jueves, 24 de diciembre de 2020

Microrrelato de Cuarentena

De ordinario el agua corria ruidosa y a carcajadas por algun río arriba.
Las madejas de moscas chimenteras iban de oído en oído. Y el cielo celeste se fue tiñendo de rosa. Se prendió en un fuego calmo y misterioso. 
Se encendieron los grillos noctámbulos serenos de la noche.
Y las estrellas pulularon por el firmamento nigérrimo de cualquier ciudad. Del mundo entero.
En el secreto de las rocas, frías y perennes el tiempo se detuvo. 
El misterio de lo todopoderoso, del reino sin fin. 
La síntesis de la Belleza. De lo Bueno. De lo eterno. 
La Victoria y la Verdad. Rey de reyes.

Y la suavidad, frágil vulnerable. El que todo lo puede, envuelto en rusticas telas, saboreando el amor de la Madre y acariciando su rostro con su diminuta existencia. 
El tiempo se detuvo frente al misterio.
Del dador de vida, del infinito, alfa y omega.
Risueño bebé nacido en Belén.

Que poderosa la imagen. El regalo de este rey. 

El hombre no supo ver, sumergido en la espuma de su egocéntrica celebración. No supimos. No sabemos ver. Contemplar, que en nochebuena, el tiempo se detuvo por que ha nacido la Ternura.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Microrrelato de Cuarentena

El universo en suspensión.
Sus existencias hace rato bailaban un ritmo paralelo, una suerte de valls fresco y sencillo. 
Se sentaron a la orilla de un río. Se compartieron palabras como si ninguna sintonía se hubiera roto en seis meses largos de ausencia. Física.
Sucede que hace un tiempo, los invadía una paz algo vertiginosa y plena. Los llenaba.
Sucede que se habitaban.
Se cruzaron unos mates, compañeros.
Respiraron libremente acobijados bajo el cielo celeste de la docta.
Distraída verborragica ella (siempre que se sentía a sus anchas, desplegaba su mundo interior en múltiples palabras, apreciaciones veloces al ritmo de su corazón apasionado)
Calmo, le extendió unos escritos arrebatándole un suspiro de sus ojos nigerrimos. 
De esos que son para siempre. De esos que revelan, de esos que describen el alma desnuda.
Y quizá cuando se volvieron a encontrar en los ojos del otro, vidriosos al borde de un entusiasmo incomprensible y nuevo. Los esperaba un anillito ínfimo, mínimo, tan frágil. Tan herencia, tan historia. Pasado, presente y futuro. Promesa eterna y circular. El peso del amor, del sí, de la aventura y de la libertad.

El compromiso a una vida para la Vida.

Y el viento jugó con los árboles, les hizo de bambalinas.
El cielo se pintó de naranja.

Y seguramente hubo sonrisas en el cielo.

[El relato corresponde al 31/10/2020]

sábado, 24 de octubre de 2020

La resistencia

 ¿acaso, niña, creés que podes frenar el tiempo con sólo desearlo?

Un poco, sí.

Lejos de ser pasivo, lejos. Impulso vibrante, visceral. 

De todos los cielos que descaradamente provocaron un llanto silencioso, de las infinitas veces que el paseo se pobló de microrrelatos, de escenas de una vida de amores e instantes.

Del desafío a los miedos, atravesando en secreto el nuevo muro de Berlín. Ir a por el encuentro con la lluvia besando las ruedas veloces que se escapan de su acoso primaveral. Reír de las gotas que caen por que fuiste y volviste. Y por que te devoraste el temor y fuiste al encuentro, del alma amiga, de la charla de arte y de lo trascendente.

La adrenalina de encender una vela y rezar. 

La batalla de mirarte y saberte oveja perdida. descarriada. encontrada y amada. 

El coraje de sentirse colmado, extasiado, abrumado mirando la Creación. El Creador que nos deja sin palabras. Y nosotros contemplamos en silencio.

El valor de amar. El atrevimiento desubicado de comprometerse por la eternidad.

La astucia, de leer poesía un martes al mediodía. 

La vértigo veloz de un bautismo clandestino

El corazón en vigilia. Haciendo morada. Levantando celdas interiores. La rebeldía de buscarte siempre Verdad.

El descaro, de elevar plegarias a la distancia. El descaro de resistir a la distancia.

La belleza de la felicidad en formato de Picnic.

El abandono.

La chispas vibrantes de los ojos de la China y Guadi, resignificando la existencia.

Pintar como acto de renovación, evasión. Y consuelo.

La insolencia de hablar de arte un jueves a las 23hs.

La osadía de ir a visitarte todos los Domingos a las 11hs, perderme en el carnaval de luces del vitral de la derecha y llorar en silencio.

El revolucionario abrazo a una vida colmada de Fe.

Impulso vibrante, visceral.

De la Resistencia. A vivir una vida cobarde, a vivir una vida sin la eternidad.


miércoles, 30 de septiembre de 2020

Microrrelato de Cuarentena

Entre la plegaria.

Había algo entre sus labios.

Jugueteaba con su pelo, miraba a algún lugar y sus ojos viajaban.

Disimulaba su cansancio, suspiraba de vez en cuándo. Mecánica.

Se cruzaban sus ojos. Se encontraban. Le provocaba una sonrisa en el vértice de su labio.

Pensó que estaba hermosa.

Porque rezaba.

Porque rezaban.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Hiato

Pausa.
Calma o silencio.
Ese breve instante previo a todo. Al abismo, al amor eterno, al dolor del entierro.
Ese silencio demoledor.
O la promesa. Del que calla y deja entrar en su silencio la marea de los sueños.
La ilusión durante la pausa.
En el vertiginoso recorrido de la sangre, la interrupción. Y parece que el corazón deja de latir.
Parece.
Encuentro.
Espejado e ilusonado.
El diálogo entre dos. 
Compañeros enamorados de las mismas eternidades pero que se ven, se sienten libres. Y se eligen.

El hiato entre este abismo, y lo que hay detrás de la puerta.
El hiato entre nuestro encuentro maternal.
El hiato entre estos dos mundos equidistantes en sus amores que necesitan pronunciarse por separado.

La interrupción. Y el encuentro.
El hiato.

Hiato
Cómo se pronuncia
nombre masculino
1.
FORMAL
Interrupción en el espacio o en el tiempo.
"hubo un hiato en esa relación, desde el momento en que los Mesa se mudaron a Quito hasta su regreso, años en los que no se escribieron nunca"
2.
Encuentro de dos vocales contiguas que no forman diptongo y, por tanto, se pronuncian en distintas sílabas.
"en ‘acreedor’ hay un hiato"


domingo, 13 de septiembre de 2020

Artesanía

De una belleza diminuta. Casi imperceptible. A la vez calculador y espontáneo
Pesado o firme. Sólido.
Y volátil, serpenteante al viento. Para nada fugaz y sin embargo veloz. Ágil.
Hermosamente ágil.
Provocador y enérgico
Escandalosamente conmovedor.

Con absoluto cuidado y precisión va puliendo, tallando, descubriendo.
Las piezas antes formadas van perdiendo la forma, y se van formando.
Haciendo.
Naciendo.
Creciendo.

Hay un momento que tiene una suerte de pérdida. De cesión.
No.

De oblacion.

Dónde se entrelazan musicalmente.
Y empieza el trabajo de nuevo.

Va, la sabiduría, la paciencia y la absoluta entrega. Va sutilmente puliendo.
Haciendo.
Naciendo.
Creciendo.

La obra artesanal única en todas sus versiones y variantes.

El amor.
De los trabajos artesanales que mutan y embellecen cuando dejan que el Artista los pueble.


sábado, 1 de agosto de 2020

Crónicas rotas XXXIV

Borroso, nebuloso.
Cómo el despertar de una mañana húmeda en esta ciudad. Acá y no en Londres. Digo, en el Reino Unido parece que la humedad es una moda. O es que en ella se retienen como gotas de cristal en suspenso, todos los rumores de una ciudada amante.
No veo bien.
Se me achican los ojos y las ojeras se trepan a mi visual.
No es el sol, no es un abrazo de luz en pleno agosto.
No veo bien.
Me dirijo con una velocidad calculada. La falta de visual me hace llevar un porte soberbio y altanero, el agudizar la vista se traduce en una mirada de desconfianza y obstinación.
Se va recreando una suerte de muro a mi paso.
No veo bien.
Es que no. Veo. Bien.
Arribo a la consulta y espero mientras ojeo con cuidado algunas letras y palabras. Sin querer se me escapan algunos gruñidos y espasmos corpóreos frente al insólito relato semanal que tengo entre mis manos. 
No entiendo estos titulares de la gracia o la desgracia. Me limito a surtir mi ya frondosa imaginación con historietas personales.
Calculo y recalculo los proyectos y planes, y sumas y restas. Reviso mentalmente las posibilidades los hechos y múltiples resultados. Contemplo ilusoriamente el éxito. Y la ganancia.
Añado una suerte de drama, que lo hay. Existencial, es clarisimo.
Contemplo.
No veo bien.

Frunzo la cara toda ante el pedido de lea la fila de abajo.
Me arrugo.

El buen hombre gris se me aproxima o al menos eso deduzco y me extiende unos cristales, incómodos, fríos. Algo me aprietan.

Y la niebla fue sol. 
Y la lista interminable se redujo a añicos haciendo mugre en mi propia imaginación.

Miopía intelectual emocional y espiritual.
Me recetaron perspectiva.



domingo, 19 de julio de 2020

Microrrelato de Cuarentena

-Me sentí vibrar.
-¿acaso de miedo?
-no
-¿tenés frío? estaba bastante húmedo hoy. ¿o es que...estás enferma?
-no
-hambre, definitivamente. O pienso que tal vez es una de esas malas pasadas del cuerpo donde la presión, y la atmósfera...bueno vos sabés.
-no. Te repito una y mil veces. No. Sin embargo es cierto que mi cuerpo vibraba. Una música mental o del ambiente ya no me acuerdo bien.
-¿no te acordás? ¿y cómo sabes que vibrabas?
-ah. por la sensación. no, por el estado. Yo estuve ahí. Permanecí en vibración. Allí donde el pensamiento se hace hondo. Donde la oscuridad solo puede hablar de la luz, y donde el paraíso parece que fue dejando sus huellas.
-esa imaginación tuya....cualquiera diría qu..
-¿¡qué!?, ¿qué estoy loca? es que te digo. Vibraba. No había ruidos de avenida no, no había cielo, había un firmamento atigresado porque las nubes se estaban disipando, había velocidad, y vapor.
Y era una aventura sin viento pero con el corazón envuelto en un huracán. No había destino, te digo, pero era como si todos los destinos fueran posibles. Era como un paseo. De un turista que va rodando por los rincones de sus recuerdos y sonríe por que el elige la memoria los domingos. Como si el invierno no nos diera miedo, o melancolía.
-¿te drogás acaso?

-no. Sólo salí a andar en bici.
y me sentí vibrar.

jueves, 9 de julio de 2020

afortunado infortunio

Con esa suerte de los que sienten que el azar siempre se ríe.
Por que su suerte tiene nombre de Providencia.
El techo incierto se iba decolorando al olor de la lavandina. El techo se movía, mutaba mutante como sus ilusiones. Jugaban. La costumbre de tener algo sobre la cabeza les generaba hastío, y abrazados en el firmamento dibujaron un cielo, o una galaxia. Fueron satélites de su propio sol.
Se transformaba en noche cerrada, con un fogón. Y olor a eucalipto. Bastaba con encender el olor. Bastaba con viajar al verano entre arrayanes. Bastaba con quererlo.
En movimiento de arcoíris o de las nubes de Van Gogh.
Con esa fortuna. Su infortunio era que el mundo no veía su tesoro. Ah. Pero eran tan ricos.
Tanto que el oro los desbordaba y su casita de dos por dos por momentos era un palacio.
Y ellos la realeza.
La diadema de ella eran unas flores silvestres salidas de un paseo sabatino, y la corona de él era de ese papel metálico de librería multirubro.
Es que no hacía falta.
Levantaron laberintos en sus almas con el solo motivo de buscarse. De jugar al encuentro.
Disfrutaron del silencio del insomnio que los dejaba mirarse. O de los salones de baile que los convocaron a una salsita, o tal vez a un melódico ritmo de jazz. Quien sabe qué sonaría en las fiestas que celebraban en su diminuto living, disfrazados con sus propios encantos. Donde las joyas eran sus ojos y el perfume de su existencia los vestía de gala.
Desenterraron su propio carnaval y cosecharon su vid. Se saborearon de sólo vivir. Transformaron la desgracia en la aventura de una tempestad, capitanes de su navío. Capitanes tripulación y sirenas. Arribaron derruidos a buen puerto. Siempre había un puerto, por cada tormenta. Por cada marea alta.
Hicieron de la lluvia ofrenda.
Con esa suerte de envejecer brindando por saber sufrir.
Con la fortuna se saber creer.
Y amar. Se.

lunes, 6 de julio de 2020

Poesía Fallida III

de manera
caleidoscopio
a la luz de la hermana luna
o besada por el sol
de manera
que la llama de una vela
fugaz
proyectó 
lo sencillo
de un tiempo sin preocupación
de una selva
amazónica
en su hogar
o en el corazón de aquellos
que la llevaban 
de viaje
de manera
que cerrando los ojos
flotó
y floreció
de manera que cabía 
en sus ojos
todo.
lo tenía
sin tener
nada

de manera 
que se trata de cambiar
la manera
de ver
para contemplar

martes, 30 de junio de 2020

Ruinas circulares II

Se subió a su rodado. Giró en el ciclo que creía eterno y agotador. 
Lo nuevo brillaba. 
La extasiaba este viaje alunado y redondo
tenía una meta, había trazado mentalmente un destino
Y eso la llevaba en su movimiento circular a moverse
a salir del letargo o del hastío
de ese mundillo
de esa madeja
ah, pero el telar era verdaderamente bello
sin embargo, o empero, o a pesar de.
El rodado funcionaba y la máquina volvía a contar los minutos y segundos. y probablemente le pasaba el informe telegrama de su respiración rutinizada.
el oxigeno necesario. vital
y lo vital la golpeó rotundo, porque se le atravesó un destello de luz melodioso entre los árboles
se atrevió a mirarlo
no, descaradamente se atrevió a vivir con el.
quiso contenerse porque le parecía ridiculo, pero se atrevió a vivir con ellos.
Se le escabullieron unos salmos por la boca. Flotaron en el aire espeso y se elevaron. con el su plegaria.
la mirada arriba, las pestañas coqueteando con el cielo celeste, salpicado del fuego estacional.
se saludó con un Ginko que seguro estaba ahí esperando.
y la musica mental empezó a entonar sus acordes.
dio las gracias, por el éxtasis que le provocaba la poesía de la creación.
por el nudo emocional que habitaba sus entrañas y que no, no, de ninguna manera quería socavar.
se sintio vigorosa.
plena.
en un paseo fugaz, con un destino inconciente.
es que en realidad el paseo al correo no era una evasión.

“no era una fuga permanente, se trató de salir de nuestro mundo para retornar a el, con renovado asombro”

celebrando el viaje. Se sintió plena y dio las gracias.

miércoles, 27 de mayo de 2020

Limbo


Atendiendo otra vez a la propia interioridad, reflexiono. No los invito a acompañarme porque el viaje puede ser interminable y de lo más caótico.
Si se atreven.
Esta vez, las ideas nacen de la fase 3, porque ciertamente el tiempo se mide en fases. Y en picos.
No hablo de los picos frutos del agobio laboral, o de los picos helados de las altas cumbres que reportan el cielo austral, o cordillerano. Y menos hablo de la expresión noventera para el contacto fugaz y adolescente entre dos posibles desconocidos. Hablo de la Pandemia.
Vuelvo entonces: en este tiempo de fase tres y a la espera del pico me siento igual de agobiada que en la fase 1. Pero algo extraño que procede de alguna emoción subterránea me conmueve. ¿Es una suerte de costumbre acaso? Puede ser, de alguna manera nuestra voluntad se va sometiendo al limbo de lo incierto. Algunos nos rendimos a la pausa obligada y de vez en cuando nos sublevamos en contra de los pospuesto. Y lo empezamos a planear claro.
O seguimos haciéndolo.
Es que la fiebre no es por un virus. La fiebre es el letargo en el que esta quietud te sumerge.
En aquella lejana y oscura fase 1 fuimos absorbidos por la hiper, la hiper actividad, la hiper ansiedad, la hiper angustia, el hiper acopio. Y si me sale de adentro la historia, la hiper inflación que siempre se avecina.
En fase 2 y 3 las cosas son diferentes. Limbo.
Nada es espontáneo, nada se siente tanto, más que el miedo. Propio, me confieso. Pero ilógico.
TODO lo pausado tiene sólo una cosa en movimiento. Y es la planificación a cómo sobrevivir. En el limbo.
Nos enredamos entonces en las suaves telarañas de una lógica sin lógica. Hablamos de lo anormal como normal y el cielo dejó de ser celeste. Apelamos a un discurso de que “la cuarentena arruina todo” ¿o es qué ya estábamos arruinados?
En medio de este fatalismo cósmico y dramático que bien me sale. Suspiro.
Y miro las luces de colores que se espejan en la pared de mi living, oficina, sala de reuniones y de descanso, altar de oración y también aula.
Me distraigo con lo que ellas producen: destellos. De color. De cristal. De luz. De sol. De Creación. De Alianza. Se me va el alma pensando en el puente arcoíris que trazó el Padre. Se me va, se escapa. Suspira y llora el alma de manera incontenible e inexplicable cuando siente las hojas ancianas crujir debajo se mi rodado 26 que tanto amo. Y extraño.
En la fase 3 los que salen son irresponsables. Los que no salen son paranoicos.
En la fase 3 hablamos de lo legal e ilegal, del Estado como una suerte de Gran Hermano protector. ¿es qué acaso el Estado no DEBE SIEMPRE protegernos? Y ahora nos preguntamos, ¿y el estado de derecho? Ahora nos queremos hacer juristas de nuestra propia ley.
¿O es que siempre lo fuimos?
Pero cuando despierto, cuando me veo sometida a la razón de esta cabeza insoportable, me olvido del estado, de la ley, y me someto al imperio de lo que nos despabila del limbo.
Al imperio del contemplar. Donde el espíritu se eleva, se vuelve fuego, y el alma se dilata tanto que no entra no cabe.
No sé qué fase viene, supongo que la 4. Pero tengo una certeza.
Definimos limbo:
limbo.
(Del lat. limbus).
1. m. Lugar o seno donde, según la Biblia, estaban detenidas las almas de los santos y patriarcas antiguos esperando la redención del género humano.
2. m. Lugar adonde, según la doctrina tradicional cristiana, van las almas de quienes, antes del uso de la razón, mueren sin el bautismo.
3. m. Borde de una cosa, y especialmente orla o extremidad de la vestidura.
(otras)

La fase 3 no trajo de nuevo los altares, trajo egos; la redención ya no está en mirar y dialogar con la Cruz. Trajo escapismos azucarados que encontramos los mortales en algún que otro portal de internet.
Trajo almas errantes que van en la búsqueda de una felicidad tan exageradamente iluminada. Siempre que venga de la mano de alcohol en gel, un barbijo y distancia social. En el limbo la felicidad es terminar una serie, es ser fit, es cocinar muchas cosas, ser hábil y creativo para mantener en armonía mis chakras pero también la dinámica de los seres con los que convivo. A los que invariablemente solo eran escogidos de 6 a 9am y de 20 a 23pm.
En el limbo, no hay movimiento. Parálisis espiritual. Muerte.
En el limbo vivimos en ese filo agudo donde somos y no somos. Donde hemos perdido lo espontáneo de salir a dar gracias y derramar lágrimas de dicha.

Esta es mi certeza. Del limbo sólo se sale siendo hombres.
Haciendo lo más propio de nuestra majestuosa condición humana Imago Dei.
Del limbo se sale contemplando.
Y habitando el misterio.

Espero (el eufemismo de la cuarentena) que la fase que sea, me encuentre con el alma conmovida. Tanto que el encierro no signifique más que la apuesta renovadora a que la humanidad ya supo de limbos y también de redención.

viernes, 22 de mayo de 2020

Poesía fallida II

De aquel otoño
De te
De flores. De gozo.
Gozo visceral. Pues gozo profundo
Del corazón empachado
De la mente sumergida en un agua cristalina y sabia.
Del cuerpo mutando como los árboles
Volviéndose oro.
Muriendo un poco al febril verano.
Dejando atrás lo pasajero.
Esa alegría lacónica y pueril de los amores que trajo el océano
***
De aquel otoño
De lanas.
De manos envejecidas.
De las caricias rústicas que sólo surgen del impulso.
Del impulso sereno y que desborda.
De la mutación.
De esa piel que madura, en riqueza.
Dibujando raíces.
Soñando despierta.
***
Sonámbula de aquel otoño.
En el que leímos salvo el crepúsculo
Entre tejidos multicolor
Hasta que el suelo se agrietó
Y fue invierno.

lunes, 18 de mayo de 2020

Poesía fallida I

De esos momentos, donde mi casa se pone rosa. 
Al alma le pesan los segundos. 
Quisiera traer ese perfume a mate o a café. Quisiera que ese fuego de lo que se quema de fondo en la hora de las brujas se meta entre mis pies y me abrigue.
Porque anochece más temprano, al día ya le da pereza sonreír tanto. 
Y porque las estrellas se adueñan del firmamento. Precoces. 
Y se me escapa la poesía de los labios. O de la mente. 
Se apagan los árboles de otoño y tu ausencia se robó Mayo. 
Cuando mi casa se pone rosa y sabe un poco a tragedia. 
Melancolía que bien supo ser poética. Hoy es solo el hastío recurrente de lo incierto. O de lo único cierto. 
Que te extraño.

miércoles, 13 de mayo de 2020

CREO

{Este relato fue escrito originalmente el 28 de mayo de 2013.



Fruto de algún diálogo interno, de alguna lucha, frente al sagrario}
Creo. Susurro. Mi voz es la que susurra.
Creo Señor. Fe…
Creo a pesar del dolor, del agobio, del cansancio.
Enciendo mi voz subterránea, esa conexión que reflota muy de madrugada, o baja silenciosa por las noches en el sigilo de una vigilia inesperada.
Esta voz que recrea para mí, las más terribles penas, esta conciencia es la misma que continúa el trazo invisible de mis memorias.
CREE. Predica imperativa. Tú, miseria, cree. Cree porque has sido hecha para creer.
Tú humanidad, ¡cuestiónalo! Porque encontrarás respuestas. Tú, mujer de pocos amores, ¡exígele! Porque El es toda generosidad. Tú, desdichada, ¡cuéntale! Porque su promesa sanará tus heridas
¡grita voz interior! Que hay muchos ruidos en esta alma.
Dudás. Dudás porque has sido creada para creer y para pensar. Pero tu ímpetu te obliga a dudar, que arrogancia la tuya.
Gritás en duelo sigiloso y oscuro. Estás en soledad a pesa de que todos los orantes te acompañan.
Estás en soledad esperando casi agonizando. Casi mortecina tu mirada se arroja hacia el suelo.
No te eleves, te dice la voz, no te eleves porque eres demasiado poco para que tus ojos se encuentren con los suyos. Toda Magdalena querés creer en su perdón.
No pierdas el tiempo, dice, que los segundos viven y corren abrumadoramente casi a una velocidad translúcida. Y el mundo espera, tus deberes esperan, tus reuniones, tus trabajos, tus anhelos de hombre.
Yo misma me digo ¿qué hago? ¿Qué he hecho?
No te siento, no te entiendo, no te comprendo. Pero tu magnetismo me deslumbra. Es que eres magnífico.
¿Qué es lo que ves?
Pregunta con deliciosa maldad.
Veo silencio, veo oración, veo plegaria, veo mentes apagadas, veo abandono.
No mujer ¡¿qué es lo que ves?!
Eleva tu mirada hacia el misterio, hacia el milagro, hacia el Acto puro, hacia tu Dios.
Elévate que pronto, y en silencio toda su divinidad se hará visible, palpable. Elévate que te estuvo esperando, que pide le cuestiones, que le exijas, que le cuentes, que lo ames.
Estuvo ahí, Trinitario, desde siempre, siendo puro amor, siendo pura entrega, siendo todo cruz, toda esperanza.
Eleva los ojos y encuétrate. Encuéntralo en tu inquietud, corazón, has sido hecho para la gloria.
No te conformes, inquietud, ¡busca! Que aún no dimensionas a tu Dios.
Se calla la voz. Se vuelve plegaria.
Sal Señor, digo, sal de tu morada porque me hiciste para Vos, y mi corazón está inquieto, hasta que descanse en Vos.
No tengas miedo me dijiste, y nada me turba.
Ya no hay tiempo, somos sólo vos y yo. Y te desplazas majestuoso al encuentro con mi humanidad hecha polvo y esperándote.
Porque aquí me tienes, deshecha y en soledad, comprendiendo con todos los sentidos, amando con el alma toda, y adorando al que todo lo redime y todo lo transforma.
Creo, susurro al Cristo Eucaristía, ¡pero aumenta mi fe!

domingo, 3 de mayo de 2020

Microrrelato de cuarentena

Seducido por la textura de su integridad, la firmeza de su cuerpo.
Curvas y contracurvas.
La perfecta redondez de algunos vértices.
Percibe ya mas de cerca a su boca el perfume tan único. Fuerte, demoledor, exitante. Sensual. Se le hace irresistible controlar su instinto.
Y la posee. La hace suya. La devora con devoción. Siente que es escasa. Que hace tanto que la anhela.
Se sumerge en un extasis único. Aprieta su cuerpo contra el paladar y explota.
Fusión de su humanidad, han dejado de ser dos.
Y ella explora toda su boca, deambula dejando rastros de su existencia. Saboreando también su propia entrega.
Se deja poseer. Casi que sin opción. Va deshaciéndose.
Y cuándo esta marea ácida de placer ya no queda. La traga.

Se comió un mogul extreme en plena cuarentena.

sábado, 25 de abril de 2020

Microrrelato de Cuarentena


Ese sábado gris, despierta, con el movimiento aletargado de una rutina mezclada, interminable, incierta.
No llega a despabilarse, pero se mueve. De desplaza con la torpeza espasmódica de un púber.
El día sin tiempo porque cuando llueve se mezclan las horas y las mañanas son una noche eterna. En suspensión.
Como la sensación que abriga tu alma. Suspenso. Parálisis.
¿y si paralizamos el ruido? ¿Si detenemos las gotas de agua redondas que bajan con ira sobre la tierra? ¿Si suspendemos los deberes un segundo y abrazamos esta condición de sueño?
Entonces la respiración va pausándose. Te da vergüenza quebrar la atmósfera con tu existencia.
Y la mirada sabatina se detiene, y atraviesa los deberes pixelados del agobio. Esa pasión tan cercana al hastío hoy.
Se te escapa el cuerpo, se moja cosquilleante por la garúa. Bella tormenta quien hubiera dicho calma.
Y el espíritu se zambulle entre los majestuosos gigantes otoñales que se han levantado mientras no te dabas cuenta, porque suspendiste.
Suspendiste el alma y nos los viste. Brotar.
...
Que dicha con la que se despierta ese sábado gris que puso en suspenso todo. Menos la contemplación. De la creación.

lunes, 13 de abril de 2020

microrrelato de cuarentena

Desplegando. Tus alas
Desplegandote. A veces lento. A veces intempestivo y tormentosamente emocional. Cómo si el árbol estirara sus ramas endurecidas de invierno. Pues ha llegado la primavera.
En ese movimiento íntimo de comunión.
De fusión.
Dónde tú isla se habita.
Dónde el latido se multiplica.
Dónde la respiración se acompasa. 
Dónde la paz. 
Y tú cuerpo abandona su soledad.
La escena es magnífica. 
Los límites se nublan. 
Lo desplegado se vuelve redondo y circular. Porque sus brazos te rodean.
Te envuelven. Cuna de protección.  Nido refugio. 
¿dónde estás que ya no te veo? 
Es que solo veo a una sola.
Madre y su abrazo.
Eterno.

jueves, 9 de abril de 2020

Aquella noche

La noche llena de romances hoy tenebrosa y espesa. Manto aterciopelado con el que reviste sus vanidades.
Olor de abandono deambulando por las calles de la festiva ciudad.
Silencio de tumba.
Esa noche embriagada de sus bajezas. Borracha de soberbia y ambiciones.
Se burlaba sensual de tu soledad. De sus miedos. Susurraba bífida: te han abandonado. Las ovejas que rescataste te han abandonado.
El susurro se vuelve eco y retumba entre todas esas puertas cerradas.
Selladas.
La noche se ríe a carcajadas desplegando todo su pecaminoso misterio.
La desborda la ansiedad y se iluminan con intensidad los luceros.
Goza, la noche. Se regodea maliciosa con el escenario paupérrimo y patético del abandono.
Tiembla, noche emocional y exitada. Se la escucha exclamar el grito e irrumpe cínicamente: ¡Te han abandonado! Promesa de Vida les has dado tanto y tanto aún más hoy, y ellos se han escondido.
Chilla la noche y gime escandalosa por qué no contiene su emoción.
Cuál soberana se despliega envolviendo en su avinagrada penumbra al Misterio. 
Lo abraza y le acompaña el paso. De a ratos se revuelve nerviosa y suelta un alarido de victoria.
Clama sensual aquella noche celebrando el abandono, el miedo, la infidelidad y el desamor.
Pero este festival de dolor cesa. Se paraliza a las sombras y sus gritos de siniestra celebración. Tenebroso manto soberbio en tenso silencio se ha quedado sin aliento. Sus fauces no exhalan.
Se ha muerto su burla y ya no escupe risotadas viscerales. 
La noche llena de romances.
La noche más escandalosa.
La noche y el Misterio.
Perdió su condición de nigérrima frente a un corazón frágil que encendió una vela. 
Y espera.
En heroica vigilia.
Y acompaña, a Aquel que han abandonado.


viernes, 3 de abril de 2020

Crónicas rotas XXXIII



Era temprano. Tarde para ella.
Quería jugar. O hacer letras, depende, pues había descubierto una faceta increíblemente fantástica detrás de ese abc 
Ahora sabía escribir (algunas cosas) y le divertían los mundos que podría crear sabiendo escribir.
Convengamos que sus dibujos ahora tenían otra mística. Tenían letras, claro.
No se acordaba bien porque tenía que estar allí, pero la idea le parecía magnífica. De vez en cuando se acordaba de la seño, pero volvía a su universo sabiendo que la respuesta iba a ser la misma: hoy no se puede ir al jardín. Tal vez la semana que viene.
Eso la llenaba. 
Lo que no estaba lleno era su panza.
Avena, leche, tostadas, alguna fruta. ¿Habrá algo dulce?
Lo magnífico de estos días era que podía vestirse ella. Ser todo lo multifacética que interiormente era y expresarlo en el arte del fast fashion del placard de mamá. 
Surgían universos y galaxias detrás de sus diversos atuendos.
Unas sedas, unas perlas, unas coronas un rodete apresurado y zapatitos de cristal. O no. Mejor unas zapas para estar cómoda.
Iba correteando por el pasillo mientras de seguro se levantaba la muralla china y ella era Mulan, o quizás la perseguía Úrsula y ella iba al rescate de su bien amado Eric.
Se acomodó un mechón rebelde detrás de su tiara.
Y salió al balcón.
No se trataba de ninguna Julieta ni de poemas recitados por ningún Romeo. No.
Cruzando la habitualmente ruidosa calle había otro edificio, y claro, otro balcón.
Pero hoy la calle estaba dormida y cruzando había un puente. 
Y del otro lado había un amigo. 
Gritos de batallas imaginarias, concurso de pelucas, hora de tomar el té, instrumentos y música, conciertos a duo y charlitas de lo más delirantes.
Ese día, como todos los días, le tocaba el baño y a su vecino hacer ejercicio.
De dispararon unas bombitas de colores con bazookas hechas de Legos y cada uno rumbio cantando bajito a su hogar. 
¿O es qué la calle era su plaza de juegos?
No lo sé. No se hizo muchas preguntas porque ya era medio de noche y le tocaba una batalla submarina antes de comer.
Así, pelos desordenados, pijama suavecito de algodón, ella y su lunar de luna esperaban el sueño de cada día.
Para que fuera temprano, para que pudiera aprender y jugar. Para que expresará su amor en caóticos besos virtuales de llamadita express. 
Y para que su corazón inmenso tejiera puentes de arcoiris hacia los balcones que quisieran recibir su magia.

Porque si algo le sobraba era imaginación.
Y amor.


{Inspirado en la infantil cuarentena feliz de mi sobrina en los balcones de Palermo}

 

martes, 24 de marzo de 2020

Microrrelato de cuarentena

Se asomaba lentamente la noche sumergida ya en un eterno sopor. Estaba cansada del silencio del mundo.
Las estrellas presumidas de su natural ambientación para el amor y la celebración contemplan anonadadas el mutismo voluntario. Obligatorio para algunos.
Y mientras el firmamento se tiñe de ese embrujado naranja rosado, brotan cual suculenta de balcón, aquellos seres humanos. Brotan de sus cavernas. Aspiran el oxigeno que definitivamente es más puro que ayer.
Surgen como conquistadores de aquellos terrenos baldíos y olvidados. Pero que hoy, ai hoy querido lector, son el terreno más deseado, la fruta bomba del caribe. Son el dorado en medio de tanta jungla.
Va cayendo la hora de las brujas y el balcón y la terraza se resignifican. Pues cuarentena obligatoria hace de ese metro y medio propio, o del tres por tres comunitario; el lugar para el amor, la poesía y por qué no, la copa de vino.

domingo, 22 de marzo de 2020

La Rebelión

La Rebelión

Si bien empiezo esta pseudo reflexión que vengo masticando hace dos, tres o cuatro días, entiendo que es sólo un borrador de las múltiples oportunidades que me va a dar el tiempo (o este sin tiempo) para reescribir, repensar, recordar.
Miraba ayer el fenómeno singular de una ciudad que dice que está vacía. Escuchaba esa tan promovida solidaridad común que parece que tenemos los Argentinos al tono de cancha celebrando que la cuarentena la hacemos todos y no sé cuántas cosas más hacemos todos.
Me vi un poco sumergida en esa angustia de los primeros momentos de silencio, como cuando se derrumba algo, cuando empezás las vacaciones y tenés tanto tiempo que irremediablemente no sabes qué hacer, esa sensación de vacío tenebroso que hacen las turbinas de un avión antes del despegue.
Escuché y sentí todos esos vacíos vividos y también los imaginarios. Y también me abrumé. Me abrumó esta tarea nueva desconocida que me ordenaba imperativamente volverme un ser inmediato, practicar la bilocación que solo habilitan los tiempos virtuales, y romper con las barreras del respeto a los tiempos de cada uno. Pues claro, no hay tiempo en el limbo en el que ahora estamos sumergidos.
Y ante todo, en el paradójico silencio de esta ciudad revoltosa que parece que se paralizó en una tarde de domingo de sol, empecé a escucharme.
Escuche el mundo que habito. Y me pregunté por ese deshabitar obligatorio. Chequie las redes, la tele, el teléfono, los mails. La marea imparable de frenar con lo evidente: estamos obligados a habitarnos. Estamos, de una manera cómica y tenebrosa a la vez, obligados a habitar nuestros corazones, nuestros afectos, nuestro pensar y sentir. ¡qué miedo tenés hombre moderno de habitarte! Qué pánico ten genera ver tu casa, sentir tu hogar. Con vivir. Vivir con.
Y no solo me trajo lo evidente, este tsunami de hiperactividad donde todo se acompaña de un #CuarentenaTime, viene a recordarnos que solo somos negocio. Producto. Consumo. Especie en constante construcción porque se aburre de saberse persona.
Y surge espontáneamente y sin planificación ni horario: el ocio. La contemplación. El silencio mirándonos divertido esperando que nuestro yo más productivo derrame lágrimas de aburrimiento social.
Ciertamente aquello que se paraliza se muere. Ciertamente la quietud mata al hombre.
Y de manera singular, la productividad está logrando que desaparezca lo naturalmente humano: reflexionar.
El asombro, la maravilla de esa quietud que sólo puede producir lo que ninguna máquina puede: ideas. El asombro frente a lo sencillo. La conmoción de quien contempla. Los intentos fallidos y válidos de contemplar el misterio. Y de buscar, corazón inquieto, la Verdad.
Nada de todo ese ruido de Hashtag nos va a llevar a la rebelión más magnífica que se nos plantea hoy. La lucha en contra de este sistema. De esta opresión que nos vulnera y nos vuelve autómatas esclavos de un horario, de un tiempo, de una entrega. Del negocio.
¿cómo pretendemos tener amor si no pensamos en el? ¿cómo vamos a pretender la práctica del espíritu, el encuentro personal cuando somos incapaces de conocer al otro con la disposición de nuestro intelecto? ¿Cómo pretenderemos encontrar la luz de la verdad entre tanto mensaje ruidosamente oscuro?
Ante estas estructuras que parecen hoy frágiles y volátiles debe emerger la revolución del ocio, de la contemplación, del habitar en comunión con el espíritu. La revolución de la Verdad y la Belleza. Nunca más comprensibles las palabras de Benedicto: “El encuentro con la belleza puede ser el dardo que alcanza el alma e, hiriéndola, le abre los ojos, hasta el punto de que entonces el alma, a partir de la experiencia, halla criterios de juicio y también capacidad para valorar correctamente los argumentos.” Es que este encuentro, este habitar, resulta doloroso.
Seremos verdaderos hombres cuando asumamos la contemplación como el acto de encuentro y amor hacia la Verdad.
A la espera de esta rebelión de los hombres del ocio. A la espera de esta contra marea de la hiperproductividad. A la espera de que se enciendan velas en los altares donde se contempla la belleza que no tiene fin. Y el Milagro más grande.
Es que, si no hay tiempo para el silencio, jamás habrá Amor, Verdad y Belleza.
A la espera de esta rebelión, sometemos este tiempo.
Esperando, contra toda esperanza.

martes, 25 de febrero de 2020

Microrrelato de una vida rosa

Es muy sencillo distinguirlo entre la multitud de transeúntes, solo es necesario agudizar la mirada. Escrutar entre los simples e insípidos caminantes. 
Se trata de un arte. Instintivo y aprendido porque bien puede resultar en un insano acumulamiento de escombros. 
Nadie quiere vivir en una marea de caos. Kosovo.
El límite, entre vivir explotado como si hubiera una bomba atómica o vivir imaginando, titanes de la reconstrucción; es muy y extremadamente delgado.
Y como ya dije, es un arte.
El arte de imaginar.
El arte de la ilusión.
El arte de la reconstrucción.
El arte del linyera moderno. Y no tanto.
Con ese ojo agudo, verás, es muy sencillo. 
En sus apariencias externas es prolijo, pulcro pero no enfatiza en estas cuestiones estéticas más que lo necesario. 
Lo importante es que su identidad más profundamente secreta no se devele aún.
Va el, con un paso aletargado, despreocupado, semiflotando y balanceando sus brazos en música de aburrimiento. Esconde, se camufla, camaleónicamente entre el paisaje urbano sin develar su auténtica identidad y sus planes más subterráneos.
Y sin que lo esperes, en un movimiento seco, rápido y furtivo el cazador de basura se lleva consigo los restos de la historia de alguien. Restos olvidados, sombríos y sin alma. Cadáveres de algún hogar que sucumbió frente al movimiento estéril de lo moderno. O que tal vez mutó. O renació.
En esa suerte de morgue porteña, el ha descubierto el amor. Y su velocidad creativa  encuentra en la carne desechada muebles, bibliotecas, estantes de historias nuevas. De hogares, de ilusiones.
Es muy sencillo ahora. Sólo hace falta reconocerlo. 
De ser así, no te atrevas a delatarlo.
En el ecosistema de lo rutinario, este personaje es vital. 
Da vida nueva a los escombros.
Es arquitecto de ilusiones nuevas.

viernes, 7 de febrero de 2020

Crónicas rotas XXXII

Ai. Tengo las manos transpiradas.
Me duele el cuello. Bueno. Relájate.
Ya se va a pasar. Esto siempre pasa. A veces en peores circunstancias y todo va a estar bien. No son tan imprudentes.
Leo. O me hago la que leo.
Consulto alguna cosa en internet. Me insta distraigo. Un poco.
Repasó los rituales. Está vez se ve que estaba desconcentrada, me olvidé hojitas de buen gramaje y los auriculares. 
Todos se agolpan frente al mostrador y a la pobre chica le tiemblan las pupilas y su sonrisa balbucea respuestas. Inútiles porque en realidad yo sé que dependemos de la creación. Siempre lo hacemos. Solo que hoy la madre natura dice 'otros tiempos'.
Todo gris. De repente retumba un estruendo seguido de un latigazo de luz al cielo. Ah sí. Se picó.
Todos hicimos silencio. Algún corazón se hizo hielo. Y alguna porción del lugar sufrió un pequeño infarto.
Titánico cielo, estaba ahí medio prepotente medio estallado de risa. Vení, mosca de lata, atrévete a cruzar.
Rituales de la tripulación. 
Rituales de mi corazón.
Le pusieron una espera interesante. Por qué la trama necesitaba un suspenso más.
La latita se mueve, se desliza, dobla, esa curvita famosa antes de poner todo en llamas y desafiar. Al Titán.
Yo contento un poco el aliento por qué la verdad es que no es la primera vez. Y es el único momento que tal vez algún músculo de mi cuerpo disfruta. 
Silencio.
Fuego.
Despegue.
Carnaval entre las nubes.
Se le cuelgan de las alas unas telarañas de algodón gris, pero la velocidad las desarma, el cielo se pone blanco impoluto y aparece de fondo una luz que se esfuerza por aparecer. Cómo si fuera un telón. O como si fuera un océano y la mosca metálica un diestro pez a contra corriente en busca del claro del sol.
Y eleva la trompa, las aletas se sacuden el agua nubosa y se despliega un espectáculo magnífico; entre los árboles que aún se ven,  los charcos de tormenta, algunas montañas imaginarias iluminadas por un febo que siempre estuvo ahí, medio dormido.
Y un celeste que realmente es sacado de un cuento de hadas.
El relato del vuelo es exactamente el habitual, turbulencias por el apuro low cost que apenas considera a los que trasladan, pues le hacen honor a su barato con lo de ágil.
Entre medio de tanto movimiento yo suelo preguntarme qué locuras a veces uno hace por amor.
Y bueno. Volar en medio de tormenta eléctrica ya está en mi lista, por si me faltaba.



miércoles, 15 de enero de 2020

crónicas rotas XXXI

Venía tambaleándose con el peso de su propia existencia en algún furgón del tren. Mitre. ramal Tigre.
Venía deshaciéndose de cansancio. Era enero pero esta humanidad le pesaba como lingotes de cemento. De cal.
Decidió seguir su instinto más primitivo de supervivencia y dejarse ir.
Cerró los ojos y hubo un silencio. Abrumador y consolador a la vez. 
Era ella misma, no representaba a nadie más. Era su olor, su carne, sus manos, su peso. Su alma.
Siguiendo esa palpitación le siguió el juego a las circunstancias. Tomó las riendas de este cuerpo suyo pero no real y se sentó. A charlar.
Verborragia sin tapujos. Lo que siempre le costó pero que ella lograba hacer nacer. No tuvo intenciones de evadir. La respuesta no fue “estoy cansada”. Fluía.
Se fue desarmando en el sentido más metafórico. Fue despojándose de sus armas. ¿para qué las necesitaba en ese mano a mano?
Sin pausas y respirando inmensas bocanadas de un oxígeno irreal hizo un silencio.
saboreó ese cafecito tan de una esquina rodeando la Plaza nueve de julio.
Sonrió con esa media sonrisa que suele hacerse eco en el pasado.
Se miraron y se encontró a sí misma desnuda, despojada, un poco rota. Bastante rota. Sonriendo.
Creyó escuchar alguna palabra. Creyó sentir su aliento. Se le mezcló con la voz eléctrica y vacía que anunciaba la estación Vicente López.
Automáticamente se puso de pie, se le borró la expresión. Vacío. El escenario iba corrompiéndose y caía ante las leyes de la gravedad en una grieta que nunca antes había estado ahí. Caían torpemente dejando tras de sí ni el rastro de su existencia. De nuevo hubo un silencio. Abrumador.
Apretó los ojos y sus pestañas se abrazaron.
Antes de romper el juego sintió que la envolvía con sus flacos brazos. Sintió que sin haberle dicho nada, sus ojos le habían dado lo que necesitaba. Hizo fuerza, con el alma y con el cuerpo. Contuvo la respiración, sus ojos se arrugaron más, la bici casi se le cae por querer detener el abrazo.
Abrió los ojos porque alguien le pidió permiso. Y ya estaba en Rivadavia.
Se acomodó para bajar. En posición mirando a la puerta, un poco al medio pero sin apuro, no iba a necesitar pedir permiso.
El sopor del tren le dio un escalofrío. Se acordó que era enero.
Antes de irse. Fugaz. se sonrió.



A veces, su falta de sueño le juega malas pasadas. 
O a veces tiene el privilegio de soñar despierta.
De soñar que se toman un café y charlan. De lo que charlan las madres con sus hijas.