dejaría su camino redondo por ninguna distracción. Sucede, que sintió fuerza mayor, y también sucede que flotaba entre sus venas un poco de sangre. Había un principio irracional y de pasión por ahí fluyendo...perdido.

Pasando el umbral solo había escombros. Mugre. Descuido y violencia visual. Restos desbordantes de quiénes. De algunos. De alguien.

Nadando entre aquel lugar desolado se sentía increíble. Era como trazar un cuento imaginario de una persona desconocida. Era como recrear. Era como sentirse un artista de lo inacabado. Reconstruir, volver a cimentar sobre esas rocas firmes una naturaleza incierta y cambiante. Pero permanente.

Todo lo que allí había estaba muriendo. Moría porque había caído, lo habían derribado, lo había corroído el dolor o la desidia. Habían decidido caer.

Paseó por la tragedia como si fuera un circo. Espléndido espectáculo. Vio algunos amores, unos más eternos que otros. Se sonrió porque lo eterno de un amor le pareció un eufemismo algo banal. No hay amor sin eternidad se dijo. Sintió perfumes, le sorprendió que no fueran hedores de lo que está muriendo. Olía un poco a sal, a pintura y a jazmines.

Se tropezó con una montaña de libros. Estaban rayados, escritos, arrugados. Masacre de libros, les dió la espalda horrorizada de tantas letras ya leídas.

Fue ahí cuando por detrás sintió una pared fría. Allí se levantaba gigante y titánica. El muro; toneladas de libros impecables sin un solo rasguño más que la pasada de dedos de la primera vez que se ojea. Estaban ahí, pulcros expectantes esperando que se dignen a poseerlos.

Le dió un escalofrío y se prometió leer ese últimas páginas olvidadas en la mesa de luz.

Interrumpió sus pensamientos un estruendo espeso. Sonaron Miles de relojes. Horas tiempos segundos y momentos. Se atormentó. Conmocionada se fue oídos tapados. Que obsesión el tiempo.

Al borde de lo que hubiera sido una escalera rodaron mágicamente unos lápices. Colores vividos con vida se desplazaron escalón a escalón. Ella corrió detrás curiosa e intempestiva levantando el polvo del lugar tragedia.

Volaron papeles. Cartas de puño y letra. Poesía. Declaración y promesa. Dolor y felicidad inmensa. Palabras. Armonía de versos. Volaron y el viento se las devoró.

No se dió cuenta de su valor. La distrajo la luz.

Frenó seca. La rodeó un frío gélido. No había ya colores sonidos olores amores. No había nada.

Avanzó autómata porque no sabía moverse en ese momento. En el centro. En el medio de las ruinas un altar.

Mármol madera metal. Era un altar. Lugar de reverencia y protección. Pero no había nada. Era el altar vacío. De lo vacío.

Se dió cuenta.

Se anonadó

Se supo entre las ruinas

Ruinas circulares. Qué por serlo tienen principio pero no fin. Ruinas circulares eternas.

Se supo entre las ruinas. Ella estaba en el centro.

Se dió cuenta

Se anonadó

Se supo a sí misma ruinas circulares.

 

 

Pero los círculos se regeneran.

Rodó rodante pedaleando.

Empezó El circuito circular. De regenerarse y volver.

Para volver a empezar

domingo, 16 de abril de 2017

Estación del alma

Se va secando. Hidratación natural
Se va tostando, mutación estacional
Lejano sol. Fresco aliento. Viento un poco gélido. 
Rosada sonrisa aun permanente. Rosada esperanza de que no hay tal dolor.
Rezando y doliendo por lo permanente.
Se va el verde vida verano. Envejecen tus manos, la tierra se arruga.
Se multiplican los abrazos frazada. Abrazo abrigo, abrazo regocijo.
Gozo color dorado. Hojas de oro y rojo carmesí.
El aire inhala exhala pureza. Frescura y liviandad debajo de las capas en las que te sumergís.
El tiempo resquebraja con violencia, algunos vientos huracanados te desafían dorado sol.
La noche se quedó dormida, tarde se va.
El día presuroso esconde al febo tempranero.
Los mates se acortan. Y empiezo a sentirte. Lejana.
Sonrío a la estación menos querida más poética y mas doliente. Espero.

¿tan lejos iba a llegar tu invierno hostil? ¿tan frágil ibas a abandonarme?

Cielito lindo limpio celeste firmamento lunar.
Halo de las noches más frescas y redondas. Baila la luna grande y redonda, de cuando en vez baja como canción empolvándose la nariz.
Soplan los vientos. Se llevan los remolinos dorados. Tesoros estacionales. Fugaces y pasajeros. Como lo que creíamos perenne. Como lo que soñamos para siempre.
Trémulas las manos, agitada la respiración, mirada al vacío y vacío el corazón.
Ancianas hojas caen. Mueren.
Ilusión de un otoño eterno.
Se te arrugó el abrazo, se recrudecieron tus palabras, se amarronó tu dulzura.
Se te atoñó el corazón.

Y lejana mutaste al invierno.

miércoles, 18 de enero de 2017

Saladita

Ella no sabe muchas cosas. Ella es divertida y sonriente. Ella cree que es su espíritu prolijamente desordenado el que sazona la vida de los otros que la rodean. Ella cree que sus besos son azúcar y sus palabras se elevan cual canela esponjosa al cielo.
Ella contempla el océano inmenso que parece que la consume, se ríe pícara, y juega el lúdico cliché de amenazar a la mar a mojarle los pies. Ríe sonsamente embriagada en su propia existencia de felicidad sabrosa. Se saborea, saborea el horizonte, el disco solar que la saluda a lo lejos y prende fuego su piel. Piel que ella cree que sabe a veces a pimienta y otras a menta alegre.
Sus pupilas se conectan con otras, las buscan con desesperación, se mueven veloces de un lado a otro. Ella asegura que sus ojos saben a veces a limón (nadie quiere la mirada alimonada) y a miel. Dulces como la miel la escuché una vez decir.
Ella mira sus manos tapando el cielo, manos de azafrán, manos de romero, manos de albahaca.
Manos que amasan dice ella. Manos de perfume, manos de consuelo, porque ella sólo castiga con los ojos. Y se expande entre sus dientes una estruendosa carcajada. Armonía de la ignorancia.
Ella sonríe. A veces deja ver sus dientes, a veces los esconde; porque sabe diferente. Sonrisa que pretende que lean lo que no pronuncia sabe a ají. Sonrisa que no necesita que lean nada llena de dientes, es fresca hierba buena.
Mientras degustaba de su propia naturaleza la vi perder su eterna sonrisa. Tuve que aproximarme en silencio hacia la sazonada muchacha. Ella tiesa no decía nada. No despedía sabor. ¿qué pasó mujer condimento? ¿qué opaca tu ritmo carnavalezco de paladar?
Es qué. Ella no sabía muchas cosas.

Hasta que una cruel lágrima se deslizó maliciosa hasta su boca. Y supo. Que la vida sabe a lagrimitas de sal.

domingo, 15 de enero de 2017

Universo de Ojos

El día se acaba
Los ruidos se van
Ta’ triste la casa
Sus manos no están

Yo sé que está, su amor acá

Paciente su fuente
Llenó mi lugar
De risas colores
Perfumes del mar

Entre los cerros se despierta un sol cálido, nítido. Cielito celeste extraño en este enero que dio sonrisas, risas y algunas poquitas gotas de agua.
Extraño enero sin diluvios eternos.
Refriego sin asco los ojos decaídos y lo siento. Como deben sentirse las cosas. Simplemente el organismo se funde con el alma y se sienten. Siento la sensación que el calendario marca. Me resulta inevitable, tanto que procuro seguir una suerte de rutina vacacional ininterrumpida. ¿Tomaré sol?. Si tomaré sol. Vital descanso, signo visible de lejanía de la problemática capital. O no. La cabeza y el corazón jamás nos abandonan. Y yo lo sé. Y yo lo padezco.
Camino, autómata por esa calle de vereda angosta. Miro, me conecto, me conmuevo por las mismas flores, los mismos olores, las mismas puertas y el mismo color celeste inmenso que recalienta mis ideas.
Y me sumerjo, entre el único jazmín que decidió florecer en enero desafiando la naturaleza estacional de su tipo. Y me sumerjo en la foto de la sonrisa a la que homenajea, entre los ojos que son un universo entero para mí. Me paseo en esa galaxia celestial verde selva. Busco la luz de algún lucero que ya no encuentro. Ya no hay luz en esa nebulosa celeste.
Me autoincrepo casi con amor, ¿qué será del tiempo cuando pasa veloz y una parece estar siempre suspendida en cámara lenta? Sin gravedad flota la humanidad. Me arrugo, me hago bichito bolita y espero que vengas a mí a modo de refugio.
Dejé en el pasillo tu jazmín y me reencuentro con tu ímpetu, con tu juventud y con el universo de ojos casi escondidos detrás del flequillo que supiste usar rebelde.
Y quisiera hoy ser feliz en tu eterna felicidad.

Y aunque sean dos, diez y son realmente ocho, los quince de enero se viven flotando en el universo de tus ojos. Donde puedo ser chiquita otra vez, donde los bichitos bolita reciben su refugio y donde el tiempo no es tirano, no sana heridas y no marca las arrugas.

lunes, 9 de enero de 2017

Revolucionaria Soledad

La revolución no se lleva en los labios para vivir de ella, se lleva en el corazón para morir por ella


Yo te veo. Veo a través de esa mirada que querés mantener impávida. Querés dejarla ahí quieta, tratando de dominar tus pupilas. A veces se me ocurre que aprendiste. Que luchaste intenso combate con tu fuero interno. Que dominás tu pasión, tu dolor. Y tu amor.
Sepultura humana de lo más elevado que supo albergar tu alma.

Yo te analizo entonces. Me acerco y casi que te respiro, siento tu rebelión joven y me apasiona. Cada gesto congelado, centímetros de tu espléndida humanidad. Te recuerdo grande, sonriente. Todo desafío y anhelo. Recuerdo la corrupción de mis defectos más miserables frente a la sanación de tu presencia.

Yo fabrico un juego de memoria. Juego con la imaginación, levanto puentes, tejo madejas donde enredarnos. Arquitectura de protección. Encierro. Te encierro para que no te escapes, pero lo que encierro tiene espacio de eternidad.

Yo pienso, que echaste raíces en la tierra y que tus brazos albergan lo eterno. Pienso que sos perenne. Que el tiempo apenas dibuja unas curiosas pecas entre tu nariz. Pienso que el puente que supo protegernos de los tormentosos dolores es impenetrable. Es un muro. A veces pienso que estoy del otro lado también.

Yo te toco. Y mi corazón percibe. El músculo se contrae. Un sismo siento porque no estás ahí detrás de mis dedos. Te busco desesperada intentando entender porque parece que huyó tu espíritu. Mis pupilas escrutan tu sustancia y coinciden con la tibieza redondez que ahora llevás por ojos. Frio, escalofrío, invierno y oscuridad. Tu mirada me lo traduce y se roba mi aliento. La revolución te aterra.
No la llevás, no la soportás, no la bancás, apenas la pronunciás. Preferís la muerte bajo la ley que la agonía revolucionaria de llevarme en el corazón.

Yo te busco incansable sin embargo. Esperanza desesperanzada, se me ahoga un suspiro.

Yo te increpo. Te incito, evoco el pasado, evoco tu grandeza, evoco ese recuerdo de lo eterno que supiste ser. Tiesa tu respuesta me desalma. Incapaz impenetrable derribaste puentes, arquitecturas y monumentos.

Yo te desarmo y me encuentro con el hedor de la nada. Sos pura convención, no hay color, no hay pasión. Solo vos. Esa versión de vos, indiscutible tedio de vos.
La procesión de los sueños y la ilusión quedó sepultada. Porque te faltó. Porque te venció. Porque tu descarada actitud de éxito se llevó el encanto. Las palabras pierden su magia cuando las esbozás con lentitud. Ser racional sin naturaleza de hombre.


Yo te alejo. Porque el tirano gobierno que te condena es demasiado cobarde para mi revolución.