jueves, 30 de diciembre de 2021

Dorado sagrado

Desde que el aire habitaba la tierra, sus cabellera verde lima flotaba en el cielo. Majestad legendaria.
Parece, que desde que no hay tempestades, su primavera naturaleza se pasea por el firmamento.
Cuentan los juglares, pequeños bufones de fantasía, que se mueve, que baila, que interrumpe los espacios con su belleza.
Murmuran los incrédulos. Los niños le cantan.
La infancia sutil, suspicaz, sabe de lo sagrado. Los adultos no creen.
Dicen que la frialdad ciega de los ojos transeúntes le robaron la danza. No lo contemplaron, siquiera lo vieron. Se les escurrió la leyenda. 
Belleza legendaria. Fue muriendo, echando raíces, inmobil, estéril, corrompido por la ceguera.
Ah pero los niños.
Pupilas bailarinas arrebatados de fe, caminantes de ilusiones, elevaron sus ojos hacia donde no hay fin. Y se encontraron. Magnífico dorado fulgor. 
Le dedicaron una sonrisa, y el inclino sus mariposas flúor desparramando una suave caricia.
Son de oro susurraron las almitas.
Le hicieron una ronda, canturrearon alguna poesía y el árbol color del sol se encendió con el ritual.
Sacudido les regalo sus hojas. 
Son mariposas. Susurraron de nuevo.
Pero se tenían que ir. El tiempo del hombre.
Sumergido en el olvido, dorado y triste desafío su naturaleza muerta. Arranco sus raíces, se le cayeron algunas mariposas, pero su danza eléctrica lo puso en movimiento.
Murmuran los juglares que el Gingko Biloba es sagrado para quienes saben contemplarlo. Quienes se atreven a dejarse atravesar por el misterio del Creador.
Se comenta, entre los cuentos de abuelas, que el milenario árbol a veces se escapa a jugar con los niños, que le dieron vida, y se queda a veces dormido, para recordarnos lo eterno.

martes, 28 de diciembre de 2021

Autorrelato vol. VII

Tipo seis empieza la ceremonia. Yo no es que lo programe. Surge solo, me brota.
Me acuerdo de que mi sobrina de ojos redondos y rasgados a la vez, pidió un diario íntimo para navidad. Con llave dice. Con llave.
Y pensé que soy una suerte de diario auto parlante.
No tuve siquiera que hacer el esfuerzo.
Iba escupiendo un relato. Iba desbordada vomitando anécdotas mentales. Queriendo retener las metáforas, pero a su vez, riendo la risa silenciosa de mi imaginación. Frondoza. 
Me dejo llevar. El baile de la narración sólo puede indicar una cosa. 
...
Como a las 8:30 ¿eran? Si. Eran.
Solo que yo no era. Se me había escurrido el sueño y me pesaba el cuello. Capaz mi cabeza esta inflada de dramas y algunos se fueron arrastrando cual sanguijuelas hacia mis hombros, axila.
Que incomodo que te pese la cabeza.
Inicio un ritual nuevo. Pongo la almohada de lavandas a calentar. Yo odio el microondas. Pero, cual premonición de una amiga "es bueno para calentar almohadas de semillas" 
Llamamos la contractura.
Ya se mudará, o bien, anidara entre mi humanidad.
Así. Encaminada la sanación, me asomo al jardín. 
La pantera que tenemos por gato finalmente abandono su identidad portuaria. Su felpuda naturaleza se auto invito al árbol de magnolias, quiza para mirarlas de cerca, quiza para resultar un poema. Porque, más allá de que subí casi a la par al techo en un arrebato franciscano/sobreprotector de amor por mi gato, la escena era bellisima. 
Me quedé. A la contemplación del rebelde felino que me miraba burlón entre medio de las hojas abundantes de la magnífica magnolia del vecino. Digno del libro de la selva.
No hizo falta mucho esfuerzo. Volvió sarandenado su cola por un lateral vertiginoso. 
Quisiera que nunca se escape. Pero va a pasar.
...
Al cabo de la tarde fuimos y volvimos. Tomamos agua y debatimos internamente que nos pasó en casi tres meses.
Me jacte del ocio. Me puse excusas para leer.
Me detuve en el espejo. Eterno traidor.
Confabulamos planes para el verano.
Sacamos a relucir el arte cajoneado cual denuncia en tribunales. 
Cantamos. Cante, el gato solo hizo lo que mejor sabe hacer: compañía.
Ahi estuvimos. Ahí estoy. Errante conquistando cada rincón del posible hogar. 
Ahí vamos, sembrando sembrador distraído y desprolijo.
...

Desde acá, la luz no puede ser más cálida.
La casa se tiñe de miel.
De a ratos me acuerdo que sobrevivo. ¿O me confundo, y es que ya estoy viviendo?
Quizá el autorrelato de diario íntimo sin llave y sin hojas sean el vestigio de la vivencia.
O el registro. De que vivo.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

crónicas rotas XXXVI

La vida es lo que pasa entre que: (vale leer por cada renglón)
Aprendo a dormir
Me hacen ruido las tripas. Me recuerdan que estoy viva. Que comer es el mismo trámite que dormir.
Sentis el latido furtivo detrás de una bajada en bici veloz, joven y muerta a la vez
Venis y te vas. O te escapas
Me autonarro la diaria. Y la noche.
Enciendo la cafetera y me acuerdo que no tiene su jarra.
Fidel sale al patio y se revuelca estirando su pelaje al cielo. A veces soleado. Otras veces bipolar.
Respiro y dejo que el zumbido romántico de las avejas que se engolosinan con las magnolias del vecino, se transforme en una amenaza serial.
Dejo de fruncir el ceño.
Que abris el portón y lo cerras.
Te animas a un libro nuevo.
El arte deja de ser una ilusión. Y tomas el lápiz de una buena y santa vez.
Te vas, te rompes toda y te recompones.  Para seguro volver a irte. O a romperte.
Se escapa titanicamente una mosca que al final muere en las garras de la pantera.
El jardín se vuelve selva, misterio y luz de luna. Y viene el jardinero a civilizar la barbarie.
Domingo de diálogo silencioso y plegaria. A domingo de reclamo y hastío. Circular.
Se acumulan las lágrimas y te duchas.
Prendes una vela y pedís socorro. Y das gracias.
Me salen lunares por el sol. Me corto el pelo, lo tiño, me aburrí.
El recuerdo, la risa con dolor de panza y la melancolía. 
Aprendes a hacerte entender con los ojos. 
Te sentis cautiva y te encontras de madrugada protegida por la luna y su abrazo. De él.
Cada 15 de mes. 
.
.
.
La vida es lo que pasa cuando me acuesto en la alfombra y fide se duerme en su vigilia.
Tanto, que me deja tocarle la panza.

viernes, 10 de diciembre de 2021

Redención

Agotada. Desahuciada. Desabrida.
Encendió una vela. Busco a ciegas como con desesperación. 
Los dedos se entremezclaron con el amargor que emanaba.
Pesada. Obesa de hastío. 
Susurrando mantras en esa bruma inmadura y caprichosa, se sintió viva.
Vibración visceral. 
Porque es en el seno del alma donde se siente la vida.
Liviana flotante trepando los versos. Atesorando metáforas.
Fue encendiendose al compás de un ritmo sagrado.
La belleza calma y arrolladora.
La sutileza del poeta.
El drama del amor.
Encendió eternas velas ese día.
Se dejó redimir por la poesía. 


sábado, 27 de noviembre de 2021

Crónicas rotas XXXV

Vislumbraba de a ratos el cielo.
Imaginario, porque los techos le hacían de bendición.
Vislumbraba historias, espacios a descubrir, autorrelatos.
Paseos en bici. Viento huracanado.
Escenas llenas de todos los clichés mentales, musicalizadas con su propio sound tranck. 
Sus dedos jugaban con el pasto. Selva superpoblada de relatos. Rincones verdes atesorados en sus pupilas.
Sonreía, pero su boca no emitía mueca.
Palpitaba pero no había aventura real.
Solo vislumbraba.
Por fortuna lo hacía. 
Vislumbraba océanos en invierno.
Cumbres en primavera.
Ríos de verano.
El crujir del otoño atravesado en sus dos ruedas.
Vislumbraba la poesía que iría a escribir. En un futuro pluscuamperfecto. 
Olía un atelier. Olía a óleos.
Se manchaba con una dulce ficción los dedos con pastel tiza.
Cerró los ojos y se alimentó de todo el oxígeno posible. 


Vislumbró un presente paralizado con su propio palpitar. 
Se vio esclava de su personalidad.
Enajenada nido adentro. 
Donde todo se vislumbra, y nada sucede.

viernes, 26 de noviembre de 2021

poesía fallida IV

El romancero
Que se recrea
Entre el suspiro del cielo
Y el de cuerpo

El hastío
Doloroso
De lo incoloro
De tu existencia

La soledad 
Metafórica y real
Entre el disfrute y la melancolía 
Del presente

El empeño primitivo
De hablar sola
Hacer nido 
Hacia adentro

Lo insólito de un abrazo
Que no está 

domingo, 21 de noviembre de 2021

autorrelato vol. VI

Cuando el corazón estaba prisionero de una supervivencia primitiva. Necesaria. Vital cual bocanada de aire.
Cuando al arte necesitaba contenido, necesitaba pigmento, cielo, natura. Cuando el autorrelato era la minimizacion de esos atisbos ínfimos de luz. Cazados cuál luciérnagas preciosas. Escapistas silenciosas de los que no desean autonarraciones.
Cuando su silencio fue decodificado en las suaves pupilas de su refugio; se aventuraron presurosos sierra arriba. Nómadas a sabiendas de un hogar que transportaban ellos, en sus existencias.
Noviazgo eterno.
Lo necesario en esa franja abrumadora de suelo verde y cielo celeste. No se puede más verde o más celeste.
Se encontraron con una tierra nueva, mariposas, bichos, una marea de ranas, arlequines noctámbulos.
Bell orquesta dialogando con la luna.
Nutrieron la supervivencia de lo nuevo, regada con agua cristal. Regalo de Dios.
Se escaparon algunas lágrimas, tímida acción de gracias por la creación al alcance de una súplica.
El registro de las miles de criaturas, flora y fauna, llevado en los ojos, más verdes cuando se le acumula tanto cielo.
El registro de una carpita prestada, de la hamaca amarilla y un mate atardeciendo.
El registro de lo infinitamente ricos que somos y de lo sabio que es mi marido para planear escapes.
Ojalá me agote de autorrelatos de campamentos en familia.


miércoles, 10 de noviembre de 2021

autorrelato vol. V

Sintió sus dedos al pasar de refilon por su espacio favorito. 
Ya tenia uno. Lo fue desde el día en el que la calidez del encuentro lo vistió de telar. 
Se detuvo perdiendo el tiempo.
En penumbras. Crujian los cielos. 
Se dio cuenta que no eran complementarios. No eran naranja azul.
Eran galaxias, universos, distancias.
Desiertos. Libertades. 
Eran alas. Represa y río arriba. Eclosión. 
Sintió un poco de su alma habitar.
A sabiendas de no ser azul, ni naranja.
A razón de ser uno, y amar a un otro. 
A su galaxia, a su desierto, a su universo, a su libertad.
A su encuentro, donde nunca se sintió mejor.

miércoles, 27 de octubre de 2021

atorrelato vol. IV

Como una suerte de transformación única. Como si atravesar ese umbral que te tenia sumergida flotando en el limbo. El corazón en suspensión, lo más parecido a una tierra árida. Devastada. Rota. 
Como si ese sin tiempo también pudiera meterse en una jaula a sí mismo.
Es que suena una música. 
Separo realmente los ingredientes para esa receta de la victoria. Huelo instintivamente la naranja. No sabe a nada.
Y mientras surge la cocina me doy cuenta de lo inmensa que es. Una mansión. 
Son mis plantas pienso.
Me imagino un verano. O un sol. 
Me auto proyecto a una tarde vacacional para recibir al refugio.
Suena esa canción que nadie escucha, que nadie baila, que nadie conoce.
Y yo, mi budinera y mis ilusiones maternales la escuchamos, la bailamos, la conocemos. Sonreímos y anhelamos volver a ser nosotras mismas.
Deseamos que el espacio deje de ser inmenso. Sembramos prefumes de sahumos y colgamos caras conocidas.
Hacete hogar pronto.
Llenate de historias
Del perfume de un budin de naranja
Llenate de acuarelas, lapices y hojitas para pintar. 
Superpoblate de charlas. De confesiones, de velas y rezos.
Hacete hogar pronto, que hoy pinté una mecedora de lectura, arrullo y contemplación. 



domingo, 17 de octubre de 2021

Autorrelato vol. III

Ah si, alarmas.  El imperio del tiempo. Ese dios que hace rato no domino y del que aparentemente ya no soy amante.
Limbo y respiración aletargada.
En mi cabeza el relato.
Mates. Tomamos unos mates en pijama.
Yo descalza ella en pantuflas.
Ambas rodete.
Tomamos el pulso de nuestra charla con esos breves silencios amigables. Ponemos en la balanza este vínculo. Esta realidad transformadora, arrolladora.
Y tan vital.
Reímos. ¿Algún consejo?
Me auto pregunto cómo habrá hecho.
Me responde. 
Se me escapan algunas ideas posibles. Tanta creatividad, tanto ímpetu. Y tanta devoción. Al cielo y a su refugio. Ah es que nosotras tenemos.
Le digo, que deambulo sonámbula sin destino aparente. 
Le digo que de me escaparon la líneas y se me derrama el color.
Le explico que cargo grilletes de inutilidad. 
Sonríe a media sonrisa. 
Porque sabe. Sabe que detrás de lo inútil, de un cansancio evasor, solo hay una niña frágil de pelos arratonados que no sabe pedir ayuda.  
Y que por suerte le sobran palabras a los ojos cuando no las sabe/puede decir.
Y ahí voy, preguntándome por vez mil porque duele de a ratos más que otros.
Ahi vamos, a cara lavada escondiendo limbos en las esquinas de los ojos.
Ahi vamos madrecita, deseando como tesoros que nuestras charlas sean más que un autorrelato del día de la madre.



miércoles, 13 de octubre de 2021

autorelato vol. II

Empieza el retorno. ¿El retorno? 
¿O es que estamos siempre volviendo?
A la nada. Y al todo.
A lo desconocido, aventura, corazón inquieto. Calma. 
Avanza la caravana a casa. Hay que empezar a habitar. A ella, porque ya hace rato nos habitamos. La caravana es pues. Vamos nosotros. Nuestros anhelos, las ansiedades, los recuerdos y los temores. 
Vuelve nuestra luna de almíbar, llena de souvenires, memoriales de un romance con la tierra del vino y la belleza. (Que alguien se atreva a discutirme a la hermosa cuyana)
Vuelvo. 
Vuelvo yo que fui novia, fui Anne, fui la silenciosa hija, y la huérfana. 
Tuve flores entrelazadas entre mis alborotados pelos, me vesti de princesa de fantasía y realidad. Transité la ficción de la bride to be.
Me dolieron/duelen todos los abrazos que dejé entre las luces festivas de mi propio festival. 
Volvemos, ¿o es que nos estamos yendo siempre?

Ojalá mis hijos tengan tanta imaginación como se es posible.
Sino, no vamos a divertirnos con los relatos de la luna de almíbar. Donde no hubo efervescencia, no hubo show. 
Hubo hogares improvisados, brindis frescos con sabor a todas las ilusiones que me entran en el cuerpo. 
Hubo cielos y vientos de romance.
Y también hubo lágrimas de cocodrilo porque irse y volver es agotador para esta humanidad frágil.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

autorelato vol. I

El día estaba muy nublado.
La propia sensibilidad al sol, este ser girasol que hace que se sienta ancho y vital. Receptivo. 
Pero el día estaba muy nublado.
Ya había agendado ir hoy asi que no iba a fallar. 
Tuve los horarios en una foto llenandose de moho en formato pixel.
Borro las fotos. Cierro los chats.
Pero el primitivo print de pantalla de los horarios de socorros mutuos prevalecía al imperio de la eliminación diaria.
Busque el camino en google, ¿por qué lo hice? se perfectamente como llegar. Lacroze al fondo. 
No me bañé, lo cual implicó una suerte de mood supongo. No iba sucia, pero iba aletargada. 
Iba y fui pedaleando aletargada. Escribiendo este autorelato como muchas de las historias auto-narradas en mi deambular sobre dos ruedas.
Iba dormida. Sabiendo que había algo que no queria despertar. ¿Sabiendo?
Lo vi ahí, rompiendo el blanco de nube. Todo cálido con ese rosa pastel y sus columnas monumentales. Atravesar esta suerte de muro, de oasis, de isla sin tiempo. ¿O es que el tiempo es eterno?
Aletargada y relatando. Compré unas flores. No examine donde ni a quien pero si cuales.
Esas.
El mandato paterno de cambiar las que hubiera.
Gasté $300 en un tímido 'buquesito' de yerberas blancas y unas fuxias muy fuxias que sabe comprar papá. 
Una no escatima en los muertos pensé.
Me dispuse, tenía el speach mental armado por si me preguntaban (¿quien acaso lo haría?): voy a Socorros Mutuos panteón C. 
Sabía con sabiduría a donde iba.
Y al igual que todas las veces que fui (al principio modo familia, despues fueron diluidas, muy diluidas) es que entras ahi y estás en un limbo. No hay sol, no hay luz, no hay nubes, no hay viento ni tiempo. No hay ciudad. No hay ruido ni silencio. Limbo. 
El relato de este limbo. Me detuve lento para hilar las ideas de mi narración.  
Baje la bici y dije: capilla al fondo, ahi a la derecha primera calle. 
Y dos cosas me llamaron la atención:
Uno ¿cómo es que sé llegar? no es que no haya ido, fui, muchas y pocas veces para 12 años. Pero los que me conocen, saben que, salvo que me vea obligada a prestar atención, nunca retengo el camino, recorrido o señales para llegar. Jamás si hay alguien que me lleva y presta atención por mi. Y mucho menos si las veces que fui implicaron un viaje en auto, donde claro, yo no manejaba.
Sin embargo, se vé que me quedó tatuado en la poca memoria geográfica que tengo. Yo sabía a dónde iba.
Me senti observada, era raro claro, pensé.  Yo que parecía que no estaba perdida, que no iba a ningún servicio fúnebre, que llevaba una ofrenda trabada de el portaequipaje de su bici, con pinta de risueña y con cara de autorelato. 
Me veían, pero yo dominaba la situación, era terreno dominado y conocido. 
Y lo segundo, me percaté de que es probable de que no me entierren en CABA. Obvio que nadie lo piensa, pero yo lo pensé. Se me juntó la patria en donde está mi madre, y el desarraigo...porque se ve que también me voy y la dejo a ella ahí. No sé.

Seguí como me digo a mi misma, con un paso muy seguro e intuitivo. 
Memoria primitiva de mis menudos 20 yendo un día de mucho sol. Me acordé que me impresionó esa caravana fúnebre aquel día. Y que grande y sólo que está Chacarita.
Guardé mi bici, me miraron los de Socorros Mutuos (acordate, que raro, los jóvenes no vienen al cementerio) Yo si, sabía a donde iba. Me llamó la atención la prolijidad del panteón, los empleados pululando y mi firme y poco tímido buen día. 
Acordate. Ya estuve acá. Yo se a donde voy.
bajé, segundo subsuelo, izquierda, izquierda, un pasillo, dos pasillos. Llegué.
Me pesó muchisimo el cuerpo y haber llegado. Y no haberme olvidado nunca jamas de cómo ir. Se me atragantó el relato.
Moví la escalera, bajé las flores que había, cargué agua, corté torpemente las flores que tenía (recordaba que había tijeras, pero el covid las sacó, se ve) acomodé mi ofrenda y la puse en su lugar. 
Me acordé de papá haciendo ademanes y nosotros mirando sin saber qué decir
Vi de cerca ese nicho. 
Me acordé y relato la escena. Nos vi a nosotros a lo lejos, como si como si fuera un tercero expectante ese día, ahi los 4 hechos un desgraciado ovillo de lágrimas sin saber qué hacer con este hueco enorme. 
Es que ese día se armó un pasillo, todos en el fondo y los 4 huérfanos paraditos cuál custodia fraternal. 
Sabes que lo cierran y se te cierra la vida. Chau, no está más. Sabés que no está más porque ya REALMENTE NO ESTÁ MÁS.
Me sente sin mover del lugar el silloncito que estaba ahí dispuesto a la espera. Dije cosas desordenadas, la maraña de pedidos, dolores, alegrías y circunstancias. Me rei de mi misma, dije...estoy muy desordenada, pedí perdón. Pedí una mano...y me fui pensando que todo sería tanto más fácil si estuvieras acá, madre.

lunes, 12 de julio de 2021

aproximaciones al puerto. vol II

De esa naturaleza nómada, trashumancia, movimiento. 
Fuego de hogar, nido, refugio.
Emergen luces sonámbulas en la noche un poco gótica. 
Musicaliza un tren de fondo.
Un viaje.
Muchos viajes.
La velocidad con la que se pueblan los espacios, no llegan a dejar su alma, pero sí siembran su perfume. Destellos de los habitantes de la ciudad sin tregua.
Ah.
Pero el nido.
En el minúsculo cubículo ínfimo. 
En ese 2x2 diminuto, sumergido en la montaña de cemento, viviendo en una suerte de panal ruidoso. Allí teje su romance.
Allí llora, se habita, se desarma, se reencuentra, recuerda y sueña.
Allí sembró todas las ilusiones que pudo y dieron frutos suaves y perennes.
Hizo de su departamento un hogar. 
Pero esa naturaleza nómada.
Musicaliza un tren de fondo.
Un viaje.
Muchos viajes. 
Reaprender, volver a andar, sembrar en otros corazones. Irse.
O quedarse para siempre en el corazón de los que ama.
O llevarlos en el suyo, de aventura.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Crónicas rotas XXIX

Abrió.
Los ojos, el abanico que abrazaba el romance circular verdeamarillo se elevó generando una suave sombra.
Su mirada curiosa inició el ritual de la búsqueda. Recolección.  Memoria. Registro visual, fue engordando las pupilas.
Se llenaron de polvo, de esas particulas juguetonas que solo se ven a la luz. La luz de un rayito de sol atrevido, que cosquilleaba el helado mayo.
Engordó. Engordó de verlo pulular, trabajar, sonreír con los ojos. Ensanchó su existencia contemplando el ir y venir entre cacharros e historias.
Abrió.
Las persianas. Todas. No le importo el frío. Sus tobillos lo sintieron y se le enfrió la punta de la nariz.
De par en par, aire nuevo, otoñal. Se quejo de la falta de música y hojarasca. Falta dorado, falta fuego. Y se imaginó que en las sierras todo era poesía.
Abrió.
Sus manos. A la labor, a la construcción real y material. A levantar una morada, un hogar, un refugio, un castillo, un nido.
Sin planos, porque está en el cielo.
Y sus manos tocaron cielo y tierra. Historia del tiempo, entre los que están, los que estuvieron y los que velan con las estrellas.
A las caricias, deseando recordar lo que se siente cuando los dedos se deslizan pícaros por el pelo carbón de él.
Abrió.
Su sonrisa. No se la negó, sintió cansancio, ternura, agotamiento, a veces solapada la escondió frente al silencio. Pero allí estaba, simpática juvenil peculiar. Dejó que fuera espontánea y ligera. Dejó que se fuera borrando la tensión y saboreo bienestar.
Abrió.
El espíritu.  La imaginación. Se supo en ese lugar y en otros lugares.
Se supo en el corazón de sus amigos.
Dejo de sentirse en todos lados y en ninguno.
Abrió el alma. Y se sentaron a dialogar.

domingo, 2 de mayo de 2021

Microrrelato de Cuarentena

 Esa tensión perfectamente identificable. Tanto que se puede sentir.

La podés ver.
Es la sombra entre las pestañas y el ojo.
Es esa cuenca morada, algo sanguínea, grisácea, plomiza.
Casi que la podés tocar.
No es áspera porque su naturaleza es elástica, ya que se acomoda, se anida. Hace hogar entre la nuca y la espalda. Se camufla en las sienes. Merodea las orejas. 
Está a sus anchas sobre el cuerpo encorvado. 
Se zambulle en la marea de la panza. 
La podés oler.
Tiene el aroma de la derrota. De la fragilidad no asumida. De los múltiples basta que acumulaste en las comisuras.
El perfume de los rollos mentales que se apolillan entre tus nudillos y las ilusiones mal sembradas.
Flexible para subsistir. Rígida en sus formas. 
Aplastante existencia entre la bruma de lavanda que te hace conciliar el sueño y te mantiene en vigilia secreta. Poniendo en guardia y en guerra el propio descanso. 
Tal vez la podés saborear. Es húmeda, y salada, como la bronca que desparrama tu incapacidad de abrazar el límite. Tiene el gusto del abismo y de la soledad.
Esa tensión que podés tocar, cada vez que tus manos sienten que duele, y en gesto soberbio y disociado mantienen la postura. La estampa de un cuerpo ajeno, desconocido. Esclavo de un límite sin límites. Y enamorado de la libertad. 
Que no ejerce. 

domingo, 28 de marzo de 2021

Relatos de Semana Santa

Particulas de polvo, aire señorial.
La ciudad se ha vestido de fiesta, de ostentó, de realeza.
Ensalzan, elevan, jolgorio. Murmuraciones. Bisbiseos, susurros. Presagio de otros rumores que se irán a escurrir serpenteantes una madrugada de viernes.
El borrico fiel. Fiel en su lomo recordando la misión que la naturaleza dispuso a tan austero animal.
Cargó el Amor.
Cargó al Rey.
Vio nacer la fragilidad poderosa.
Vio a la multitud atolondrada enceguecerse, tras los ramos de olivos agitando salutaciones que olvidaría al tiempo.
El tiempo.
La hora. 
El recuerdo de un instante de alabanza que se haría silencio. Se haría cruz.
Y miedo.
Entra la Salvación subida a un burro y adorada por las gentes. 
Entra el Nazareno sabiendo del tiempo y la hora.
Entra Jesús como aquella noche estrellada acunado en el seno de la Madre buscando asilo. Morada.
Vuelven los pueblos a recordar su entrada, su tiempo y su hora. 
Vuelve la nostalgia al corazón. 

Particulas volátiles de cemento . El mundo en ebullición. 
Otras multitudes. Otros ramos. Otras murmuraciones.
Pero Cristo Rey vuelve a entrar en la ciudad a las vísperas del tiempo. Y de la hora. 
Se elevan los ojos al cielo color celeste smog, se escapa de los labios gratitud, porque hay burro portador de la Divinidad, porque hay tiempo y hora, hay olivos y hay espera. 
Porque hay Cruz.
Porque hay Redención. 


sábado, 20 de marzo de 2021

Microrrelato

Invadido por un silencio citadino
Flotaba en el aire el tomillo
El aroma sabatino
Del ocio
Sin más preámbulos se dispuso
Páginas. Historias. Microrrelatos mentales.
Su elegante nigerrimo compañero
Sigiloso, la majestad del Nilo se ovilló a su lado.
Absorbía por sus poros el brumoso porvenir
Decidió no mirarse al espejo
A veces sentía que sus pestañas se despertaban como Audrey Hepburn.
Contempló los rincones de su alma
Los rituales de su querer.
Las esquinas de sus vicios.
Apacible vivió.
Habitó el hogar.
Se hsbitó a si misma.

viernes, 19 de febrero de 2021

IV Estación



Entre las agolpadas callejuelas, bailes de polvo y tierra. Aire espeso y complejo.
Entre ese murmullo, griterío, espasmos de curiosos.
Tambaleando doliente. Tiempo atrás pequeño, frágil, curioso.
Tiempo atrás risueño, silencioso. Enrojecido por el sol, trigueño.
Antaño diminuto, vulnerable, ovillo en un pesebre.
Antaño sencillo, guardando el misterio. Siendo rey y servidor.
Entre los laberintos de su calvario, sus ojos explotados se encontraron con ella.
Tiempo atrás amor pedagogía.
Tiempo atrás cuna y abrazo. Abrigo, nido.
Antaño hogar.
Antaño dulce protectora.
Se detuvo el cielo y la tierra en las pupilas de un hijo que encuentra a su madre.
El tiempo y el espacio caen rendidos cuando se trata del Hijo que encuentra a su Madre.

En ese amor, donde no hay tiempo, ni antaño, ni calles, ni espacios.

IV ESTACIÓN: Jesús encuentra a su Madre

martes, 9 de febrero de 2021

aproximaciones al puerto.

Sigilo a veces sensual, te siguen tribunales examinadores de lo que suponen. 
Otean el horizonte que en pocos rincones se dibuja recto. Salvaje selva de cemento.
Se han levantado murallas. ¿grises? No, mirá bien. Ella es explosión de color, vibrante y musical.
Más allá, el romance de los olores, el perfume de tus otoños. La plegaria de los árboles al viento. Ese cielo, majestad celeste.
Han levantado juicios, afirmaciones grotescas en tertulias a puertas cerradas. Vuelan cual moscas de funeral los rumores que corren de tu temperamento. En ese aire denso, espeso y envidioso. 
Se caen ojos al suelo. La imagen porteña. Citadina, soberbia y veloz. Sin impunidad titulan así los epígrafes de lo que sus mentes registran. 
Extraña, cuasi barbarie siglo XXI. 
Seguro pecaminosa. Cargando todos los males, porque oscura y nigérrima.
Se elevan. Escupen desde pedestales, atrios y escenarios, juicios lapidarios.
Te entierran.
Esas miradas recelosas e ignorantes te sepultan.
Y matan el espíritu que no han llegado siquiera a saborear.
No se han atrevido. A derribar sus prejuicios, a desoír zumbidos, a interpelar al extranjero.
Cobardes, no se animaron al otro.
No hablo de mi, no (¿o si?)
Hablo de vos, portuaria, arrabalera, misteriosa, irreverente y altanera.
Que hermosa sos petit París. 
Que estrechos los que solo te ven, te temen y te desprecian. 
Cobardes pues, acá estás.
Toda apasionada, toda arte. A la espera de quien te recorra y se enamore de vos. 
No hablo de mi, no. 
Hablo de Buenos Aires.