El día estaba muy nublado.
La propia sensibilidad al sol, este ser girasol que hace que se sienta ancho y vital. Receptivo.
Pero el día estaba muy nublado.
Ya había agendado ir hoy asi que no iba a fallar.
Tuve los horarios en una foto llenandose de moho en formato pixel.
Borro las fotos. Cierro los chats.
Pero el primitivo print de pantalla de los horarios de socorros mutuos prevalecía al imperio de la eliminación diaria.
Busque el camino en google, ¿por qué lo hice? se perfectamente como llegar. Lacroze al fondo.
No me bañé, lo cual implicó una suerte de mood supongo. No iba sucia, pero iba aletargada.
Iba y fui pedaleando aletargada. Escribiendo este autorelato como muchas de las historias auto-narradas en mi deambular sobre dos ruedas.
Iba dormida. Sabiendo que había algo que no queria despertar. ¿Sabiendo?
Lo vi ahí, rompiendo el blanco de nube. Todo cálido con ese rosa pastel y sus columnas monumentales. Atravesar esta suerte de muro, de oasis, de isla sin tiempo. ¿O es que el tiempo es eterno?
Aletargada y relatando. Compré unas flores. No examine donde ni a quien pero si cuales.
Esas.
El mandato paterno de cambiar las que hubiera.
Gasté $300 en un tímido 'buquesito' de yerberas blancas y unas fuxias muy fuxias que sabe comprar papá.
Una no escatima en los muertos pensé.
Me dispuse, tenía el speach mental armado por si me preguntaban (¿quien acaso lo haría?): voy a Socorros Mutuos panteón C.
Sabía con sabiduría a donde iba.
Y al igual que todas las veces que fui (al principio modo familia, despues fueron diluidas, muy diluidas) es que entras ahi y estás en un limbo. No hay sol, no hay luz, no hay nubes, no hay viento ni tiempo. No hay ciudad. No hay ruido ni silencio. Limbo.
El relato de este limbo. Me detuve lento para hilar las ideas de mi narración.
Baje la bici y dije: capilla al fondo, ahi a la derecha primera calle.
Y dos cosas me llamaron la atención:
Uno ¿cómo es que sé llegar? no es que no haya ido, fui, muchas y pocas veces para 12 años. Pero los que me conocen, saben que, salvo que me vea obligada a prestar atención, nunca retengo el camino, recorrido o señales para llegar. Jamás si hay alguien que me lleva y presta atención por mi. Y mucho menos si las veces que fui implicaron un viaje en auto, donde claro, yo no manejaba.
Sin embargo, se vé que me quedó tatuado en la poca memoria geográfica que tengo. Yo sabía a dónde iba.
Me senti observada, era raro claro, pensé. Yo que parecía que no estaba perdida, que no iba a ningún servicio fúnebre, que llevaba una ofrenda trabada de el portaequipaje de su bici, con pinta de risueña y con cara de autorelato.
Me veían, pero yo dominaba la situación, era terreno dominado y conocido.
Y lo segundo, me percaté de que es probable de que no me entierren en CABA. Obvio que nadie lo piensa, pero yo lo pensé. Se me juntó la patria en donde está mi madre, y el desarraigo...porque se ve que también me voy y la dejo a ella ahí. No sé.
Seguí como me digo a mi misma, con un paso muy seguro e intuitivo.
Memoria primitiva de mis menudos 20 yendo un día de mucho sol. Me acordé que me impresionó esa caravana fúnebre aquel día. Y que grande y sólo que está Chacarita.
Guardé mi bici, me miraron los de Socorros Mutuos (acordate, que raro, los jóvenes no vienen al cementerio) Yo si, sabía a donde iba. Me llamó la atención la prolijidad del panteón, los empleados pululando y mi firme y poco tímido buen día.
Acordate. Ya estuve acá. Yo se a donde voy.
bajé, segundo subsuelo, izquierda, izquierda, un pasillo, dos pasillos. Llegué.
Me pesó muchisimo el cuerpo y haber llegado. Y no haberme olvidado nunca jamas de cómo ir. Se me atragantó el relato.
Moví la escalera, bajé las flores que había, cargué agua, corté torpemente las flores que tenía (recordaba que había tijeras, pero el covid las sacó, se ve) acomodé mi ofrenda y la puse en su lugar.
Me acordé de papá haciendo ademanes y nosotros mirando sin saber qué decir
Vi de cerca ese nicho.
Me acordé y relato la escena. Nos vi a nosotros a lo lejos, como si como si fuera un tercero expectante ese día, ahi los 4 hechos un desgraciado ovillo de lágrimas sin saber qué hacer con este hueco enorme.
Es que ese día se armó un pasillo, todos en el fondo y los 4 huérfanos paraditos cuál custodia fraternal.
Sabes que lo cierran y se te cierra la vida. Chau, no está más. Sabés que no está más porque ya REALMENTE NO ESTÁ MÁS.
Me sente sin mover del lugar el silloncito que estaba ahí dispuesto a la espera. Dije cosas desordenadas, la maraña de pedidos, dolores, alegrías y circunstancias. Me rei de mi misma, dije...estoy muy desordenada, pedí perdón. Pedí una mano...y me fui pensando que todo sería tanto más fácil si estuvieras acá, madre.